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La última batalla del PSOE de Rubalcaba

   

Todo estaba listo para, a finales de noviembre de este año, celebrar unas elecciones primarias abiertas encargadas de elegir al candidato socialista a la presidencia del gobierno. Los aspirantes no eran muchos: Patxi López, muy próximo a Pérez Rubalcaba y a la vieja guardia; Carme Chacón, a quien las encuestas daban como favorita pese a su colaboración en los gobiernos de Zapatero; Pedro Sánchez, un joven y apuesto diputado crecido a la sombra de Pepe Blanco y un auténtico outsider, y el controvertido Eduardo Madina. El incombustible Rubalcaba se cuidaba muy mucho de revelar en público sus intenciones, aunque en privado movía sus piezas de forma febril. El secretario general disponía de encuestas internas (encargadas a Metroscopia, la encuestadora de Wert, Toharia -que trabaja también para El País- y Arriola, sí Pedro Arriola, el gurú de Mariano Rajoy, todo un ejemplo de “bipartidismo demoscópico”) que indicaban que sus posibilidades de vencer en un proceso abierto de primarias eran cero o próximas a cero, y que en ningún caso superaban el 5% del voto potencial. 

El problema de Rubalcaba es sencillo: está dispuesto a todo menos a renunciar al cargo y abandonar la política activa. No quiere retirarse. De modo que si no quería sufrir un llamativo revolcón tenía que buscar un candidato con posibilidades, dispuesto a cohabitar con él. Ese candidato, reveló a sus íntimos semanas antes de las europeas, no era otro que Madina, uno de sus colaboradores más cercanos en la dirección del PSOE, actual Secretario General del grupo parlamentario socialista. Eduardo reúne todos los requisitos: una imagen inmaculada de chico bueno capaz, sin embargo, de ponerse de perfil cuando es menester, y una nula identificación pública con Rubalcaba. Por si ello fuera poco, se deja manejar con facilidad por Elena Valenciano, número dos de Alfredo, una relación que viene de lejos, del instante en que, tras perder el amparo de Rosa Díez (de quien fue asistente) en el Parlamento Europeo, buscó la protección de Valenciano. Su carácter dócil, en fin, le convierte en el candidato perfecto para cohabitar con Rubalcaba. “Soy el secretario general soñado por Edu”, Rubalcaba dixit a sus allegados. 

En esa dirección caminaba decidido el grupo dirigente del PSOE, con el citado trío a la cabeza, hasta bien entrada la tarde del pasado 25 de mayo. Las encuestas de Metroscopia les vaticinaban un empate con el PP, e incluso una victoria por muy escaso margen. 

El impacto del 25-M

Los resultados de las europeas surtieron un efecto devastador en la sede de Ferraz. El PSOE obtenía el peor resultado de su historia: poco más del 23% (3,5 millones de votos), cuando nunca había bajado del 28% y de los 4,5 millones de votos. 

La primera reacción del Rubalcabateam consistió en trazar una estrategia de supervivencia: adelantar a julio las primarias abiertas previstas para noviembre y seguir con la candidatura de Madina. Por el camino, las europeas se habían cobrado una primera víctima mortal, Patxi López, que ha obtenido al frente del PSE el peor resultado de todo el socialismo: 13% del voto, menos aún que un maltrecho PSC (14%) castigado por el proceso soberanista. 

Entonces entra en acción Susana Díaz, líder de una poderosa federación andaluza que agrupa al 25% de los afiliados al PSOE y que acaba de aportar el 30% de los votos cosechados en las europeas. Pero Susana tiene otros planes. Susana lleva meses trabajando primorosamente su relación con los poderes fácticos. En efecto, acude con frecuencia a La Zarzuela, lo mismo que a la finca de Felipe González en Extremadura, y es recibida con total normalidad por los Botín, Alierta y compañía. De modo que la noche del 25 hace valer sus resultados (aunque en Andalucía el PSOE desciende también un 13%, lo hace en menor medida que la media nacional y mucho menos que el PP andaluz, que se descalabra y que, al fin y al cabo, es lo que importa), y emplaza a Rubalcaba a abandonar la secretaría general y convocar Congreso Extraordinario para finales de julio. Alfredo, eso sí, consigue arrancar una prórroga que le permite mantenerse esos dos meses en su despacho, evitando el bochorno de salir por la puerta de atrás como le ocurrió al pobre Almunia. El secretario general convoca el lunes 26 una rueda de prensa en la que explica que se aplazan las primarias abiertas porque la dirección carece de legitimidad para pilotarlas, y en su lugar anuncia el Congreso Extraordinario que Díaz le había exigido. 

