Moreno Bonilla pierde 17 escaños y casi medio millón de votos

Estruendoso batacazo del PP y severo castigo a la gestión de Rajoy

El PP se desploma. Un batacazo mucho mayor de lo esperado. Los andaluces dan estruendosamente la espalda a Moreno Bonilla y envían un severo mensaje a Mariano Rajoy. El bipartidismo aguanta pero abre la puerta a las fuerzas emergentes.

El candidato 'popular' a las elecciones andaluzas, Juan Manuel Moreno Bonilla
El candidato 'popular' a las elecciones andaluzas, Juan Manuel Moreno Bonilla Efe

El bipartidismo aguanta a trompicones en el 'test' de las autonómicas andaluzas aunque se deja un buen puñado de pelos en la gatera. El PP sufre un castigo implacable, un retroceso de vértigo con relación a los últimos comicios. El candidato Juanma Moreno partía con el estigma de la derrota. Así ha sido. Casi medio millón de votos y 17 escaños. Un desastre sin paliativos. Colocar un 'paracaidista' por obra y gracia del 'dedazo' de Moncloa ha resultado ser un experimento penoso. Llegaba en condiciones muy adversas. Nadie le conocía, la mitad del partido rechazaba su designación y apenas logró imponer su liderazgo. Hizo una campaña electoral eficaz pero insuficiente. Y tuvo que apechugar con el pesado fardo de tres años de gobierno central de recortes y ajustes económicos. Demasiado para Bonilla.

Nadie en Génova aventuraba una victoria de sus colores en esta complicada cita electoral, la primera de un año sobrecargado de comicios. La clave estaba en el resultado del PSOE y en la distancia entre las dos grandes formaciones. El PP pierde todas sus esperanzas de quedarse a menos de cinco puntos de los socialistas. Incluso soñaba con tocar el techo de los 35 escaños, que significarían salvar al menos los muebles. No ha sido así. Mucho voto escéptico se quedó en casa y un buen puñado emigró a Ciudadanos e incluso al PSOE, ante el pavor de una irrupción imparable de Podemos. El partido de Rivera ha arañado papeletas en Sevilla y en Málaga, dos feudos tradicionales de los populares que han visto cómo sus excelentes resultados de las últimas autonómicas han sufrido un correctivo implacable.

El miedo a este resultado había obligado en las últimas semanas a los dirigentes del Partido Popular a ponerse la venda antes que la herida. "El resultado de estas elecciones no se pueden extrapolar a nivel nacional", decían los dirigentes parachutados de Moncloa y Génova, con Mariano Rajoy a la cabeza. Nunca el presidente del Gobierno soñó con una victoria que daba por imposible. Esperaba el castigo. Mejor ahora que en las elecciones de mayo, y por supuesto, que en las de noviembre, comentaban en su círculo de colaboradores más estrechos. Lo importante para el PP era que Susana Díaz no lograra una victoria incontestable. Toda la estrategia de Génova, por los suelos.

Tocados en tres frentes

El PP sale mucho más tocado de estos comicios de lo que en principio se preveía. Tocado el núcleo duro de Moncloa, que apoyó con entusiasmo la designación de un candidato casi transparente. Tocado el aparato de Génova, mucho más Javier Arenas que Dolores de Cospedal. La secretaria general se había opuesto frontalmente a la elección de Moreno como candidato. Y tocado, naturalmente, el Gobierno porque la campaña del PP en Andalucía giró en torno a la labor del Ejecutivo y a la recuperación económica, con masiva presencia de líderes nacionales y miembros del Ejecutivo. Los andaluces no se lo han creído. Ni han reprochado a los socialistas la corrupción masiva ni han castigado a Susana Díaz por su monopolio de los colores de la región en términos estrictamente partidistas y personales. Andalucía no cambia. Es más, ni siquiera amaga con un gesto de voluntad de mudanza.

Es cierto que Andalucía no es terreno propicio para el PP. Pero en las últimas autonómicas ganaron por 40.000 votos

La señal que ha emitido Andalucía no permite más interpretación por parte de los populares que la asunción de un severo error. Desde el principio hjasta el fin. A Moreno Bonilla le ha faltado tiempo, es cierto. Tan sólo un año en el puesto ha resultado un handicap muy serio para plantarle cara a una Susana Díaz envuelta en la bandera de la Comunidad y con el apoyo de un aparato instalado en el Gobierno desde hace más de tres décadas. Sin duda desde Génova se esgrimirá esta derrota como aviso a lo que puede ocurrir en mayo. La movilización andaluza no se ha producido y en las próximas municipales y autonómicas puede ocurrir algo parecido si no se toman medidas. Cambiar quizás el discurso y no centrar el mensaje en tan solo el miedo al caos que implica Podemos o la recuperación económica. Javier Arenas, seguramente el padre del desastre, ni siquiera apareció junto a su escudero Moreno en la noche de autos. Escapó de la quema y se fue a Madrid. Una actitud muy poco gallarda. La derrota no tiene padres. Pero en esta ocasión resulta muy difícil esconderse. Juanma Moreno apareció anoche cariacontecido pero sensato. Habló de que está abierto a diálogos y a seguir trabajando por su comunidad. Quizás sea un político de largo recorrido, pero de momento, le ha tocado bailar con la más 'guapa', en este caso, con una Díaz que se quedaba clavada en el mismo número de escaños que en la precedente convocatoria pero que ha sabido 'vender' el resultado de ahora como un triunfo absoluto. Una victoria personal. Susana Kirchner parecía anoche al bajar la rampa que le conducía al estrado de los micrófonos. Un poderío que no afloja.  

Las urnas andaluzas arrojan un escenario abierto a los pactos y muy incierto en cuanto a la gestión. Es muy posible que Susana Díaz no logre formar gobierno hasta después de las municipales. Un calendario que se antoja muy incómodo pero que deja las puertas abiertas a todo tipo de cambalaches. El PP tendrá en su mano el destino de la 'lideresa' andaluza ya que su abstención en la sesión de investidura podría facilitar su gobierno y, por supuesto, podría evitar el trance de ponerse en manos de Podemos, algo que ni Díaz ni, por supuesto, Mariano Rajoy, contemplan. A Podemos hay que cortarles las alas, se piensa en las dos grandes fuerzas.

Ahora en el PP y el Gobierno debe analizarse con enorme atención lo sucedido. Es cierto que Andalucía no es terreno propicio para el PP. Pero en las últimas autonómicas ganaron por 40.000 votos, que no fue suficiente para gobernar. Ahora ha perdido casi 500.000 una cifra más que llamativa que forzará a la reflexión. Eso sí, Rajoy seguirá pensando que en Andalucía no había posibilidad alguna y que el castigo era previsible. En su particular teoría, a partir de ahora toca recuperar la confianza y esperar resultados mejores. El votante tenía ganas de abofetear al PP. Y así ha sido.


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