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Madrid, en la antesala de los Juegos Olímpicos: ¿oportunidad de futuro o nuevo episodio de despilfarro?

Hoy a las 22.30 horas la alcaldesa Ana Botella se juega su carrera política y Mariano Rajoy hundirse un poco más en el lodo. Con una ciudadanía hasta ahora apática con Madrid 2020, ‘Vozpópuli’ analiza el argumentario de la candidatura para defender el tercer asalto olímpico consecutivo de una capital ahogada en deudas. 

Ana Botella y el Príncipe Felipe pasean por los alrededores del Hotel Hilton de Buenos Aires esta semana.
Ana Botella y el Príncipe Felipe pasean por los alrededores del Hotel Hilton de Buenos Aires esta semana.

Un notable calor recorre estos días Madrid, enrarecido por intervalos de sol y nubarrones negros. Temperaturas a mediodía de treinta grados que no terminan de ver la lluvia son la perfecta metáfora de lo que esta ciudad, capital de España de 3,5 millones de habitantes, se juega hoy a las 22.30 horas en Buenos Aires: o ver una luz, es verdad que difusa, al final del túnel o aguantar un chaparrón de consecuencias impredecibles. A esa hora se sabrá si dentro de siete años Madrid recoge la etiqueta de Madrid 2020, frente a Estambul y Tokio. Junto a la Puerta de Alcalá se cuece una fiesta que puede mutar en funeral si las cosas se tuercen.

Sol o lluvias, y algo más: ¿oportunidad de futuro o fracaso asegurado si Madrid gana, si sale el sol? En realidad, es tan difícil prever tanto lo uno como lo otro; es tan complicado demostrar el éxito del mayor evento deportivo por antonomasia como saber quién de las tres candidatas se llevará hoy los Juegos entre una maraña de delegados del Comité Olímpico Internacional cuyas opacas inclinaciones y escándalos pretéritos no ayudan a uno a formarse una buena opinión de ese sanedrín de notables, precisamente.  

Los nubarrones poseen varias aristas, y su lectura política puede simplificarse de la siguiente manera: si Madrid no gana, será el fin de la carrera de Ana Botella y más sal en la herida, ya muy profunda, del Gobierno de Mariano Rajoy. Si Madrid gana, esa luz de un túnel de siete años de longitud no debería de simplificarse tanto: ¿será la oportunidad que el Ayuntamiento vende? Este medio ha querido analizar los pros y los contras del argumentario de la candidatura pre-olímpica. 

“Los Juegos acelerarán la recuperación económica”. Discutible, por no decir algo más. Esta semana Vozpópuli publicó un estudio que viene a decir que históricamente los JJOO le salen rentables a países en desarrollo, los cuales precisan de una gran inversión pública. Y ni Madrid está en vías de desarrollo ni se destinarán, al menos a medio plazo, ingentes cantidades de dinero. El análisis, que cruza datos de organismos oficiales, apenas si salva a urbes occidentales que rentabilizaron el tema, como Sidney (Londres está por ver), que aun así tuvo que encarar una burbuja inmobiliaria nada más terminar el acontecimiento. México D.F., Múnich, Montreal, Moscú, Los Ángeles… todas perdieron. Aunque, visto ahora, el balance de Barcelona’92 se considera uno de los mejores de la historia, la crisis de los 90 se tragó los beneficios esperados y destruyó tantos empleos como había creado. La palma se la lleva Atenas 2004: los platos rotos de la inversión se siguen pagando hoy con resultados desastrosos…

Con todo, ¿ha encargado el Ayuntamiento algún estudio de mercado fiable? Los pocos datos disponibles sobre el asunto proceden de patrocinadores de la propia candidatura, y no casan en absoluto con el informe de marras. 

“Madrid tiene el 80% de las infraestructuras terminadas”. Esto está muy bien, pero, ¿quiere el COI que el ejemplo londinense (cuyo éxito, por lo poco que se conoce, se basa en que la economía de la capital británica no se ha resentido tras el espectáculo), sea norma a la hora de designar sede? ¿Quiere el COI predicar con los llamados Juegos de la Austeridad? Al COI le importa un bledo que una ciudad como Madrid se haya gastado cerca de 10.000 millones de euros en infraestructuras para los Juegos sin tener los Juegos. Y de todo ese dispendio todavía adeuda el 80% a los bancos.

