Nacional Zaida Cantera a los altos mandos de las Fuerzas Armadas: "Todo esto demuestra que no sois intocables"

Ahora está retirada, pero cuando logró encarcelar a un superior por acoso sexual y laboral, Zaida Cantera era capitana del Ejército. Después de un calvario de 8 años, relata la persecución a la que fue sometida por los altos mandos, pero también la falsa idea de una presencia de las mujeres en la instiución, así como del predominio de unos grupos de poder e influencia.

Transcurría el año 2008 cuando la entonces ministra de Defensa socialista, Carme Chacón, pasaba revista, embarazada, a las tropas. Lo hizo varias veces. Su vientre abultado fue interpretado como una provocación, como si feminidad y maternidad juntas fueran más peligrosas que un misil de asalto. Para ese entonces, abril de 2008, la capitana Zaida Cantera de Castro, del Regimiento de Transmisiones 21 de la Base de Marines (Valencia), cumplía dos años viviendo un calvario del que faltaban por lo menos cinco más. Eso, claro, no lo sabía la ministra Chacón. De eso no hablaba al presumir de que 16.400 mujeres formaran parte de las FFAA. Tampoco dijo Chacón, que de esas, sólo 663 integraban los cuadros de mando. En ese grupo estaba entonces Zaida Cantera cuando todo ocurrió.

Sus superiores callaron, pero Cantera parece tener claro que ella ha conseguido más de lo que consiguieron quitarle

Dos años antes, en 2006, el teniente coronel Isidro José de Lezcano- Mújica la había llamado “secretaria de falta corta” y había buscado todas las formas posibles de tocarla en público o en reuniones de trabajo. Hubo testigos. El comportamiento de Lezcano era conocido y había precedentes. Acaso herido por el rechazo de la capitana Cantera, quien reportó el acoso inmediatamente a sus superiores, Lezcano fue a más. De los tocamientos y las procacidades, pasó a la violencia física: la alzó en el aire y la tiró contra el capó de un coche, incendió la tienda de campaña donde dormía, comenzó a hostigar uno a uno a los subordinados de Cantera, así hasta que consiguió sacarla del mando.

Todo ocurrió ante el silencio de sus superiores, que intentaban quitarle hierro al asunto, como si de una ensoñación se tratara. Pero lo sabían: aquello, además de ilegal, era humillante. Atemorizada, reducida en sus fuerzas y su lucidez, Zaida Canterasacó de las dos de donde no tenía y lo denunció. Lezcano fue juzgado por ‘abuso de autoridad’, porque el acoso sexual no existe en el Código penal militar. Fue a la cárcel, claro, pero poco menos de tres años. Aquella victoria le salió cara a la capitana Zaida, que comenzó a vivir la venganza y el desquite de los altos mandos, que le hicieron saber muy bien en qué lío se había metido.

Hoy, retirada de las Fuerzas Armadas, Zaida Cantera habla de estas cosas sin dejar un cabo suelto. La capitana retirada es minuciosa, ordenada y segura de sí. Más que una mujer, parece una fuerza de la naturaleza. Su estatura física impone, pero no tanto como su estatura moral. Y quien la escucha hablar se pregunta, de dónde sacó fuerzas no sólo para salir de ese calvario y hacerse respetar, sino para soportar que por hacerlo le quitaran todo cuanto era importante: su carrera, el mando, los 17 años de servicio intachable… Zaida Cantera parece tener una cosa muy clara: ella ha conseguido más de lo que ellos –Lezcano y el alto mando- han logrado quitarle.

