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Los cardiólogos advierten: un DEA a bordo evitaría el 65% de las muertes súbitas en aviones

Tras la muerte de una ciudadana británica en un vuelo de Ryanair con destino Lanzarote, el debate ha vuelto entre los profesionales. No hay ninguna ley internacional que obligue su incorporación, pero el uso del DEA evita la muerte en el 65% de las paradas cardiorrespiratorias. Sin él, el porcentaje de éxito se reduce al 4%.

Los servicios médicos atienden a un pasajero tras tomar tierra y no llevar un DEA a bordo
Los servicios médicos atienden a un pasajero tras tomar tierra y no llevar un DEA a bordo S. Vega

Los vacíos legales en determinadas prácticas de los quehaceres humanos se convierten continuamente en tema de debate y controversia, sobre todo cuando la problemática vuelve a resurgir y aparecen críticas provenientes de expertos en la materia. Es el caso de la incorporación del Desfibrilador Externo Automático, profesionalmente conocido como DEA, en los aviones comerciales de pasajeros para evitar las muertes por paradas cardiorrespiratorias a bordo. Esta cuestión ha saltado a la palestra tras la muerte de una mujer británica de forma repentina en pleno vuelvo de Ryanair.

El hecho se remonta a noviembre de 2014, cuando Davina Tavener -de 47 años- viajaba a la isla de Lanzarote junto a su marido con motivo de un desplazamiento vacacional. Tres horas después del inicio del vuelo, Tavener se dirigió al baño de la aeronave y, tras varios minutos de ausencia, su marido alertó a la tripulación de que su esposa tardaba más de lo habitual. En ese momento, miembros del personal hallaron a la mujer sin pulso y tendida en el suelo del servicio del avión.

Un cirujano, que por casualidad se encontraba a bordo del avión de Ryanair, acudió en su ayuda y requirió un desfibrilador a las azafatas al percatarse de que la pasajera había sufrido un problema cardiaco. El médico admitió “sentirse sorprendido” cuando los tripulantes le dijeron que no había ningún DEA en el vuelo. No obstante, sí confirmó que los miembros de la tripulación siguieron todos los protocolos de seguridad ante un caso de emergencia: “Es difícil saber si con un equipo podría haberla asistido porque fue en un periodo de entre cinco o diez minutos”.

Después del incidente, el avión continuó su trayecto hasta el archipiélago canario. Una vez en Lanzarote la mujer fue trasladada al hospital, donde minutos después los médicos confirmaron que el fallecimiento había sido causado por una afección cardiaca que no estaba diagnosticada.

No hay obligación de incorporarlo

En Europa no es obligatorio llevar un desfibrilador en cada avión. La normativa únicamente establece que los aviones tienen que estar equipados con un botiquín de Primeros Auxilios (First Aid Kit o FAK), que puede ser utilizado por los auxiliares y el pasaje. Además, la tripulación tiene que estar capacitada en materia de primeros auxilios para socorrer cualquier incidencia durante el desplazamiento.

Por otro lado, la norma indica que las aeronaves con más de 30 asientos también tienen que incorporar un botiquín médico para emergencias, cuando cualquier punto de la ruta prevista se encuentre a más de 60 minutos de un aeropuerto en el que pueda esperarse recibir asistencia médica cualificada. Es el denominado Emergency Medical Kit (EMK). El contenido de este lote médico tiene  que utilizarlo un doctor y no la tripulación, a excepción de las pastillas orales que pueden ser suministradas por los auxiliares de vuelo a solicitud del pasajero.

Pullmantur y Privilege Style ya los han incorporado en los aviones con destino a Arabia Saudí, donde su uso es obligado

Aunque el uso del desfibrilador no es imperativo, las compañías aéreas pueden incluirlo, pero para ello  el operador deberá ajustar sus procedimientos -al tratarse de un dispositivo electrónico- y tendrá que realizar un estudio de análisis de riesgos, debido a que el equipo puede interferir en el funcionamiento del avión. Asimismo, la tripulación debe haber realizado un entrenamiento específico para su utilización. No obstante, hay compañías como Pullmantur Air o Privilege Style que los incorporan en sus aeronaves para volar a suelo saudí por el propio reglamento de ese país.

Tras el incidente de Lanzarote, Ryanair aseguró que cumple con todos los requisitos reglamentarios en materia de asistencia médica en sus vuelos, ya que no tiene obligación legal de llevar desfibriladores a bordo: "Todo nuestro personal está entrenado en asistencia de primeros auxilios y es responsable de la seguridad y protección en cabina. En el caso de producirse un incidente durante el viaje que requiera intervención médica, nuestra tripulación se dirige al aeropuerto más cercano y solicita asistencia médica antes de aterrizar".

Evita el 65% de las muertes

Los Desfibriladores Externos Automáticos (DEA) son aparatos que llevan funcionando desde el año 2001 y han demostrado su eficacia en multitud de escenarios, entre ellos los aviones. Su uso es muy rápido y eficaz, por ello se utiliza en centros comerciales, aeropuertos y grandes eventos deportivos. En 2008, America Airlines fue la primera compañía en incorporarlos a toda su flota exponiendo que son herramientas seguras que consiguen salvar vidas.

La muerte súbita en España deja 30.000 fallecidos al año, diez veces más que los accidentes de tráfico

El secretario general de la Fundación Española del Corazón (FEC), Ignacio Fernández Lozano, aboga por su función obligatoria en sitios públicos, como lo es el avión, y reconoce que en España es muy complicado establecerlos por el vacío legal que existe: “Hemos realizado muchas campañas para intentar de implantarlos y pretendemos concienciar de la importancia de la muerte súbita, que deja en nuestro país alrededor de 30.000 muertos al año -diez veces más que los fallecidos por accidentes de tráfico-. Sin embargo, con los accidentes de tráfico sí que hemos hecho mucho y por la muerte súbita hacemos poquísimo”.

Una de las mayores disculpas que ponen las aerolíneas para no instalarlos es su precio. En los últimos años se han multiplicado las compañías low cost y las convencionales han reducido notablemente sus plantillas. Pero esto no es una excusa para el secretario de la FEC: “Un DEA cuesta alrededor de 1.000 euros. Este precio se puede aminorar si se compran todos los necesarios para equipar una flota”. Aunque, una vez instalado, en España existiría el problema de las diferentes legislaciones promulgadas por las comunidades autónomas. Estas permiten o prohíben su uso dependiendo de la región en la que tome tierra el avión. La eficacia del DEA aumenta en lugares públicos. “Si sufres una parada cardiorrespiratoria mientras estás solo en casa, lo más probable es que fallezcas”, advierte Fernández. En cambio, el avión es un medio de transporte en el que siempre van más pasajeros a bordo: “Cualquier persona puede ver que te caes y si hay un desfibrilador a mano, te pueden salvar la vida en 32 segundos”. En estas condiciones el 65% de las paradas cardiorrespiratorias acaba con final feliz, mientras que sin incorporar el aparato suelen sobrevivir un 4% de los casos. Una diferencia considerable, a juicio del doctor Fernández.

El debate está abierto y su vacío legal provoca que las interpretaciones sean muy personales. En este sentido, la Fundación Española del Corazón cree que la solución pasa por tomar consciencia del problema y confeccionar un plan común nacional. Para ellos, dicho plan tiene que incidir en la formación del personal en reanimación cardiopulmonar (RCP), promover la instalación de desfibriladores a bordo y la elaboración de una ley conjunta para todo el territorio español.


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