Un grupo de selectos ‘barones’ trasladaron a Rajoy el riesgo electoral vinculado a la ley del aborto

Los ‘cinco magníficos’ que acabaron con la carrera política de Ruiz-Gallardón

Un mes después de la dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón como ministro de Justicia, nadie en el PP y en el Gobierno le echa de menos. La opinión de un grupo de selectos barones fue decisiva en la voluntad de Mariano Rajoy para dejarle caer.

El gallego Alberto Núñez Feijóo, el extremeño José Antonio Monago, la aragonesa Luisa Fernanda Rudi, el riojano Pedro Sanz y la catalana Alicia Sánchez-Camacho advirtieron a Mariano Rajoy de los riesgos que la reforma de la ley del Aborto abanderada por Alberto Ruiz-Gallardón entrañaban para el PP. Pero este notable grupo de ‘barones’ dio un paso más: trasladó al hasta hace un mes ministro de Justicia que antes de dar un paso tan determinante y sensible desde el punto de vista electoral, tenía que hablar con ellos. La soberbia y la arrogancia que siempre acompañaron la carrera política del interesado, le acabaron pasando factura. Ruiz-Gallardón les despreció, eludió contactar con ellos y la presión de los ‘cinco magníficos’ sobre el presidente del Gobierno para que prescindiera de sus servicios se disparó hasta extremos que movieron a Rajoy a dejarle caer.

El exministro de Justicia despreció la invitación que le hicieron los 'barones' a negociar la reforma del aborto

Las fuentes describen así la situación que se vivió quince días antes de la salida de Ruiz-Gallardón del Consejo de Ministros, a finales de septiembre: “Se comportaba nervioso, viendo conspiraciones por todos lados, con un humor de perros y atrapado por un impulso que le hizo ir por libre, creyendo que nadie le iba a parar los pies". Casi un mes después, ni en el Gobierno ni en el partido se le echa de menos, que es lo peor que puede ocurrirle a alguien que llevaba más de 30 años en política.

A los escasos amigos que le quedan en el PP, Ruiz-Gallardón les cuenta que fue Mariano Rajoy quien le dejó colgado de la brocha, encomendándole una reforma, la de la ley del Aborto, que, en su opinión, hubiera servido para recuperar a un sector del electorado conservador que sigue refugiado en la abstención. Este es un argumento que desmiente el grupo de ‘barones’ que con mayor fuerza apostó por el entierro de esta reforma: “Podría haberse dedicado a agilizar la Justicia adoptando medidas de calado para que algunas comunidades autónomas no estén viendo colapsados sus juzgados, a liderar una auténtica transformación del Código Penal que contribuya a que muchos delitos que hoy alarman a la opinión pública no queden impunes o, si se me apura, a sanear por dentro la Audiencia Nacional. Pero no, la torpeza que cometió fue colocar la reforma del aborto en el centro de sus obsesiones, aun sabiendo de su negativa influencia electoral y del sentir contrario de la mayoría de nuestros votantes. Una imprudencia digna de un político novato”, relata un presidente autonómico.

Rajoy no se le ponía al teléfono

Muerto el perro, se acabó la rabia. Ahora, la mayoría de los ‘barones’ que emprendieron esta cruzada contra la reforma de la ley del aborto considera que este desagradable episodio –un ministro campando a sus anchas sin contar para nada con el criterio de su partido ni de sus compañeros de Gabinete–, no tendrá coste alguno en las elecciones locales y autonómicas de mayo ni, mucho menos, en las legislativas previstas para finales del año que viene. Las fuentes relatan que todos los intentos que hizo Ruiz-Gallardón para ganarse los favores de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, resultaron inútiles, "sobre todo cuando dentro del Gobierno ya sabíamos que ni siquiera Mariano Rajoy se le ponía al teléfono" y discurrían días, en ocasiones semanas, hasta que podía departir con el presidente en persona.

La desconfianza entre ambos siempre fue la nota dominante en su relación, una circunstancia que el exministro de Justicia intentaba disimular en público aprovechando las sesiones de control al Gobierno de los miércoles para intercambiar algunas frases protocolarias con el presidente o la vicepresidenta, una actitud que también trataba de mantener en algunas reuniones internas de partido. Tanta era la distancia entre Ruiz-Gallardón y La Moncloa, cuentan en el PP, que fue el propio presidente quien decidió liquidarle políticamente y precipitar su expulsión del Gobierno en vísperas de su viaje a China, impidiendo que su todavía ministro fuera quien manejara la agenda de la crisis.

Su ambición era ser vicepresidente

Un mes después de aquella convulsa jornada, Rafael Catalá, sucesor de Ruiz-Gallardón en Justicia, se ha encontrado con una herencia endiablada ya que la mayoría de las reformas legislativas que su antecesor parecía que había puesto en marcha –la del Código Penal, la del Poder Judicial, la de Enjuiciamiento Criminal…– se encuentran empantanadas. Muchos en el Gobierno y en la dirección del PP se siguen preguntando qué pasó hace tres años por la cabeza de Mariano Rajoy para nombrar a Ruiz-Gallardón ministro de Justicia. “Él siempre asumió el encargo como un mal menor, pues siempre tuvo en la cabeza colocarse como vicepresidente, su ambición nunca tuvo límites”, refiere un ministro en activo.

Ruiz-Gallardón ha dejado empantanadas a su sucesor la mayoría de las reformas pendientes

En la memoria de muchos en su partido queda aquella conversación que el interesado y la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre mantuvieron en un ascensor de la sede nacional del PP en 2008, minutos después de que Rajoy les cerrara a ambos las puertas a la lista del Congreso:  “No sé por qué te pones así, si gana Mariano, te podrá hacer vicepresidente, si pierde, tú y yo estaremos en iguales condiciones…”, le dijo la exlideresa a su efímero compañero de viaje sin saber que, seis años después, él mismo se inhumaría desde una de las sillas del propio Consejo de Ministros.


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