"Todo esto demuestra y le dice a los altos mandos que no sois intocables”, dice Zaida Cantera

"Todo esto demuestra y le dice a los altos mandos que no sois intocables”, dice Zaida Cantera, de manera consciente, como si cada palabra se hubiera cocido con el lento humor de las heridas: las que le hizo Lezcano en la columna y las que ella se le descosían de pura rabia y miedo. “La sociedad española se ha ido distanciando y no conoce lo que ocurre dentro de las Fuerzas Armadas(…) La gente cree que en las FFAA entró el aire fresco de la transición pero no es cierto, nos regimos por las leyes del franquismo”, sobre esos temas conversa la capitana retirada con Vozpópuli. Ya no tiene miedo, asegura a pesar de que pesan sobre ella cinco denuncias. Miedo, dice, lo tenía entonces. No ahora.

-En un comienzo, usted decidió hablar con los medios de comunicación y dar a conocer su caso. Pero asumió, de pronto, un perfil bajo. ¿Qué ocurrió, recibió amenazas?

-Hubo presiones. Y fue una estrategia de prevención. La publicación del libro que escribí con Irene Lozano coincidió con la grabación y emisión de Salvados, el programa de Jordi Évole. Incluso éste fue antes del libro, en febrero. Mientras se grababa ese Salvados, comencé a recibir una serie de llamadas de mi trabajo. Se lo comenté a Jordi Évole. ‘Qué casualidad’, me respondió. ‘Hace un rato nosotros terminamos de llamar a toda la otra parte: el Ministerio de defensa, al general Pardo Santallana, al coronel Villanueva’. Esa semana, en enero, me presenté en la unidad. Me hicieron ir por un papel informativo, con llamar bastaba, pero fui. Al salir, en un lugar sin cámaras, se cruzó conmigo un hombre vestido de civil. Me paró y me dijo: ¿Cuándo se emite? Me hice la tonta: ¿Cuándo se emite qué?, respondí. ’El programa’, soltó con un tono agresivo, de malas maneras, tuteándome. Era un superior, o como mínimo comandante, y él sabía quién era yo. Le dije que no sabía. ‘Pues ten cuidado, porque el expediente de expulsión del Ejército se tramita más rápido que el expediente de limitaciones psicofísicas que tienes abierto’.

-Como para que no hablara de más en prime time. ¿Qué hizo?

-Hablé con los abogados y expertos militares. Y nos dimos cuenta de que el 6 de marzo entraba en vigor el nuevo régimen disciplinario de las Fuerzas Armadas. Por ese régimen, ese nuevo procedimiento que podían intentar abrirme requeriría de algo más que participar en el programa. Es decir, yo tendría que cometer tres faltas graves transformables en una muy grave, y así abrir un procedimiento para expulsarme. Por eso el programa se retrasó hasta el día siguiente que entrara en vigor.

-Eso ya da una idea bastante clara de por qué no había acudido a los medios antes para contar su historia completa.

-Los militares tenemos muy coartado nuestro derecho de libertad de expresión. Mientras estás en activo, no puedes criticar a las Fuerzas Armadas o a un miembro de ellas, aunque lo que estés diciendo sea cierto y tengas pruebas. Un general o un coronel puede estar robando, acosando, o agrediendo, pero el hecho de que lo menciones públicamente supone un delito tipificado en el código penal militar.

‘Pues ten cuidado, la expulsión del Ejército se tramita más rápido', esa fue la amenaza al aparecer en Salvados

-Ya, en cambio el acoso sexual no existe como delito

-Las Fuerzas Armadas tienen cosas bellísimas, espléndidas. No se puede generalizar. El problema es que, en lo que a las malas prácticas supone, hay impunidad y respaldo. Y ese respaldo lo encuentran algunos en la justicia militar, justamente porque depende, no del ministerio de Justicia, sino del ministerio de Defensa, una institución cuya cúpula está llena de generales y coroneles elegidos a dedo. Son ellos quienes puntúan a través de informes a los que van a ser jurídicos militares. Los jurídicos militares no dejan de ser estudiantes que han pasado por la Academia Militar para adaptar sus conocimientos de derecho e incorporarse luego a las unidades. Entran como tenientes, para asesorar a los mandos. Su carrera militar y su carrera jurídica van a la par, una depende de la otra. ¿Qué imparcialidad puede existir entonces? Gran parte de la impunidad viene de ahí. Esa especie de omertà que nos diferencia de otros cuerpos de seguridad del Estado. En las Fuerzas Armadas quien denuncia a un superior, es visto como un traidor.

