La ejecutiva saliente opina que un viraje a la izquierda regalaría al PP una nueva mayoría

El testamento demoledor que Rubalcaba deja al PSOE: un partido dividido en tribus y más expuesto a la radicalización

Dicen de Rubalcaba sus fieles que el partido le terminará echando de menos. “No es probable”, responden sus críticos: ha dejado una organización más quebrada que nunca por las luchas internas, hundida hasta un suelo electoral sin precedentes y tentada de virar a la izquierda, el mejor regalo que se le puede hacer al PP para ayudarle a renovar su mayoría.

El todavía secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.
El todavía secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. EFE

“Sí, es verdad que nos deja un testamento demoledor, pero ha sido uno de los líderes con la cabeza mejor equipada y también uno de los que ha puesto mayor voluntad en consolidar al PSOE como un partido de Gobierno”, resume uno de los miembros de la dirección saliente. Los mensajes que desde febrero de 2012 Rubalcaba lleva lanzando a su ejecutiva están aderezados del mayor sentido común y los resumió en su despedida: “Con seis millones de parados, el partido no se puede entretener en peleas internas, todos tenemos que ver de alguna forma con el pasado, poner el partido patas arriba nos mete en una espiral peligrosa, no hay que viajar a la izquierda radical porque el camino de regreso es muy largo…”. Estos  criterios son los que ha querido aplicar desde que hace poco más de dos años se aupó a la secretaría general, pero no todos los han apoyado y se han ido distanciando de ellos a medida que la secuencia electoral iba demostrando las dificultades del PSOE para remontar con Rubalcaba en su escaparate.

Si el PSOE viaja a la izquierda radical, "el camino de regreso es muy largo", ha advertido Rubalcaba en su despedida

“Estamos dando un espectáculo lamentable, una lucha encarnizada por el poder cuando apenas tenemos poder que repartir”, reflexiona un miembro de la ejecutiva, que pone como ejemplo de las miserias que se viven en su partido al responsable de Organización, Oscar López. “Quien tendría que estar actuando como árbitro dentro del caos en el que nos han sumido las europeas, solo piensa en buscarse trabajo. Sabe que se queda sin puesto en la ejecutiva y que va a tener muchas dificultades para regresar a Castilla y León, de donde nunca debió salir. No estamos hablando de cualquiera, sino del ‘número 3’ del partido”.

Hay voces, incluso, que reclaman “un mínimo de dignidad” a la candidata a las europeas, Elena Valenciano. “Si tuviera lo que hay que tener”, comenta un diputado, “renunciaría a su escaño de Estrasburgo porque con el 23% de los votos es vergonzoso que pueda representar allí al socialismo español. Lo mínimo sería que diera paso, ella y otros, a un relevo generacional”.

Y es que la herencia que deja Rubalcaba a su partido encuentra vías de agua por todos los flancos. Dos son los que más preocupan a la dirección saliente: la fuerte división interna y el peligro de un agresivo viraje a la izquierda.

Susana Díaz como aglutinadora de todas las corrientes

Hoy por hoy, coinciden varios diputados con experiencia, “Andalucía puede ser el único pegamento que nos sirva para disimular la fractura, ganar tiempo, y esperar a que las elecciones municipales y autonómicas del año que viene nos arrojen una tabla de salvación”. Pero para desempeñar este papel, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, quiere garantizarse un congreso en el que sea elegida secretaria general por aclamación. Y en este escenario le estorba la exministra Carmen Chacón, a la que respaldó frente a Rubalcaba en el congreso de Sevilla, el joven diputado vasco Eduardo Madina y también el novato Pedro Sánchez, aupado en sus aspiraciones por el exministro de Zapatero José Blanco. Estos últimos se han decantado al alimón por un congreso abierto que de la palabra a los 210.000 militantes que dice tener el PSOE. Un riesgo demasiado elevado para la lideresa andaluza como para dar el salto sin red a la política nacional.

Después de dejarse en el limbo de otras formaciones y de la abstención casi 3,5 millones de votos desde 2011, la mayoría de las federaciones socialistas están divorciadas de la militancia y se reparten más que nunca en tribus. Y lo más inquietante de todo, comparten miembros de la dirección saliente, es que pueden acabar forzando al próximo secretario general a una fuerte radicalización del discurso, el mayor regalo que, en opinión de Rubalcaba y sus seguidores, podría hacerle el PSOE al PP para ayudarle a renovar su mayoría. En sus memorias, si las llega a escribir, el líder socialista narrará los muchos esfuerzos que ha tenido que hacer en estos dos años por evitar el viraje a la izquierda que le exigían desde su grupo parlamentario, con el fin de impedir experiencias que ya sufrieron los laboristas británicos, en la etapa de Michael Foot o los socialdemócratas alemanes, antes de la llegada de Gerhard Schöeder.

El todavía secretario general del PSOE no quiere que se cometan los viejos errores del laborismo británico o de la socialdemocracia alemana

La tentación de esta excursión a la izquierda para recuperar el voto tan transversal que anida en Podemos, en Izquierda Unida o en UPyD, es una atracción tan poco recomendable, admiten en la dirección del Grupo Parlamentario Socialista, que hasta ha sido advertida por Pedro Arriola, asesor de cabecera de Mariano Rajoy. Después de reconocer su afecto y respeto por Rubalcaba, Arriola decía el pasado martes en un hotel madrileño que lo mejor que podría hacer el PSOE para favorecer sus intereses es no extrapolar el resultado de las europeas a unas generales y, sobre todo, no volcar toda su estrategia en combatir “a los frikis” que han encontrado refugio, quien sabe si provisional, en las filas de Pablo Iglesias, el joven.


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