Crisis total en vísperas de la celebración del congreso extraordinario

Soraya y Cospedal trasladan su pulso por el poder al Partido Popular del País Vasco

Apenas sofocado el incendio andaluz, se reabre el frente norte del Partido Popular. El pulso entre Arantza Quiroga y Alfonso Alonso, esto es, entre Dolores Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, echa chispas, a 48 horas del congreso extraordinario que pretendía ofrecer cohesión y vender futuro.

Humean aún los rescoldos en el PP del sur, tras el "dedazo" que encaramó a Moreno Bonilla como secretario general, y se incendia el PP del norte. A tan sólo 48 horas de la celebración de su congreso extraordinario, el PP del País Vasco está partido por eje. El pulso entre la secretaria general Arantza Quiroga y el portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso, ha derivado en una pugna visceral y fraticida. Otro descomunal desbarajuste que traslada una imagen nada cohesionada del PP a tres meses de la crucial cita de las europeas.

Dolores Cospedal perdió la batalla de Andalucía. Su imagen resultó dañada ante la militancia tras su pulso con Javier Arenas y Soraya Sáenz de Santamaría. Mariano Rajoy en persona inclinó el la balanza en contra del protegido de su secretaria general. Una semana permaneció Cospedal en silencio tras el ostensible revolcón. Acudió al congreso extraordinario de Sevilla casi por obligación. Se refirió con frialdad a la persona de Moreno Bonilla y no aguardó a hacerse la fotografía del beso del recuentro con Rajoy. En Génova se vivieron jornadas de desconcierto y en las bases se siguió el incidente con preocupación.

Una decisión equivocada

Estalla ahora el PP vasco. Un incendio detrás de otro. Y estalla en vísperas de un congreso extraordinario en el que Arantza Quiroga pretendía refrendar su liderazgo por aclamación. Rajoy no quería ese congreso extraordinario. Un "dedazo" la había situado el pasado mes de mayo como improvisada solución de repuesto tras la inesperada fuga de Basagoiti. Grave error.

Cierto que en Moncloa no disgustaba la firmeza de sus declaraciones hacia el 'viejo' PP de María San Gil y Mayor Oreja. Pero pronto dio muestras de escasa habilidad para gestionar un partido muy dividido. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría la puso en evidencia cuando el pasado otoño se trasladó al País Vasco para encontrarse con dirigentes del PNV y ni siquiera le avisó. Un 'puenteo' en toda regla. Soraya estuvo acompañada de su escudero Alfonso Alonso, gran muñidor de la crisis que sacude ahora al partido en la región.

Dolores Cospedal no se ha implicado en esta batalla por saberla perdida. Colaboró en el nombramiento de Quiroga y le ha defendido cuanto ha podido. Pese a su condición de secretaria general es consciente de que los resortes del partido en la región los controla Alonso. Es decir, el abanderado de Moncloa en el Congreso. Y 'mano derecha' de Soraya. Con eso está dicho todo. Otro episodio del 'duelo de damas' y, también, entre el partido y el Gobierno.

Apenas le han dejado a Cospedal disfrutar de su victoria en el Constitucional frente al PSOE, que recurrió su ley de retirarle sueldos y exclusividad a los diputados de Castilla-La Mancha. En contra de lo que se difunde, Cospedal no está recluída en Toledo. Prepara con intensidad las europeas. Ayer bailó un simpático rigodón radiofónico con Carlos Herrera al ser preguntada por nombres y listas. Hizo, eso sí, un guiño la posible candidatura de Esperanza Aguirre para la alcaldía de Madrid: "Hay que elegir al mejor y dejar al margen relaciones personales". Se elegirá a quien tenga más opciones de lograr una mayoría absoluta, dijo. "No podemos equivocarnos en eso". Pero al 'terremoto vasco' permanece ajena, según fuentes del partido. Es decir, que ejerció de secretaria general, pero sin asomar la oreja por Vitoria.

La crisis Oyarzábal

El principal error de Quiroga ha sido prescindir de Iñaki Oyarzábal, hasta ahora secretario general en el País Vasco y fulminado por sorpresa, tal y como anunció Vózpopuli en su momento. Hace dos días, Quiroga le ofreció el puesto a Manuel Uriarte, un concejal por Vitoria, con escasa relevancia y menos pedigrí, quien renunció a la oferta apenas 24 horas depués de aceptarla. Dejó 'colgada' a la presidenta. Las presiones y hasta amenazas de Alonso, quien demostró una vez más ser el factótum de la zona y que cuenta con el resplado absoluto de Soraya, parece que fue la causa de su súbito cambio de opinión. Quiroga amagó con dimitir. Alonso le ha impuesto a su candidato, Javier de Andrés, diputado general de Álava. Ganan por ahora los vitorianos frente a vizcaínos y guipuzcoanos. A la espera, naturalmente, de sorpresas de última hora. La nueva presidenta sale de la crisis con la autoridad mermada. Todo un escándalo en vísperas del congreso extraordinario.

En ese peliagudo territorio del País Vasco, en el que el Partido Popular ha derramado demasiada sangre, ha sigo objeto de persecuciones, hostigamientos, crímenes, salvajadas, secuestros, amenazas y padecimientos de todo tipo, cualquier empeño de "renovación" ha de llevarse a cabo con sutileza. La actual presidenta ha resultado, en este sentido, un desastre. Encabritó a la vieja guardia, la que más ha sufrido en los años del terror y no ha logrado hacerse con los renovadores. Esta guerra se ha contemplado desde Génova con relativa distancia. El PP vasco siempre ha funcionado en forma casi autónoma. Basagoiti era una garantía de cierta estabilidad. Exactamente lo contrario de su sucesora. Las apuestas no le auguran una gran estabilidad en el cargo.

El sábado se celebra el congreso extraordinario. Asistirán Dolores Cospedal y Rajoy. Una abre y el otro cierra. Quizás, al fin, haya foto y haya beso. O no. Lo único claro es que la nueva dirección del PP vasco nace lastrada y este episodio de personalismos delirantes dañan la iamgen del partido a tres meses de unas importantes elecciones.


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