Pero hay incluso quien cuestiona esta afirmación: “Madrid no tiene el 80% de las inversiones hechas. Tiene que mantenerlas durante siete años y tiene que hacer frente a imprevistos, además de contar con el inevitable sobrecoste de la recta final. Yo temo que estos Juegos, si nos los dan, terminen siendo unos de los más caros de la historia”. La fuente es una persona que ha trabajado en una de las dos candidaturas precedentes. Efectivamente, ¿quién asegura el mantenimiento de una Caja Mágica (300 millones) sin actividad en el septenio que queda? Botella asegura que faltan solo 1.500 millones. ¿Seguro?  

“Los Juegos abrirán Madrid al mundo”. Madrid es una capital acogedora y bella, sin los monumentos emblemáticos de París, Berlín o Barcelona: poco tiene que demostrar en unos Juegos, especialmente si, como dice, ya cuenta con el 80% de las obras terminadas. Sin los problemas estructurales que planeaban sobre Barcelona antes de 1992, Alberto Ruiz-Gallardón se lanzó nada más llegar a la alcaldía (2003) a una alocada competición inversora que solo se detuvo con su salida calculada hacia el Ministerio de Justicia, a finales de 2011. Lo recuerdan en la Federación Regional de Vecinos (FRAM), prácticamente los únicos que se opusieron a los Juegos de 2016: “Madrid es una ciudad terminada”. La M-30 ahogó a la capital en deudas y costó lo mismo que el pasivo que arrastra: 8.000 millones de euros. 

“Madrid 2020 generará 50.000 empleos”. Y ya puestos, ¿por qué no 100.000, o 200.000? 50.000 es lo que indicó ayer el consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria. Pero es que la candidatura hablaba de 86.000 en junio. ¿A quién creer? Ni una ciudad por hacer, como lo fue Barcelona, generó una empleabilidad desbordante: el paro bajó un 2,3% la víspera y remontó un 2% al terminar los Juegos. Pero es que Madrid no es una ciudad por hacer, sino una urbe ya hecha, lo que, a buen seguro, dará menos trabajo. 

“El éxito de los Juegos dependerá de cómo se gestionen éstos”. Touché. El problema es que no es lo mismo organizarlos desde cero que desde cien. Río de Janeiro o Pekín dan buena cuenta de ello: mientras que la megalópolis brasileña ya ha conocido enormes protestas por dedicar a macro-eventos más atención que a su propia población, las previsiones chinas desbordaron la realidad (El Nido, el carísimo estadio olímpico pekinés, está hoy tan infrautilizado como la Caja Mágica).

El problema es que Madrid se presenta sin un Plan B, una alternativa económica más allá de la cita bonaerense. Ahora mismo todos los planes de reestructuración, todos los EREs y despidos municipales que vengan a continuación, todas las privatizaciones, están supeditados a lo que pase esta noche a las 22.30 horas. Y el asunto de la gestión es un arma de doble filo que Gallardón y Botella conocen bien: para una ciudad que paga tarde a sus proveedores y que no tiene ni para asumir el coste de servicios esenciales como la recogida de basuras, obtener un evento de este calibre con un margen de siete años la permite ser rescatada todo ese tiempo por el Estado, que no va a dejar caer así, por las buenas, a toda una ciudad olímpica.   

“Nos apoya el 91% frente al menor apoyo de Tokio y Estambul, llenas de problemas”. Con el debido respeto, ¿de dónde sale ese fervor olímpico en un país que lleva metido en la crisis seis años y que ya ha visto fracasar a Madrid en dos intentos? El cachondeo que estalló el jueves en la red al conocer esa encuesta fue general. Cualquier residente capitalino puede ver que tal pasión no se ha dado en los últimos dos años.

En cuanto a Fukushima y las protestas estambulitas, hay poco que añadir. Bueno sí: caso Bárcenas, caso Urdangarín, caso Madrid Arena, 27% de paro, posibilidad de intervención financiera, crisis...


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