-¿Es usted traidora por denunciar a alguien que la llamó secretaria de falta corta, la lanzó en volandas sobre el capó de un coche, incendió su tienda de campaña y además fue el responsable de que le quitaran el mando de su unidad ?

-Lo que quiero decir es que soy vista como traidora porque he violado la omertà, al saltarme una ley no escrita. Ahora, sobre la pregunta concreta que me ha hecho sobre el código penal militar y sobre por qué no existe tal cosa como el acoso sexual... Todo este sistema jurídico data ya de la época de la Transición española. Estos tribunales militares vienen de los antiguos tribunales de guerra que se establecieron con el franquismo. Simplemente se les ha cambiado el nombre. Y aquí volvemos a los eufemismos. ¿Qué ocurre con el código penal militar? Cuando se hizo la Constitución, se crearon los códigos y las jurisdicciones, en ese momento, el código penal militar establece que sólo se juzgará en la jurisdicción penal aquellos casos que tengan que ver con delitos militares.

-Pero éste no es el caso, el acoso sexual es un delito civil.

-El problema viene de la propia justicia militar. Poco a poco, la sociedad española se ha ido distanciando y no tiene conocimiento de lo que ocurre dentro de las Fuerzas Armadas. Conoce esa imagen, esa fachada de modernidad, de democrática, entre comillas, de que en ella ha entrado el aire fresco de la Transición pero no es cierto, porque dentro tenemos algunos aspectos entre ellos, que nos regimos por las leyes del franquismo. El código penal incluye una serie de ilícitos, pero el acoso sexual no está entre ellos. Tampoco aparecen otro tipo de delitos que sí aparecen en el código civil.

“La gente cree que en las FFAA entró el aire fresco de la transición pero no es cierto, nos regimos por las leyes del franquismo”

-¿A qué se refiere exactamente cuando dice que la sociedad española se ha distanciado?

-Cuando a la justicia civil llega un caso en el que el perpetrador o la víctima es militar, o si ha ocurrido en un recinto militar, el juez se lava las manos y lo manda a la justicia militar. Y en realidad, que a mí me acose sexualmente un superior y me agreda físicamente, o me acose laboralmente, no es un delito militar sino civil. ¿Qué diferencia existe entre tú, que eres mujer, y recibes un acoso sexual, y yo, que también soy mujer, si sufro una agresión o acoso sexual en mi ámbito laboral? ¿Por qué tienen que juzgarnos jurisdicciones distintas? ¿Por el hecho de que cuando me levanto para ir a trabajar en las mañanas me pongo unas botas negras y un uniforme verde? ¿Por eso soy menos ciudadana que tú?

-Al acosador, es decir, al teniente coronel Isidro José de Lezcano-Mújica –no estaría mal identificarlo cuantas veces sea necesario-, no lo juzgan por acoso sexual, sino por abuso de autoridad. Eso suaviza la condena, ¿cierto?

-Sí, lo juzgan por abuso de autoridad, aunque no es esa exactamente la razón por la cual lo condenan tan poco tiempo. Pero bueno, dicen abuso de autoridad. No era tal cosa: Lezcano no era mi superior directo, eso lo primero; hubo un intento de agresión sexual; hubo agresión física; el intento de poner en peligro mi vida. Todo eso es mucho más que abuso de autoridad. Si a esta persona le caen dos años y diez meses de cárcel no es por la tipificación del delito. A él le caen dos años y diez meses porque en las Fuerzas Armadas a todo aquel que le caen más de tres años de prisión, pierde su condición de militar. Esto se lo ha dicho a mi marido un juez: a ese señor no le han metido más dos años y diez meses, porque de lo contrario no podría acudir vestido de militar a la comunión de su hijo. ‘Hombre, pobrecito, es un delincuente pero vamos a ser buenos con él’. Por eso ha ocurrido. Bueno, por eso y porque es un coronel ligado a unas familias de las Fuerzas Armadas que siguen desde el franquismo, y han llegado a una formar una especie de lobby con un poder.