El plan inicial diseñado por el equipo Rubalcaba había descarrilado. Se había impuesto la hoja de ruta de Susana Díaz: Congreso Extraordinario y dimisión “en diferido” de Alfredo. Era cuestión de dejar transcurrir un par de días de duelo por el resultado electoral y esperar la llamada de los barones reclamando la intervención salvadora de Susana que, dispuesta a dirigir el partido con puño de hierro, sería elegida Secretaria General por aclamación. 

Los dueños del aparato reaccionan

Pero Rubalcaba y sus fieles no se conforman. En las bases surgen protestas contra la suspensión de las primarias abiertas. Las fomentan tanto Chacón (que llevaba reclamándolas años) como el propio Madina, que se ve fuera de juego y desplazado por Díaz, con quien mantiene una pésima relación personal y política que se remonta a la época en que ambos coincidieron en las juventudes socialistas. 

En la tarde del lunes, y más extensamente el martes por espacio de tres horas, Rubalcaba, Valenciano y Madina mantienen una reunión en la que diseñan un plan para tratar de aguarle la fiesta a Susana. La andaluza, que esperaba ser elegida por aclamación, se verá obligada a competir. La lideresa que odia concurrir a elecciones (en Andalucía evitó que nadie le disputara la secretaría general e incluso impidió que otros candidatos obtuvieran los avales mínimos), tendrá que hacer campaña y correr el riesgo de perderlas. Con esta treta, Alfredo espera obligarla a negociar y no descarta incluso hacerla desistir. 

La operación se ejecuta con brillantez y con el auxilio habitual de El País. Una vez cerrado el pacto en las oficinas del Congreso de los Diputados, el diario amanece el miércoles 28 con un titular a cuatro columnas en primera que ningún otro medio comparte: “Sectores transversales del PSOE presionan para que voten en el Congreso todos los militantes”. A primera hora de la mañana, los animadores de las redes sociales de Madina, encabezados por César Calderón (colaborador habitual de Rubalcaba/Valenciano) cambian el hashtag #primariasabiertas, por el nuevo #1militante1voto. A las 9 en punto, Madina comparece en el Congreso y solemnemente anuncia que “solo me presentaré al Congreso del PSOE si pueden votar los militantes”. Un par de horas después, el departamento de prensa de Ferraz envía a los periodistas que siguen al partido el aviso de que “La dirección estudiará con interés la iniciativa de Madina, que considera razonable y fundada”. A mediodía los titulares de los digitales ya han comprado la mercancía: “Rubalcaba cede y permitirá votar a los militantes”. 

Y ahí tenemos a Madina, el “tapado” de Rubalcaba –además de estrecho colaborador- para las primarias abiertas suspendidas, convertido de repente en el héroe de las bases, el líder en ciernes capaz de ablandar el corazón de un veterano como Alfredo, a quien convierte a la causa democrática del “un militante un voto” justo en el momento de su agonía política. Ese es el éxito de la operación: revestir de gran logro democrático lo que no pasa de ser una maniobra del moribundo aparato de Ferraz que, con ello, además, arruina los estatutos del PSOE tal como fueron redactaron hace más de 100 años. 

Estupor general

El cambio es acogido muy favorablemente por los militantes, que ignoran los pormenores de una maniobra orquestada por la dirección saliente destinada a cerrar el paso a Díaz. Las bases parecen conformarse: no habrá primarias abiertas con participación de los ciudadanos, pero al menos ellos podrán votar en ese Congreso. Chacón queda desconcertada: apenas 24 horas antes defendía la causa de las primarias abiertas junto a Madina y no entiende el cambio de actitud de éste. Lo de Susana Díaz, en cambio, no es desconcierto, sino indignación. Más ducha en temas orgánicos, comprende al instante que se trata de una maniobra que busca frustrar su elección por aclamación. Tampoco puede oponerse públicamente al voto de los militantes, porque eso la dejaría en muy mal lugar ante sus bases. Su secretario de organización, Juan Cornejo, condesciende y declara que “suena bien la propuesta” mientras se reserva su verdadera opinión. 

