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Dos años con Botella de alcaldesa: tres crisis, un falso superávit y una deuda desbocada

La regidora madrileña recibió de Gallardón una herencia envenenada que no ha sabido encarar: mientras ella, ayudada por Hacienda, vende en el PP su gestión económica, la deuda viva supera los 10.000 millones, casi el doble de lo fijado en el Plan de Ajuste, como denuncia el PSOE. La tragedia del Madrid Arena barrió a su equipo, el tercer intento olímpico ridiculizó la imagen del Ayuntamiento y la huelga de basuras evidenció las carencias de un equipo agotado tras 22 años de gestión popular. 

Ana Botella el pasado 21 de diciembre durante una entrevista con la agencia Efe.
Ana Botella el pasado 21 de diciembre durante una entrevista con la agencia Efe. EFE

El viernes se cumplieron dos años de la investidura de la primera mujer como alcaldesa de Madrid. ¡Y qué mujer! En su discurso de bienvenida del 27 de enero de 2011 en el Palacio de Cibeles, Ana Botella asumió el cargo destacando la “referencia personal y política” de su marido José María Aznar y alabando la figura de su predecesor Alberto Ruiz-Gallardón, “un hombre que piensa en grande”. Un sentir, este último, que no pudo ser más certero: tan grande pensaba el actual ministro de Justicia que fue él quien impulsó todas las obras que la capital no necesita, haciendo de la deuda una gangrena imposible de rebajar; fue él quien decidió entrampar a Madrid en su tercera y maldita carrera olímpica meses antes de dejar el cargo; fue él, siempre él, el que ideó los contratos integrales de limpieza, alumbrado o recogida de basuras. Fue él el que, acorralado por los aguirristas de su partido y ansioso por largarse de la capital, puso a su vera en las listas a ella, que llevaba de concejala desde 2003.

Dos años después, Botella está más viva de lo que parecía hace muy poco: sueña con ser la candidata municipal en 2015 y airea su supuesta buena gestión económica entre los colegas del partido, la mayoría enfangados en mil frentes –Bárcenas, Gürtel, aborto, leyes de seguridad, Caja Madrid, etcétera- y sin tiempo para examinar las cuentas del Consistorio más grande de España. Ella lo dice en público y a quien la pregunta dentro del PP. Hasta el Ministerio de Hacienda la ha echado un capote y todo, al reconocer el secretario de Estado, Antonio Beteta, un superávit para la capital en 2013 de 1.000 millones, “lo que le permitirá asumir competencias que no le corresponden” según la nueva Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local, a saber: mantener el Samur y los Servicios Sociales, que la Comunidad de Madrid no quiere gestionar.

Un superávit que el portavoz socialista, Jaime Lissavetzky, ha tildado de “ficticio” por ser una “engañifa”. Dirigente tenido por moderado, hace tiempo que los puentes entre la alcaldía y Lissavetzky (y por ende, toda la oposición) están completamente rotos. En uno de los últimos plenos, el líder de la oposición estalló y la tildó de "impresentable" e "incapaz". 

Botella cuenta como superávit el plan de proveedores y créditos para pagar deudas que luego ha de devolver

Visto con lupa, el argumento de los mil millones de superávit es un mal truco de prestidigitador de verbena, pero nadie excepto la oposición (PSOE, IU, UPyD) ha querido escarbar en él. Se logra de la siguiente manera: primero, contabilizando la línea de liquidez habilitada por Hacienda como segundo plan de pago a proveedores por valor de 350 millones de euros. Segundo, haciendo lo propio con los créditos demandados para refinanciar tantola deuda asumida por la Empresa Municipal de la Vivienda (338 millones) como la deuda subrogada de Madrid Espacios y Congresos (265 millones). En total, los tres préstamos ascienden a más de 950 millones, una cantidad que el Ayuntamiento tendrá que devolver pero que en 2013 la ha incluido del lado de los activos. “Es como si pido una hipoteca y ese día digo que tengo superávit”, protesta la responsable económica del PSOE local, Noelia Martínez. “El detallito es que estaré más endeudada y posiblemente a 40 años. Por eso la decimos que si hay superávit lo invierta en servicios sociales o en devolver la extra a los funcionarios”.

Para la edil socialista, Botella “cuadra sus números a martillazos sobre el papel”, pero en realidad se trata de un “presupuesto de recortes cuyo capítulo principal es el dedicado a pagar la deuda”. Una palabra, deuda, que representa el hueso duro, el principal de los males que acechan al Ayuntamiento en los últimos tiempos. La alcaldesa saca pecho con el superávit pero no con la deuda, que se ha desviado una barbaridad del Plan de Ajuste lanzado en 2012 y que abarca hasta 2022.

Según dicho plan, el 31 de diciembre de 2013 la deuda viva ascendería a 5.935 millones de euros. Pero el pasivo a largo plazo al cierre del curso se situará en 7.701 millones, dos mil millones más de lo marcado. Si a esa carga le sumamos otros 2.500 millones de euros que la ciudad debe abonar a corto plazo, la deuda viva rebasa los 10.000 millones, casi el doble de lo pronosticado por el Plan, que ha tenido que ser revisado este mismo año. Al final no todo era culpa de Gallardón, quien legó a la esposa del expresidente Aznar una deuda de 6.348 millones antes de escapar con Mariano Rajoy.

“Madrid necesita un nuevo rumbo tras 22 años de mayorías absolutas del PP”, dice David Ortega (UPyD)

Ana Botella ha realizado un maquillaje impoluto que le ha permitido renovar fuerzas en la recta final del año. Ella, que hace un año practicaba funambulismo sobre un fino alambre tras conocerse que viajó a un lujoso spa de Lisboa junto a Aznar en medio de la tragedia del Madrid Arena, cuando aún iban a morir dos de las cinco víctimas, sigue viva y respira. Por la desgracia acaecida en el pabellón municipal tuvo que fulminar a la cúpula municipal, incluidos los carismáticos Pedro Calvo y Miguel Ángel Villanueva, y a su querido Antonio de Guindos (hermano del ministro de Economía), pero esas maniobras ya quedaron atrás, y ahora se permite ser un verso suelto y dar lecciones al presidente del Gobierno sobre la unidad de España.

La derrota olímpica no solo puso en duda las escasas opciones de Madrid para albergar los Juegos de 2020, ni tampoco la probada descoordinación de Botella al hablar inglés (no es que lo hable mal: es que el café no era relaxing), sino la vergonzosa actitud de los estamentos oficiales de un país al soportar un proyecto contra viento y marea, sin ninguna garantía de buena gestión económica. La huelga de limpieza de noviembre coronó una gestión desastrosa: a los 13 días del paro, con la ciudad sumida en la inmundicia, la alcaldesa rectificó sin más, un giro que inexplicablemente atribuyó a la reforma laboral. Todo es inexplicable en la Villa y Corte de Madrid, tan enrarecida últimamente, perdiendo turismo, privatizando teatros e inaugurando como medida estrella carriles de bici empotrados entre coches y autobuses, solo aptos para ciclistas kamikaze.     

Secesionismos aparte, no hay duda que Barcelona le ha comido la tostada a Madrid. Para el portavoz de UPyD, David Ortega, "la capital no tiene una alcaldesa a su altura". Ortega pone ejemplos: "Crisis tan graves como la del Madrid Arena, por la que la cúpula de la Policía Municipal está siendo investigada por posible manipulación de documentos oficiales, y el fracaso olímpico. Pero el problema no son las personas, son las políticas. Y Madrid necesita un nuevo rumbo tras más de 22 años de mayoría absoluta del PP".   


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