Tensión en Moncloa la tarde en la que se prescindió de la ministra de Sanidad

Rajoy tras decidir el cese de Mato: "Tiene que irse, pero ¿quién se lo dice?"

El auto del juez Ruz provocó una catarata de llamadas y presiones sobre Rajoy. Había que prescindir de Mato, rápido y sin titubeos. La tarde del miércoles fue intensa y larga. La ministra cedió, a empujones, y Rajoy pudo acudir al Congreso con su paquete anticorrupción bajo el brazo.

Rajoy, junto a Ana Mato en una imagen de archivo del año 2011.
Rajoy, junto a Ana Mato en una imagen de archivo del año 2011. GTRES

"Partícipe a título lucrativo". El auto del juez Ruz no dejaba lugar a dudas. La ministra de Sanidad, tantos años rozando la línea peligrosa del caso Gürtel, ocupaba siete de los más de doscientos folios que el magistrado de la Audiencia Nacional dedicaba a esta primera parte del sumario que salpica de pleno al Partido Popular.

En Moncloa empezaron a sonar las alarmas y los teléfonos. Los amanuenses y escribidores ultimaban el discurso de las medidas anticorrupción que el presidente presentaría el día siguiente en el Congreso. Guerra a la corrupción, medidas contra los defraudadores, transparencia en las cuentas de los partidos... Los afilados lápices perfilaban los datos y los textos. Ni un centímetro a la improvisación cuando, de repente, el bombazo.

El juez Ruz, en contra de su tradición de emitir sus autos los viernes, había cambiado de día. Y emitió la resolución de cierre de la primera parte de la Gürtel que hizo temblar Moncloa y alrededores. El partido, lo previsto, salía retratado. Pero Mato, ahí la sorpresa, también. Revuelo general en los altos despachos del PP y en los cuarteles generales de Moncloa. Fuego graneado de telefonazos sobre la oficina del presidente. Un inaudito zafarrancho general a la hora del almuerzo.

Telefonazos unánimes

Barones de postín, veteranos de provincias, diputados de confianza, miembros del Gobierno..."Hay que hacer algo, hay que cesarla y hay que hacerlo ya", le apremiaban, respetuosamente, al presidente. El móvil de Rajoy hervía con un consejo unánime. Prescindir de Ana Mato, la ministra salpicada, la esposa de Sepúlveda (ese alcalde indigno), la mujer del Jaguar en el garaje, la inepta del ébola... Pero también, la histórica del PP, treinta años en el partido, apadrinada del matrimonio Aznar en los orígenes y prohijada luego por el propio Rajoy. La hizo ministra pese a los escándalos de las corruptelas de su esposo. La aprecia y la ha defendido con firmeza. Hasta el miércoles. Hasta que llegó Ruz.

Estaban en el despacho del presidente algunos de los más fieles."O Mato o tú", vino a resumir la situación una persona de enorme confianza. Había que sacrificar a la ministra para despejar la zona en el Congreso en el día D de las medidas contra la corrupción. ¿Cómo hablar de medidas de regeneración con la ministra allí sentada, en la bancada azul? Un despropósito. Rajoy, a su pesar, lo vio claro. El partido estaba efervescente y en el Gobierno, su gente de confianza no tenía dudas. "Tiene que irse pero… ¿quién se lo dice?", deslizó el presidente a los allí presentes, según se ha comentado luego en círculos del PP. La amistad en estos casos no es buena consejera.

A título lucrativo

Ana Mato había recibido el auto judicial sin particular preocupación. "Está tranquila", decían desde su despacho. Nada nuevo. Su equipo preparaba un comunicado en el que dejaban claro que Mato ni estaba imputada, ni acusada de nada. Es más, ni siquiera se tendrá que sentar en el banquillo. "Partícipe a título lucrativo", decía el texto de Ruz. Es decir, que se benefició sin saberlo de lo obtenido delictivamente por su esposo.

Pero llegó la llamada de presidencia. Ni nota ni nada.Rumbo a Moncloa a despachar con 'el jefe'. En otros tiempos, con el comunicado habría bastado. Pero el contexto ha cambiado. La corrupción es la bicha que persigue a los políticos y, en especial, al PP. Y la sesión parlamentaria del jueves... No podía ser.

Rajoy la recibió con enorme deferencia yla envolvió en el afecto de siempre. Hubo momentos de tensión, no con el presidente sino con alguno de sus colaboradores. La ministra tenía que ceder. Ya lo imaginaba en el coche rumbo a la carretera de la Coruña. Pero no fue fácil. Casi dos horas después, se elaboróel comunicado de renuncia y la ministra dejaba de serlo. "No quiero que mi permanencia pueda ser utilizada para perjudicar al Gobierno, a su presidente, ni tampoco al PP". Asunto zanjado. El entorno de Mato hacía circular la versión de que fue ella quien presentó la renuncia y que no hubo necesidad de demandársela. Otros testimonios difieren rotundamente con tan almibarada lectura del episodio. Mato no quería dimitir, elaboraba una nota de continuidad hasta que se le llamó a capítulo.

La ministra pasó la noche destrozada y envuelta en lágrimas, comentaba este jueves uno de sus fieles. Por la mañana, Rajoy se deshacía en elogios hacia su persona en su discurso contra la corrupción. El escaño de la ministra fue borrado del mapa para no poner fácil la foto de alguna portada. Sáenz de Santamaría asumía la responsabilidad de la cartera hasta el relevo, que se producirá la semana próxima. Y punto final.

La primera dimisión ministerial por corrupción de un Gobierno del PP estaba zanjada. Rajoy soltó lastre para poder presentarse en la sesión parlamentaria con la coraza impoluta. El combate con Pedro Sánchez se anunciaba fiero. Pero no lo fue. Y la exministra Mato continuará en su escaño a título de diputada de a pie. A la espera del juicio. Como Griñán en el Senado, a la espera del Supremo.


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