-¿Nos está diciendo que las Fuerzas Armadas, como la transición, no fue lo que pensamos? ¿Ni tan moderna, ni tan avanzada?

-No se puede generalizar, del franquismo para acá las cosas han cambiado en las Fuerzas Armadas, sería injusto decir lo contrario. Se ha modernizado, claro, porque se han cambiado los medios. Pero, para una sociedad, qué es modernizarse, qué es democratizarse, entendiendo como democratización no la presencia del sufragio, porque las Fuerzas Armadas siempre será un estamento donde hay quien da unas órdenes y unos subordinados que deben acatarlas. No se someten a votación las órdenes, no es eso. Entendemos como democratización como un conjunto de valores: la libertad, los derechos humanos, la dignidad de las personas , la no esclavitud, porque subordinación no es esclavitud. Si se imparten unas órdenes, ésas deben ser acatadas siempre que sean legales. Y creo que las cosas son así.

-¿Entonces, por qué está usted en este punto: obligada a marcharse, retirada, humillada y vejada?

-Porque existe un reducto que tiene mucho poder dentro de las Fuerzas Armadas, y ese reducto viene de épocas pasadas, de las épocas más negras y que no se ha modernizado. Si bien de cara al exterior levantan esa fachada de ‘qué buenos somos, la mujer ha entrado dentro de las Fuerzas Armadas’, pero sigue existiendo este pequeño reducto que mantiene presión sobre los hilos de marioneta. Y mientras ellos sigan moviendo los hilos de las marionetas, esa gran mayoría de hombres y mujeres con valores democráticos no pueden ejercerlos ni hacer uno de esos valores. Eso repercute en su profesión y su vida personal.

"Estoy cansada de oír que somos un país donde el 12% de las mujeres están dentro de las Fuerzas Armadas. Shhh… Esperen. Paremos un momento el carro"

-Usted desmiente en el libro una presencia verdadera de las mujeres en las Fuerzas Armadas Españolas, ¿no hay tantas? ¿o acaso sólo unas pocas ocupan los mandos?

-Estoy cansada de oír en el desfile del día de la Fiesta Nacional o de las FFAA aquello de que somos un país donde el 12% de las mujeres están dentro de las Fuerzas Armadas. Shhh… Esperen. Paremos un momento el carro. Primero, ese 12% de mujeres dentro de las fuerzas Armadas, ¿qué distribución tiene? Una empresa puede decir que el 50% de las personas dentro son mujeres, pero… ¿qué hacen? Pues están contratadas como persona de limpieza. ¿Y cuántas son directivas? Ninguna. Esto, en nuestro caso, va ligado con la evolución y la historia de las FFAA. En un principio, cuando comenzó la incorporación de la mujer en las FFAA, ellas entraron más que todo a los cuerpos técnicos y no de acción. De hecho, las más antiguas suelen pertenecer a cargos de medicina, administración. Pero con la entrada masiva de la mujer a las unidades tácticas las mujeres pasaron a ser mayormente distribuidas en tropa. ¿Eso es igualdad entre el hombre y la mujer? Pues mire, si usted entiende por igual el que puedan entra, pues quizá valga, pero quienes toman las decisiones son hombres con una mentalidad, hombres que están anclados en ese grupúsculo con mucho poder, quienes toman decisiones sobre unas mujeres a las que ni siquiera quieren dentro de las Fuerzas Armadas. ¿Eso quiere decir que las Fuerzas Armadas son machistas? No, las Fuerzas Armadas son un reflejo de la sociedad y la sociedad española no es machista, otra cosa es que existan determinados hombres que piensan que son dueños y señores del mundo y de las mujeres. Esos hombres, que existen tanto dentro de las Fuerzas Armadas como fuera, esos sí son machistas. El problema es que muchos de estos hombres, los que están en las Fuerzas Armadas, están ligados a familias de poder, vienen de una educación anclada en el pasado.