La reacción de Díaz es denunciar la operación a través de algunos medios, que titulan “Rubalcaba apoya a Madina para cerrar el paso a Susana Díaz”.  Realiza un segundo movimiento en clave orgánica, de cuya orquestación se ocupan Pepe Blanco y alguno de sus colaboradores más próximos. Para el jueves 29 de mayo se organiza un desfile de secretarios regionales ante las cámaras de televisión, proclamando su apoyo incondicional a Susana. Ahí quedan retratados desde Tomás Gómez de Madrid (“Con Susana al fin del mundo”), hasta Ximo Puig de Valencia y Emiliano García Page de Castilla-La Mancha. ¿Todos? No, hay dos excepciones: Javier Fernández, líder de Asturias, y González Vara, de Extremadura.  Madina y sus apoyos aguantan el tirón: “Está muy bien que opinen los barones; ahora hay que conocer la opinión de los 240.000 militantes”. Madina se anota también este asalto. 

A partir de ese jueves, el ambiente se enrarece y las declaraciones adquieren un cariz por momentos amenazador. Los andaluces califican a Madina y los suyos de “alianza de perdedores”. Desde Ferraz y el entorno de Eduardo se resucita la vieja imagen de Susana como una mujer del aparato, una líder sin escrúpulos decidida a impedir que hablen los militantes. Se cruzan amenazas y desafíos. En las asambleas de las agrupaciones el desconcierto crece, mientras se prepara la Comisión Ejecutiva del lunes 2 de junio en la que deberán aprobarse definitivamente las nuevas reglas de votación sugeridas por Madina y aceptadas por Rubalcaba. 

El forcejeo prosigue y en Sevilla se instalan las dudas. Algunos colaboradores de Díaz le piden que reflexione. No debe exponerse a una competición. Una eventual derrota echaría por tierra el bastión socialista de la Junta de Andalucía, sin olvidar que la sola competición serviría en bandeja a IU y PP andaluces la acusación de descuidar sus obligaciones de presidenta, movida por la ambición personal de saltar a la arena nacional. Otros, como los reincorporados Chaves y Zarrías, le animan a lanzarse a la conquista del poder nacional, mientras Rubalcaba mantiene en público una ambigüedad calculada y presume en su página de Facebook de haber promovido en el PSOE el mayor avance democratizador de su historia. 

El domingo 1 de junio, tras exhibir varias encuestas que la señalan en distintos medios como la favorita en unas Primarias abiertas en las que participase la calle, Carmen Chacón anuncia que no concurrirá al Congreso vote quien vote. En una carta dirigida a la militancia carga duramente contra Rubalcaba y Valenciano, a quienes atribuye personalmente el declive del partido y los resultados de las europeas. A continuación, señala que seguirá trabajando por la celebración de unas primarias abiertas con quien quiera acompañarla, y que en el inminente congreso apoyará a aquellos candidatos que se comprometan a poner una fecha para esas primarias. Termina anunciando que cuando se convoquen esas elecciones abiertas, concurrirá. 

El resto de candidatos a secretario general guarda silencio. Susana se hace de rogar; Madina calcula; Pedro Sánchez observa… Solo un prestigioso profesor de derecho, Pérez Tapias, ligado a Izquierda Socialista, da el paso al frente y anuncia su candidatura.  

La abdicación se cruza en el camino del PSOE

El lunes 2 de junio, con la ejecutiva reunida para aprobar las nuevas normas de votación, Rajoy aparece en televisión para anunciar la abdicación del rey Juan Carlos I. Rubalcaba comparece públicamente al término de la reunión y anuncia el pleno e incondicional apoyo de su partido a la Monarquía, manteniendo una posición idéntica a la de Rajoy (que será muy elogiada por el propio Rajoy) y comportándose como si aún fuera el líder indiscutido del PSOE, lo que incluye cortar con energía los brotes republicanos que aparecen en algunas federaciones y entre algunos diputados destacados, así como también las demandas de apoyo a una consulta. 

Aunque la noticia de la abdicación desplaza por completo al PSOE del foco de la actualidad, la ejecutiva aún alcanza a aprobar las reglas de la votación y un calendario en el que destacan dos fechas sonadas para estrenar el nuevo método de votación de los militantes: el 13 de junio, día del debut de España en el Mundial de Brasil, se inicia la recogida de avales; el 13 de julio, fecha de la final, votarán los militantes. ¡Acierto pleno!  

La primera semana de junio transcurre entre pequeñas escaramuzas, rumores varios propalados por algunos medios y un espeso silencio por parte de los candidatos potenciales. ¿Habrá votación? ¿Dará el paso Susana? ¿Aguantará Madina el tirón? 

