Inesperadas consecuencias de la 'internacionalización' del proceso

Insólita tormenta entre el Cuerpo Consular acreditado en Barcelona a cuenta de la presión soberanista

El empeño en 'internacionalizar' el proceso soberanista de Artur Mas ha abierto un conflicto en el Cuerpo Consular acreditado en Barcelona. Una sorda tormenta diplomática de impredecibles consecuencias.

Artur Mas, presidente de la Generalitat
Artur Mas, presidente de la Generalitat EFE

La obsesión de Artur Mas por 'internacionalizar' su proyecto soberanista produce turbulencias inesperadas. Una de ellas ha sido el conflicto vivido en el seno del cuerpo consular acreditado en la Ciudad Condal, que en las últimas semanas ha vivido momentos de tensiones internas sin que apenas hayan trascendido a la opinión pública.

El Comité Ejecutivo del centenar de cónsules acreditados en la capital catalana rechazó hace unos días la invitación formal para reunirse con los responsables de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y el Consejo Asesor para la Transición Nacional (CATN), Carme Forcadell y Carles Viver, respectivamente, considerados los líderes 'civiles' del proyecto secesionista que impulsan CiU y ERC. Este comité está presidido por el cónsul del Reino Unido, Andrew Gwatkin, quien, tras sondear oportunamente a sus homólogos, decidió rechazar la invitación por considerarla inadecuada.

Muestras de malestar

Este rechazo ha dado lugar a una serie de movimientos internos dentro de la familia consular. Tan sólo una treintena del centenar de cónsules en Barcelona son diplomáticos de carrera mientras que el resto son, mayoritariamente, representantes de la sociedad civil catalana y en buena parte, sensibles a los planteamientos soberanistas. El rechazo frontal al encuentro con los emisarios de Mas ha producido un malestar entre los cónsules, hasta el punto de que algunos de ellos han hecho llegar su queja o su rechazo por esta actitud, según han manifestado a este periódico.

No hay que olvidar que la Generalitat ha puesto en marcha un plan para implicar a los inmigrantes en su proceso secesionista, mediante el denominado 'Plan de ciudadanía y de las migraciones' cuya primera etapa consiste en 'sensibilizar' a este colectivo hacia la denominada 'transición nacional' que abandera CiU. La colaboración del cuerpo consular en este proyecto es de suma importancia para el Gobierno catalán, que ya actúa con intensidad cerca de las casi noventa organizaciones en las que se agrupa la mayoría de los inmigrantes radicados en Cataluña.

En el marco de este plan de emitir mensajes hacia el exterior también se engloba la puesta en marcha de un portal de internet en inglés, francés y alemán para difundir a los cuatro vientos contenidos desvirtuados sobre la historia de Cataluña o groseras manipulaciones de catalanes con enorme dimensión internacional como Marc Márquez o Pau Gasol, quienes se han mostrado siempre muy distantes con todo tipo de planteamientos secesionistas.

La 'quinta columna'

Barcelona es la cuarta ciudad del mundo en número de consulados, después de Hong Kong y Nueva York. Son casi cien legaciones. Dos terceras partes de los cónsules son honorarios. Generalmente, ciudadanos catalanes. Y soberanistas. Una especie de 'quinta columna' de hilo directo con el exterior.

La proyección exterior del proceso independentista es una obsesión de Artur Mas. 'Catalunya is not Spain' figura entre los lemas favoritos de CiU. A este proyecto dedica la Generalitat casi tres millones de euros anuales (este ejercicio, un 40 por ciento más que el anterior). El gasto en sus 'embajadas' se ha duplicado los dos últimos años. Artur Mas hace oídos sordos a los requerimientos de 'fusión' de delegaciones procedentes del ministerio de Exteriores.

Más de 35 'embajadas' tiene el Gobierno catalán en el extranjero, camufladas oficialmente como oficinas comerciales o legaciones administrativas. Sólo el alquiler y mantenimeinto de la sede en París ronda los 500.000 euros anuales. Desde estas oficinas se trabaja amplia y decididamente en trasladar la idea de que Cataluña es una nación rumbo a un estatus de independencia dentro de la UE. Se trata de una labor ímproba iniciada en tiempos de Jordi Pujol, potenciada por el Tripartito de Pasqual Maragall y mimada por el actual gobierno de CiU.

