Sonora intervención en el Club siglo XXI

Botella, una retirada por peteneras

"Ha sido el principio de su retirada, aunque ella a lo mejor no lo sabe". El sonoro discurso de Ana Botella en el club Siglo XXI se ve en el PP como el anticipo de una despedida más que el de una renuncia. Botella está decidida a seguir en la lucha, pero su futuro tiene las piernas muy cortas.

Ana Botella en el Club Siglo XXI
Ana Botella en el Club Siglo XXI efe

La petenera es un palo flamenco teñido de dolor, desgarro y pérdida. Ana Botella se alineó por primera vez con las voces más críticas de su partido, que encabezan su propio esposo, José María Aznar y la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, en su discurso en el club Siglo XXI, que dirige con certero pulso Eduardo Zaplana.

Botella, que ha superado con dificultades algunos reveses demoledores como el caso Madrid Arena, el revés al sueño olímpico o la huelga de la limpieza, dibujó un panorma crítico hacia la realidad de su partido y su incierto futuro. Fue una intervención medida y sólida, pero muy distante con las tesis que se defienden desde Génova e incluso en la Moncloa.

Una frase clave, por ejemplo, fue su referencia a que hay "pasivos" en el PP que oscurecen su labor. El partido, dijo, se ha despegado de su ideario y lo está empezando a sufrir en las encuestas. Aviso a navegantes, a los dirigentes de su formación que se han alejado de los principios que siempre se han caracterizado al partido.

Botella sumergió su mensaje en la política nacional y advirtió sobre algunos aspectos que conmocionan a la sociedad, como la corrupción, el secesionismo catalán o las consecuencias de la derogación de la doctrina Parot, para concluir que "hay una fragmentación significativa en la base electoral del PP". Esta frase ha chirriado notablemente en algunos despachos monclovitas, donde suena a reproche excesivo. "Es el momento de animar, de empujar, de crear ilusión, no de hacerle el discurso al PSOE", comentaba esta mañana una alta fuente de la formación.

Presencias y ausencias

Un miembro del Gobierno, Ruiz Gallardón, el vicesecretario general Javier Arenas y el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, asistieron a la velada. Aznar no estuvo junto a su esposa por un compromiso en los EE.UU.

La alcaldesa, en su contundente intervención, con palabras suaves pero de fondo muy firme, realizó un severo diagnóstico que los males que, a su parecer, afectan a su formación. "Tenemos que hacernos responsables, no podemos transferir a la sociedad la responsabilidad de hacer nuestro trabajo", mencionó en referencia directa no sólo a la clase política sino a sus propios colores. Y remachó: "Los españoles creen que la política les está fallando. Esto es algo que el tiempo no va arreglar por sí solo", deslizó en sutil referencia, o al menos así se vió en Génova, a la fama de Mariano Rajoy a optar porque los problemas se solucionen solos, por el inmovilismo y el tancredismo.

Parot y Bárcenas

Mención muy especial realizó sobre la doctrina Parot, que el Gobierno ha "vendido" como un mal que nos vino desde Europa, que nos endilgó el Tribunal de Estrasburgo y frente al que nada se podía hacer. "Hay una lógica perplejidad ante el hecho de que decenas de los más peligrosos criminales se encuentren repentinamente en la calle, cuando la evidencia indica que permanece intacta su voluntad de seguir causando daño a una sociedad que parece incapaz de defenderse de ellos adecuadamente". Otra vez en una línea muy distante a lo que se propugna desde el Gobierno. "Cunde una sensación de desamparo, de inseguridad y de injusticia", redondeó dramáticamente su andanada, para añadir que lo mportante es hacer que la ley se respete. Y ahí enlazó con la corrupción, subliminalmente con el "caso Bárcenas" y con algunos de los episodios menos eificantes que sacuden su partido al reclamar que "las conductas reprobables" sean castigadas.

No olvidó la obligada referencia a la unidad nacional y a la defensa de la Constitución, al subrayar, con relación a Cataluña, que "es necesario rechazar cualquier tentación de sectarismo o de exclusión. Dar ejemplo de esto no puede ser una posición táctica sino una obligación". Nada, pues, de contemplaciones, negociaciones y tentciones de transigir con los nacionalistas.

En suma, Ana Botella, miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PP, que hasta ahora había mantenido en su discurso una línea de discreción y de seguimiento formal de lo señalado desde las más altas instancias de su partido, un paso significativo en la noche del lunes al desmarcarse de la postura oficial y sumarse a las posiciones que defiende gran parte del PP de Madrid, con su presidenta a la cabeza. "Botella hizo 'un Aguirre' pero no sabemos con qué intenciones", señalan las fuentes mencionadas..

Aguirre es precisamente, quien según los rumores que circulan por Génova, puede ser su gran rival para encabezar las listas de su formación en las próximas municipales. La intervención de Botella, sin duda valiente y sincera, puede haber significado, involuntariamente, el principio de su retirada, el primer gran obstáculo que ponga fin a su voluntad de seguir en el puesto de mando de Madrid y de concurrir por vez primera a unos comicios municipales como cabeza de cartel. Fuentes del partido especulaban anoche con la posibilidad de que la alcaldesa ha ejecutado este movimiento inédito consciente de que su futuro está ya escrito y ha mostado su decisión de hablar finalmene claro y sin eufemismos. Dolorosamente. Por peteneras.


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