La ejecutiva socialista pide paciencia a la militancia para recuperar apoyo electoral

Rubalcaba se escuda en la crisis y el paro para enrocarse en el sillón de Ferraz

Con más de seis millones de parados, el PSOE no puede mirarse al ombligo, la elección del cartel electoral tiene que esperar. Esta es la tesis que Alfredo Pérez Rubalcaba ha vendido a la dirección de su partido para aguantar el tirón y llegar vivo a las elecciones europeas del año que viene.

Días después de filtrarse que el joven diputado vasco Eduardo Madina no le hace ascos a poner su cara en el cartel electoral y de conocerse que el exlehendakari Patxi López está tomando por su cuenta la temperatura a las federaciones más potentes del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba no ha parado de dar titulares. A mediados de la semana pasada, propuso la eliminación de los billetes de 500 euros, un día después, la desaparición del Senado y durante el fin de semana su equipo ha ventilado un documento que terminará de madurarse en junio para redefinir las relaciones con los socialistas catalanes. Tres maniobras de distracción en poco menos de 72 horas que, según fuentes socialistas, buscan desviar la atención sobre lo que realmente se cuece en el partido, el debate sobre si compensa o no seguir teniendo al frente de la secretaría general a un estratega político tan bueno que ha conseguido en 14 meses reducir la intención directa de voto hasta un desconocido y también inquietante 8%.

En menos de 72 horas, Rubalcaba ha propuesto suprimir los billetes de 500 euros y eliminar el Senado, meras maniobras de distracción para desviar la atención sobre el debate sucesorio

Los argumentos con los que Rubalcaba y su séquito de confianza intentan convencer a la militancia socialista de las ventajas de enrocarse en la poltrona de Ferraz fueron resumidos este lunes por la ‘número dos’ del partido, Elena Valenciano, después de la reunión celebrada por su ejecutiva: “Primero el país y luego el partido, las ‘primarias’ se harán cuando interese electoralmente al PSOE”. Detrás de estos criterios Rubalcaba ha desarrollado toda una teórica sobre los riesgos a los que se enfrentaría su partido si él tirara ahora la toalla. El primero de ellos, multiplicar su sangría, ya que con más de seis millones de parados, “el PSOE no puede mirarse al ombligo” peleándose a destiempo por la elección de un candidato. En segundo lugar, tirar por la borda el efecto propagandístico que él atribuye a las elecciones primarias, una convocatoria que no gusta a casi nadie de la llamada ‘vieja guardia’ pero que, ya que se hace, opina Rubalcaba, debe prepararse con tiempo y servir para sacar brillo a los usos democráticos del PSOE y desgastar al PP, sobre todo cuando todos los cerebros que conviven en el Partido Socialista coinciden, eso sí, en que Mariano Rajoy apurará la legislatura a la espera de los ansiados brotes verdes.

El líder socialista cree que "mirarse al ombligo" sería suicida para el PSOE y convocar ahora las 'primarias' solo beneficiaría al PP

La lógica que barniza estos razonamientos del secretario general choca con la creciente impaciencia de los dirigentes territoriales del PSOE, armada por los augurios de las encuestas de opinión y también por la convicción de que Rubalcaba fue en sus buenos tiempos un hábil forense de la realidad política, pero ahora no sirve para liderar a un partido necesitado, sobre todo, de enterrar su inmediato pasado en el Gobierno. Rubalcaba responde a estas voces, cada vez más extendidas, con el argumento de que hace falta tiempo para recuperar los votos perdidos porque los ciudadanos no pasan del enojo a la reconciliación sin antes dar un paso intermedio por la abstención.

En el PSOE no se descarta que, al final, tenga que irse a la convocatoria de un congreso extraordinario de forma precipitada

Y es aquí donde todas las alarmas internas se disparan porque, si así fuera, el porrazo que se puede dar el PSOE en los comicios europeos del año que viene pasaría a los anales más negros de su historia reciente y el partido se vería obligado a improvisar un congreso extraordinario sin orden ni concierto, parecido al que aupó a José Luis Rodríguez Zapatero en 2000 al sillón de Ferraz. Eduardo Madina, Patxi López y socialistas de otras tribus ya trabajan, de hecho, con este oscuro escenario.


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