Casi un centenar

En este panorama resultan de enorme interés para la Generalitat los cónsules acreditados en Barcelona. El número de representantes extranjeros se multiplicó durante la cita olímpica del 92 y no ha descendido. Sólo una tercera parte del cuerpo consular establecido en Barcelona corresponde a diplomáticos profesionales.

La mayoría de los casi sesenta cónsules honorarios comulgan sin disimulos con las tesis soberanistas que defiene el Gobierno de CiU, según han manifestado fuentes diplomáticas, alarmadas por esta situación. Los 33 profesionales, sin embargo, mantienen una actitud absolutamente exquisita y 'neutral'. Con este 'núcleo duro' ha chocado ahora la ofensiva del Gobierno catalán, en su empeño por reunirlos con los activistas de la secesión, Forcadell y Viver. Las principales potencias mundiales, como Estados Unidos, China, Brasil, Alemania, Francia, Italia, o el Reino Unido, tiene cónsules de carrera, que se mantienen ajenos de los mensajes secesionistas. México, Colombia, Argentina, tienen también al frente de sus oficinas consulares a diplomáticos profesionales.

Sin embargo hay países de relevancia internacional, como Suráfrica, India... que han designado a catalanes de pro para situarlos al frente de sus legaciones. Su cometido dista mucho del de un administrativo o un funcionario. Se centra fundamentalmente en cometidos de representación y actividad social dadas sus conexiones con el mundo político, cultural y económico catalán. Por ejemplo, Joan Gaspart, expresidente del F.C. Barcelona, es consul general honorario de las Islas Seychelles en España.

Simpatía con los mensajes

Los cónsules honorarios de origen catalán actúan, en gran medida, a favor de la deriva soberanista de Artur Mas. Sus mensajes hacia sus países de origen, son, en este sentido, inequívocos. Cataluña es un país diferenciado dentro de la estructura del Estado y tiene una tradición de lengua y cultura propia. Hay algunas excepciones gloriosas, como, por ejemplo, Albert Ginjaume, cónsul de Finlandia, quien recordaba hace unos días en la prensa local que "a veces la idea de Cataluña llega distorsionada al extranjero donde creen que todos somos independentistas. Nosotros les decimos que la mayoría de los catalanes no se sentirían cómodos en un país independiente".

Artur Mas cuida a los cónsules instalados en Barcelona. De cuando en cuando se reúne con ellos y les dedica algunos párrafos de ortodoxia y doctrina. En uno de los encuentros les anunciaba, por ejemplo, que "Cataluña necesitará cada vez más estructuras de Estado" ya que se trata de "un país nada diferente a los del resto de Europa, que precisa irse reforzando cada vez más a pesar de las dificultades actuales".

La administración catalana también dedica esfuerzos y medios a contactar y mantener operativa la línea con los embajadores acreditados en España. Pero esa vía es más complicada. Se ha podido comprobar estos últimos meses con el fracaso estrepitoso cosechado por el presidente de la Generalitat en sus diferentes desplazamientos exteriores. El nivel de sus interlocutores apenas superaban el del conserje del hotel.

Muchos de los cónsules, sin embargo actúan abiertamente en esta labor de pedagogía del soberanismo. Promueven mensajes en esta línea hacia su país, organizan actos culturales, apadrinan desplazamientos de creadores catalanes hacia los países que representan o al la inversa. "No son activistas descarados, al menos no la mayoría, pero sí se desenvuelven sumamente activos en esta línea, lo que a veces da lugar a complicaciones diplomáticas", comenta la mencionada fuente.

NOTA DE LA REDACCIÓN

La embajada canadiense se ha puesto en contacto con este periódico para precisar que ellos no tienen un cónsul catalán en Barcelona, tal y como se indica en la noticia, sino que "la cónsul de Canadá en Barcelona es una diplomática canadiense de carrera", y que la posición que mantiene frente a la situación política en la región es de estricta neutralidad.


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