-Al leer su historia no se sabe qué fue peor: si el silencio cómplice de sus superiores, el desgaste de saberse solo, o el acoso al que fue sometida después de denunciar y llevar a juicio Lezcano

-Tuve la mala suerte de que un hombre se fijó en mí como mujer y no como militar. Esa fue una primera mala suerte. Ahora, a esa siguió el hecho de que ese hombre era un oficial superior, de un grado alto, perteneciente a esos grupos poderosos como los Pardo de Santallana, los Villanueva o los Domínguez Buj. Pensemos en la mafia, ¿qué ocurre cuando una simple capitana como yo consigue que un miembro fuerte de la mafia acabe en la cárcel? ¿Qué mensaje está lanzando esa capitana? Pues uno muy claro: no sois intocables, sois vulnerables. Claro, la mafia se defiende y lo demuestra. Al próximo que se le ocurra hacer algo igual, lo vamos a machacar vivo, por lo tanto antes de volver a denunciar se lo va a pensar una sino mil veces. Eso es lo que ha pasado. Yo conseguí demostrar, y me costó muchísimo, porque hubo gente que no recodaba cosas, que tenía memoria selectiva, pero los compañeros que sí me apoyaron en el juicio jugándose sus carreras y el devenir de sus familias, al decir la verdad, me ayudaron a lograrlo. ¿Qué ocurrió? El pilar de aquella estructura acabó en prisión. Eso es una grieta. Cuidado: los coroneles no sois intocables, acabaréis como Al Capone, en la cárcel.

-¿Por qué sigue pensando en la posibilidad de regenerar una institución que la ignoró?

-Hay quienes dicen que estoy haciendo una vendetta y nada más lejos de la realidad. A mí me han llegado a decir, te lo mereces por haberte metido al ejército, que es machista y agresivo. Yo no soy antimilitarista. Ojalá viviéramos en un mundo utópico donde no existieran las Fuerzas Armadas. Pero necesitamos defendernos. Tampoco quiere decir que seamos Superman o Superwoman o Rambo. No, simplemente somas unas personas, con unos valores. No digo que no me gusten mis Fuerzas Armadas, lo que digo es que no me gustan determinados garbanzos del cocido que son las Fuerzas Armadas y que el sabor que dan al conjunto pueden hacer creer que la institución está podrida y no lo está. Esos grupos de presión de los que hablé son ese garbanzo podrido, que impiden a los demás aprovechar todas sus capacidades. En las Fuerzas Armadas no se asciende por méritos, que la gente no se equivoque: en primera instancia se asciende por antiguedad y con los demás por poder, por elección y por selección, es decir, por alguien que elige no por unos criterios de eficacia y eficiencia, ni por el valor o al formación, sino por los apellidos que tienes y si vas a hacer un buen sirviente a la causa.

-Fue formada para combatir contra un enemigo externo, lo que no sabía es que el enemigo estaba dentro de casa. ¿Qué siente? ¿Quiénes ganaron, ellos o usted?

-La batalla todavía no ha terminado. Para ganar hay que cambiar el campo donde librarla. La gente dice: los trapos sucios se lavan en la cocina. Yo llevo seis años lavando una y otra vez los trapos dentro de la cocina, siguiendo todos los procedimientos. Pero resulta que la lavadora de esa cocina está estropeada, el agua que entra está sucia y el trapo acaba saliendo más sucio que cuando lo metí.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba