La caída de Oriol Pujol abre una pugna intestina en Convergència

Moncloa advierte síntomas de debilidad en Mas antes de su encuentro con Rajoy

La renuncia de Oriol Pujol a su escaño de diputado evidencia un debilitamiento en las filas soberanistas a escasos días de que se produzca el primer encuentro entre Rajoy y Mas desde hace casi un año.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, en el Parlament.
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, en el Parlament. EFe

Hay signos de debilitamiento en Convergència a escasas fechas de que tenga lugar el encuentro entre Mariano Rajoy y Artur Mas y a tan sólo unos meses de la celebración del plebiscito independentista convocado por la Generalitat. La salida deOriol Pujol de su escaño de diputado autonómico, después de año y medio de ser imputado por los presuntos apaños en las concesiones de ITV es una muestra más de la descomposición en el partido que gobierna Cataluña así como del clan Pujol, protagonista de la actividad política en esa comunidad desde hace treinta años.

En Moncloa estiman que el movimiento secesionista empieza a mostrarsignos de debilidad, en especial en el seno del partido que lo impulsa desde el Gobierno. Convergència, cuya sede está embargada por un juzgado a causa del escándalo del caso Palau, acaba de sufrir una seria derrota en las elecciones europeas, donde ERC se alzó con la victoria en el territorio catalán por primera vez desde laSegunda República.

La propia figura del president se desvanece y circulan ya versiones, desde el seno de su propio partido, que hablan abiertamente de que está meditando la idea de dar un paso al costado una vez superada la fatídica fecha del 9 de noviembre, cuando habría de celebrarse la consulta secesionista. Mas convocará el plebiscito pero no podrá llevarse a cabo dada la frontal oposición del Gobierno y sus recursos a los tribunales. Se abrirá entonces la posibilidad de que se celebren unos comicios plebiscitarios en los que la opción que lidera Oriol Junqueras se haría con la victoria. El mapa catalán, entonces, experimentaría un cambio drástico de evolución impredecible.

Tensiones internas

No habrá referéndum y Convergència se resquebraja. Hay incluso pugnas en la interna del partido por ocupar el papel de Oriol Pujol, el hijo de quien fuera presidente de la Generalitat durante dos décadas, y llamado a ocupar el puesto de sucesor de Mas en la formación nacionalista. Los planes de una Convergència liderada por el 'hereu' de Pujol rumbo a la independencia, han quedado desarticulados. Un serio contratiempo que altera todos los planes.

"Es un problema de fatiga de materiales", comentan en los despachos monclovitas al analizar la evolución de la situación catalana. Artur Mas, que nunca ha sido un político de fuste, está acobardado. Sabe que no tiene más alternativa que seguir adelante en su camino hacia el referéndum, pero es consciente de que, tarde o temprano, será arrollado por el propio vehículo que él puso en marcha. Algunos mensajes de ayuda han llegado ya al Gobierno en estas horas en las que Moncloa y la Generalitat preparan el encuentro entre los dos presidentes. Dijo ayer Mas a la cadena Bloomberg que podría cambiar la fecha y la pregunta en el caso de que Rajoy se avenga a negociar una fórmula para poder concretar la consulta. Vieja cantinela que desde Madrid se responde con un no radical. Nada es negociable fuera de la Constitución, como ha confirmado tanto el Parlamento como el propio Tribunal Constitucional. La sociedad catalana empieza a dar muestras de cansancio con el 'monotema', al tiempo que advierte que su Gobierno apenas logra enveredar la crisis económica que paraliza los mecanismos de creación de empleo y riqueza.

Movimientos contra la independencia

Algunos movimientos ciudadanos asoman también la patita de cara al próximo Once de Septiembre, cuando la ANC, verdadera "infantería" del secesionismo, plantea sacar a la calle a más de un millón de personas para que formen una gran V de "Victoria".El martes se presentó ante el Congreso un grupo de intelectuales y periodistas, con Vargas Llosa y Boadella al frente, para reclamarle a Rajoy, bajo el lema de "Libres e iguales", que no admita ningún resquicio de negociación en su próximo encuentro con Mas. También el lunes el presidente recibió en la Moncloa a representantes de Societat Civil Catalana, una agrupación de profesionales de diversos colores políticos, que han decidido dar un paso al frente contra los planteamientos soberanistas. Sin embargo, los partidos que defienden estos postulados, como el propio PP, Ciudadanos, UPyD, Vox... no han sido capaces de llegar a un mínimo acuerdo para plantificarse ante las urnas con una plataforma anti-independentista.

Pero la carcoma de la corrupción va minando a Convergència, un partido creado y dirigido por Pujol y su familia y que observa ahora cómo, uno a uno, los miembros del clan van desfilando ante los juzgados o son protagonistas de episodios de escándalo. Aunque los medios de comunicación catalanes, prácticamente todos de corte oficialista y financiados por el Govern, pretenden mostrar estos episodios como una "campaña de Madrid", cada vez hay más simpatizantes del soberanismo a quienes les molesta esta connivencia con la corrupción. La alternativa de una ERC, radical y vehemente, liderando el denominado "proceso" no tendría tanto amparo popular como Convergència al frente de las riendas.

Se redoblan los esfuerzos para conseguir que algunos 'mediadores' logren hacer entrar en razón a Artur Mas, pero las presiones de empresarios y representantes de los medios financieros catalanes apenas son algo más que tibios mensajes de invocación al diálogo y la reflexión. Miquel Roca, veterano dirigente de Convergència y abogado de la infanta Cristina, está jugando un papel singular en esta línea. La caída de Rubalcaba ha hecho embarrancar, por el momento, una singular vía alternativa para desatascar 'el conflicto', impulsada discretamente desde la Moncloa y con anuencia del hasta ahora líder del primer partido de la oposición.

Rajoy se encontrará con un Mas muy receloso pero extremadamente atribulado. Su partido atraviesa por los momentos más delicados de los últimos tiempos y su proyecto independentista empieza a adquirir sesgos hilarantes, como la creación de un Ejército catalán o todos los chuscos empeños en pretender reescribir la historia de Cataluña. Desde la Generalitat se confía en trasladar nuevamente a la sociedad el mensaje de que "Madrid ni escucha ni quiere negociar", pero esa artimaña ya se ha utilizado demasiadas veces y, quizás ahora, ya no logre los efectos obtenidos hasta ahora. Incluso el furor nacionalista se apaga cuando los objetivos no parecen demasiado claros. Sólo un triunfo independentista en Escocia podría avivar una llama que ahora arde con mucha menos fuerza que en la última Diada.


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