La situación se presenta difícil para ambos. Para la andaluza supone correr riesgos y sufrir un inevitable desgaste, aún en el caso de vencer, sobre todo teniendo en cuenta que una victoria, por amplia que sea, siempre será menor que el 100% de apoyo al que aspira por aclamación. El riesgo no es menor para el otro aspirante. Madina teme a Susana, conoce sus métodos y sabe que no tiene contemplaciones con los rivales; Susana no hace prisioneros. Si pierde, será el final de una ilusión y de una carrera profesional que se inició cuando aún era menor de edad y que le ha llevado a peregrinar por todos los cargos del partido. 

De nuevo es El País el que el sábado 7 de junio apunta una posible solución: “El PSOE trabaja por la unidad en torno a Susana Díaz”, advierte en una breve información en primera página. En el interior, se glosan las ventajas de un pacto entre Susana y Madina, que recitan unos supuestos “muñidores” del mismo: “La situación delicada de España en todos los órdenes, incluida la abdicación del Rey, requiere que el PSOE tenga un proyecto sólido y dirigido por una persona con fuertes anclajes institucionales con todos los ámbitos económicos e institucionales de España”, anclajes que generosamente se reconocen a Díaz a pesar de su corta experiencia de gobierno. “También con el don Juan Carlos (sic) y con el Príncipe”. Naturalmente, en la dirección de ese pacto de “unidad” o “integración”, a Madina le está reservado un destacado papel, aunque supeditado a Díaz. 

En definitiva, un acuerdo de los de toda la vida entre notables, con la bendición de las altas esferas del país y oficiado como siempre por PRISA. Aunque en horas bajas, Juan Luis Cebrián siempre se ha reservado el derecho de veto de los dirigentes del PSOE. Que le pregunten, si no, a Borrell y Zapatero.

Acto final: la semana de pasión

Lo más doloroso, con todo, no ha llegado aún para Madina y Díaz. El lunes se desayunan con encuestas que proclaman el derrumbe del voto socialista ante el empuje de Podemos. La pesadilla tantas veces evocada del socialismo griego, el PASOK (del 46% al 6% del voto en una sola legislatura), empieza a tomar cuerpo. 

El vasco presidirá este martes junto con Rubalcaba la reunión del Grupo Socialista que deberá debatir el voto del miércoles sobre la Ley Orgánica de Abdicación. Y, tras días de ambigüedad republicana alentada por sus seguidores en las redes sociales, tendrá que imponer un voto que le identificará automáticamente con el PP. Sin olvidar que el voto se formulará de viva voz, porque así lo ha reclamado el Grupo de Izquierda Plural. Por si acaso, Pedro Sánchez, el perfecto outsider, se ha adelantado a los acontecimientos reclamando libertad de voto. Para Madina la duda es hamletiana: imitar a Sánchez y romper con ese establishment que tan primorosamente ha cultivado en sus cenas con los Príncipes y sus visitas al Ibex 35, o comparecer públicamente como un disciplinado miembro del aparato de Rubalcaba. 

Si supera ambas pruebas, aún le aguardará una tercera. Deberá, en efecto, escoger entre pactar –como le sugieren todas las fuerzas vivas, con Prisa y Felipe González al frente- o pelear, como le demandan sus colaboradores y sus padrinos de Ferraz. Si hace lo primero, estará obligado a explicar a sus seguidores que “la nueva política” y “la democracia radical” tendrán que esperar mejor ocasión. Es decir, que no concurrirá al Congreso, a pesar de haber hecho cambiar las reglas del Congreso. A cambio, eso sí, y además de la portavocía parlamentaria, recibirá un puesto destacado en la nueva ejecutiva encabezada por Susana Díaz.    

Tiene otra alternativa, cierto, y es pelear. Es lo que le recomiendan los suyos. Pero el camino de la pelea también se bifurca. En el improbable supuesto de que venza, lo hará provocando serios daños en el máximo bastión institucional socialista: la Junta de Andalucía. Si pierde, la ira de su vieja rival se abatirá sobre él y los suyos. 

Para Susana Díaz la disyuntiva no es menor. Si se presenta, puede perderlo todo. Y si no lo hace, habrá entregado un partido en agudo declive a una persona a quien menosprecia. En la mañana del martes hemos tenido respuesta: la lideresa andaluza ha decidido echarse a un lado y no luchar por la secretaría general, dejando la pelea en manos de dos pesos ligeros. Así juega Alfredo Pérez Rubalcaba su última partida. Con el PSOE a la deriva.


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