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Bankia: Manual para asaltar un banco... desde dentro

Los peritos del Banco de España detallan una mecánica diseñada para ocultar las pérdidas y exagerar las ganancias. Se valoró el suelo y el crédito inmobiliario a precios de boom pese a que ya había estallado la burbuja. Rato afirma que no hubo posibilidad de defraudar pero las acusaciones periciales amenazan no sólo al banco sino también al entorno político.

El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato y el exvicepresidente de Bankia, José Luis Olivas
El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato y el exvicepresidente de Bankia, José Luis Olivas EFE

Bankia desplegó en el año 2011 una campaña publicitaria con la que convenció a 347.000 clientes e inversores para “hacerse bankeros” a partir de 1.000 euros. “Juntos haremos la nueva banca” prometía la campaña de Publicis cuando el 20 de julio de 2011 salió a bolsa el 55% de Bankia a un precio de 3,75 euros por acción. Efectivamente así fue y cuatro años después la entidad hizo lo que ningún banco en España: necesitar 22.424 millones de euros para su rescate, dejar a sus inversores con títulos sin ningún valor y provocar la denuncia que dos peritos del Banco de España han entregado al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu en el que ya es uno de los informes de supervisión más duros de la historia de España.

Lo que los inspectores del regulador dibujan es un auténtico manual para saquear una entidad desde dentro que consiste, básicamente, en cerrar los ojos ante las pérdidas y en exagerar las ganancias buscando, cuando la situación no se sostiene más tiempo, paganos entre los preferentistas y accionistas a los que se vende una entidad en quiebra disfrazada de gran banca. No hubo una mala gestión sino un ocultamiento de la realidad, concluyen esos expertos que afirman que “la documentación examinada pone de manifiesto que el Grupo Banco Financiero y de Ahorros tenía información suficiente, relevante para establecer la correcta valoración de los activos a 31 de diciembre de 2010”. Para simular ganancias, los peritos del Banco de España detectan tres estrategias centrales:

  • Sobrevaloración de activos inmobiliarios: Después de la explosión de la burbuja, Bankia siguió contabilizando sus activos como si todavía estuvieran en pleno boom. A inmuebles que ya no valían nada les atribuyó un valor de 544 millones de euros.
  • Sobrevaloración de contratos y carteras bursátiles: Con los mercados en retroceso, la entidad ignoró algunos de los contratos de cobertura a los que tenía que hacer frente y sobrevaloró las carteras bursátiles de que disponía ignorando un agujero de 1.306 millones en ese terreno.
  • Exageración de ingresos: Por último, se exageraron los ingresos. Bankia se anotó 2.778 millones de ingresos por créditos fiscales que no le correspondían y que inflaron su balance en algo más de 1.500 millones de euros.

El resultado final es que los 3.092 millones invertidos en la salida a bolsa desaparecieron porque Bankia sumaba entonces un desfase contable que superaba los 4.500 millones, según los peritos del BdE, “unas cifras que no se pudieron producir en 2011”, concluyen y que –por tanto—implican la responsabilidad no sólo al equipo de Rodrigo Rato sino también al de su antecesor, Miguel Blesa. Rato se ha defendido asegurando que “No había ninguna intención de engañar y no había ninguna posibilidad de engañar. No estábamos actuando en solitario”, zanjaba.

El problema tanto de ese argumento como de la denuncia es que su alcance va mucho más allá del consejo de administración de la entidad e implica a buena parte del sistema financiero, regulatorio y de partidos español. La entidad se ha convertido en el símbolo de cajas que se movían con criterios políticos, concesiones de créditos a amigos que se aprobaban antes de que se analizaran sus riesgos y faltas de control absolutas que salpican a los presuntos reguladores como la CNMV o el Banco de España que permitieron a la entidad salir a bolsa sin detectar un agujero de 3.092 millones de euros.

La doble negligencia del Banco de España

El Banco de España estaba obligado a revisar por partida doble las cuentas de Bankia. Primero, porque la entidad había sido ya objeto de escrutinio el 30 de julio de 2010, cuando siete cajas (Caja Madrid, Bancaja, Caja Insular de Canarias, Caja Ávila, Caixa d’Estalvis Laietana, Caja Segovia y Caja La Rioja) se fusionaron. Ya en ese momento, advierten los peritos del Banco de España, “entidades como Bancaja arrastraban operaciones inmobiliarias sin contabilizar por importe de 578 millones de euros (…) convirtiendo el resultado consolidado del ejercicio de 13,4 millones de beneficios en pérdidas de 100,74 millones”. Pese a la fusión, nada detectó el regulador encargado de velar por la solvencia de las entidades.

Su segunda negligencia llegó con la salida a bolsa. Tampoco entonces denunció ninguna irregularidad ni detectó ningún error en la formulación de las cuentas ni en la valoración de los activos en lo que UPyD considera una “colaboración por omisión” que llevará a los tribunales.  

Pero el Banco de España ha actuado por tercera vez para rematar su trayectoria. Consciente de que los dos informes que han presentado los peritos del Banco de España pueden ser auto-inculpatorios pues reflejan la falta de controles, se ha apresurado a denunciar en un comunicado que los informes de sus dos empleados “expresan exclusivamente la opinión de sus autores, sin que puedan, por ello, atribuirse al Banco de España sus criterios o conclusiones”. La maniobra pretende ser exculpatoria y refleja un afán de esquivar problemas en lugar de solucionarlos, obviando que el juez Andreu no reclama expertos contables sino miembros del BdE.

La CNMV también salpicada

La CNMV también ha quedado salpicada por su falta de diligencia. El regulador bursátil tiene obligación de revisar que los términos de la oferta son correctos y oficialmente suele considerar que eso significa supervisar técnicamente los tramos y repartos de acciones sin entrar en la valoración de los activos. Esa misma excusa se ha utilizado con infinidad de compañías dentro y fuera de su perímetro de control como Gowex en lo que ya es una excusa recurrente que vuelve a plantear la utilidad de un regulador que sólo regula tras las quiebras y de un vigilante del mercado al que no se recuerda haber atajado ninguna crisis.

Igualmente queda en jaque un auditor, Deloitte, que hoy sigue operando sin restricciones como supervisor de cuentas de las principales entidades bancarias del país.

La complicidad de los partidos políticos

La cadena de responsabilidades se eleva hasta un poder legislativo representado por prácticamente todos los partidos políticos. Las mimas formaciones que ahora claman contra Rodrigo Rato y su equipo son las que se beneficiaron de créditos preferentes y de salarios de privilegio. CajaMadrid concedió a FAES 1,7 millones de euros en donativos. También el caso de la caja valenciana integrada en Bankia volvió a ser significativo: sus ejecutivos simularon beneficios para poder repartirse un bonus de 1,3 millones de euros y dividendos por valor de 44 millones que no habrían podido cobrar si la entidad registrara oficialmente las pérdidas que sufría. A ese festín se sentaron todas las formaciones políticas: desde los más afines al PP que ahora callan hasta el mismo PSOE que este martes pedirá una comisión de investigación parlamentaria y que pretende preguntar a De Guindos sobre el informe, que señala que vio cómo Antoni Asunción, ex ministro del Partido Socialista, recibía “créditos en operaciones carentes de racionalidad económica que lesionaban los intereses y el patrimonio de la entidad”. La mancha se extiende incluso a nuevas formaciones puesto que Asunción es hoy representante de Ciudadanos.


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