El presidente del Gobierno se resistió hasta el último momento a dejar caer a la ministra de Sanidad

Rajoy acaba sacrificando a Ana Mato para poder superar este jueves su examen contra la corrupción

El juez Pablo Ruz ha terminado jugando una mala pasada a Mariano Rajoy tras cinco años de instrucción del ‘caso Gürtel’. Justo la víspera del gran examen del presidente del Gobierno sobre la corrupción en el Parlamento, le ha obligado a sacrificar a una de sus ministras más queridas, a la que siempre le ha ligado una relación de afecto. La actitud de Ana Mato favorable a dejar el cargo y las presiones internas de los barones han acabado por precipitar el relevo en Sanidad.

Ana Mato siempre ha sido para Mariano Rajoy una mujer disciplinada y entregada al partido, puro ‘aparato’, conciliadora en los momentos difíciles, y leal a quienes han depositado en ella su confianza, primero José María Aznar y más tarde el actual inquilino de La Moncloa. Ha gozado también de las simpatías de Javier Arenas, uno de los principales asesores del presidente. Con estos sentimientos, hasta media tarde de este miércoles Rajoy dejó abierta la puerta a que Mato continuara al frente del Ministerio de Sanidad, ya que no está imputada por el magistrado Pablo Ruz en la investigación del ‘caso Gürtel’ que lleva abierta en su juzgado desde 2009. Sin embargo, los consejos recibidos por el presidente de sus asesores en La Moncloa, el nerviosismo generado en amplios sectores del PP y, sobre todo, la actitud de la propia ministra, resistente a encarar una nueva ofensiva por parte de toda la oposición y de los medios de comunicación, llevaron a Rajoy a dejarla caer. En el entorno de Rajoy todo eran este miércoles por la noche parabienes para Mato. "Su tarea en el Gobierno ha sido magnífica y le honra su decisión de dimitir", decían anoche desde La Moncloa.

Ana Mato le contó a Rajoy que no se sentía capaz de resistir una nueva ofensiva de la oposición y de los medios

El presidente del Gobierno anunció hace dos semanas en un acto de su partido en Cáceres que este jueves cogería, finalmente, el toro por los cuernos, se pondría al frente de la manifestación y afrontaría en un debate monográfico en el Congreso el problema de la corrupción. Lo que no sabía Rajoy es que la víspera, el juez Pablo Ruz, cinco años después de iniciar la instrucción del ‘caso Gürtel’ iba a soltar un torpedo contra su ministra de Sanidad, señalándola como beneficiaria de la trama encabezada por Francisco Correa que enriqueció a su exmarido, Jesús Sepúlveda, cuando era alcalde de Pozuelo. La ceguera ante el Jaguar aparcado en el garaje es difícil de olvidar.

Fuentes gubernamentales, señalan que Rajoy tenía dos alternativas: o cesar a Mato y encarar el debate de este jueves con una cierta ventaja sobre el PSOE o “ponerse una venda” y aguantar el chaparrón frente a una oposición que, en esta ocasión, actuará bastante unida. Un veterano parlamentario del PP reconocía este miércoles por la tarde que con Mato sentada en el banco azul, el discurso que este jueves pronunciará Rajoy desde la tribuna “hubiera nacido muerto”, resultando “una pantomima” de principio a fin. De hecho, nada más conocerse este miércoles al mediodía el auto del juez Ruz, pocas horas después de que el propio Rajoy compareciera en la sesión de control, entre los diputados del PP prevaleció el comentario de que, en esta ocasión, al presidente no le quedaba otra salida que sacrificar a la ministra. Rajoy lleva una semana preparando con sus asesores este debate, en el que se propone demostrar, precisamente, su voluntad de tomar la iniciativa en la lucha contra la corrupción, uno de los problemas principales que aparece en todas las encuestas de opinión.

El PSOE, lastrado por Chaves y Griñán

Es verdad que Ruz no imputa a Mato ningún delito ni le atribuye responsabilidad penal alguna, como la propia interesada argumentó este miércoles en un comunicado, pero su continuidad en el Gobierno hubiera erosionado a todo el Gabinete y al partido en un momento en el que el electorado, no solo de izquierdas, atribuye una cierta indolencia a las instituciones ante los escándalos que circulan por los circuitos judiciales.

Aparte de las medidas legislativas con la que Rajoy intentará convencer este jueves a su audiencia del firme compromiso del Gobierno contra la corrupción, la artillería de la que dispone contra el PSOE y el resto de los partidos no puede considerarse menor, aseguraban anoche fuentes parlamentarias. Los socialistas aún tienen pendiente de resolver qué hacen con Manuel Chaves y José Antonio Griñán, los dos últimos presidentes que ha tenido el partido, después de la investigación abierta por el Tribunal Supremo por el caso de los ERE andaluces. No es un caso menor, primero por las responsabilidades que ambos han ocupado en su formación y segundo por la controversia interna que ha generado el qué hacer con ellos, si obligarles a que dejen sus escaños sin haber sido todavía formalmente imputados o ganar tiempo y confiar en que no se les llegue a abrir juicio oral. En cualquier caso, este es un tono que a Rajoy le gustaría evitar en el debate, ya que el “y tú más” siempre ha sido terreno abonado para que Rosa Díez salga a hombros, acompañada ahora desde fuera del Parlamento por Podemos.

Con Ana Mato sentada en el banco azul, el discurso de Rajoy contra la corrupción hubiera nacido muerto, aseguran en el PP

Rajoy llega a este duelo parlamentario consciente de que numerosos barones de su partido se encuentran alarmados con la pasividad del Gobierno ante los últimos casos conocidos y el coste electoral que ello puede reportarles en las elecciones de mayo. El presidente anunciará este jueves algunas medidas novedosas para combatir la corrupción, además de la reforma de la leyde Enjuiciamiento Criminal que lleva semanas ultimando el Ministerio de Justicia para agilizar los procedimientos penales. “La lógica nos diría que ningún grupo puede atreverse a levantar demasiado la voz en un debate como el de este jueves, pero la experiencia anticipa justamente lo contrario”, relataba este miércoles por la noche un diputado del PP, recordando las vergüenzas que anidan en la práctica totalidad del arco parlamentario.


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