Cuenta que cuando el presidente le encargó reformar el aborto, solo tenía la cabeza en la crisis económica

El ministro de Justicia se siente “traicionado” por Rajoy y responsabiliza al presidente de su desdicha

De la ansiedad que Alberto Ruiz-Gallardón ha mostrado en los últimos meses da buena cuenta un detalle: no quería oír una mosca en la planta donde hasta ahora ha tenido su despacho. Su alejamiento del presidente del Gobierno encontró antes del verano un punto de no retorno y él mismo ha comentado a sus colaboradores sentirse “traicionado” por Mariano Rajoy.

Alberto Ruiz-Gallardón durante la rueda de prensa en la que anunció su marcha del Gobierno y de la política
Alberto Ruiz-Gallardón durante la rueda de prensa en la que anunció su marcha del Gobierno y de la política EFE

La despedida del ministro que pudo tener uno de los discursos políticos mejor articulados dentro del Gobierno no ha podido ser más triste. Antes del verano,observó que su distancia de Mariano Rajoy había encontrado un punto de no retorno y que el vacío que comenzó a sentir dentro de su propio partido, del que llegó a ser secretario general cuando operaba como AP, le impedía cualquier tipo de maniobra a la que solía estar tan acostumbrado.

Según ha confiado Alberto Ruiz-Gallardón a personas de su confianza, había quedado en hablar con Rajoy de su futuro político el pasado fin de semana. Lo hizo y fue cuando confirmó que su reforma del aborto dormiría el sueño de los justos en el mismo cajón donde había reposado desde las pasadas Navidades.

En el PP se opina que el ministro llegó tan lejos en la reforma del aborto "por su credo patológico"

Según la versión que el ministro de Justicia ha dado a su entorno, cuando él recibió el encargo del propio Rajoy de reformar la legislación del aborto, el presidente no puso reparos a ninguno de los criterios que le expuso. Ruiz-Gallardón consideró desde el principio que la reforma no debía limitarse a incorporar la obligación de las menores de 16 años a disponer del permiso paterno en caso de someterse a un aborto, sino que tenía que ir mucho más allá resucitando, incluso, la ley de supuestos y, por tanto, la eliminación  del aborto por malformación del feto.

A Rajoy, según el ministro de Justicia, la música no le sonó mal, entre otras razones porque tenía los oídos y el resto de la cabeza volcados en evitar el rescate y obsesionado con la prima de riesgo. Cuando España logra superar el bache económico y el presidente “regresa” a la política con mayúsculas, es cuando comienzan los problemas. La primera constatación palpable de que algo no funciona la obtienen el Gobierno y el PP en las elecciones europeas. Después de perder más de dos millones y medio de votos, el nerviosismo prende en los barones regionales y las voces templadas que hasta ahora se habían escuchado contra la reforma del aborto empiezan a rozar el griterío. Presidentes autonómicos como el gallego Alberto Núñez Feijóo o el extremeño José Antonio Monago encabezan la rebelión, escoltados por las encuestas que periódicamente suministra al partido Pedro Arriola. El presidente tarda en tomar partido pero, al final, mirando a las elecciones de mayo, adopta la decisión de enterrar la reforma y es cuando teme la reacción del ministro.

Según las fuentes consultadas, es en la conversación de este fin de semana con Ruiz Gallardón cuando Mariano Rajoy ve a las claras su intención de dimitir y cuando le pide que no lo haga hasta no tener perfectamente encauzada la respuesta legal que prepara el Gobierno al desafío soberanista en Cataluña. Según esta versión, el presidente no acaba de fiarse del calendario elegido por el ministro para tirar la toalla. Teme, incluso, que lo haga durante su viaje a China, y decide “liquidarlo” antes de que sea él quien tome la iniciativa de dejarle plantado. Lo hizo a mediodía de ayer cuando confirmó públicamente que la reforma del aborto no iba a ver la luz. A partir de ahí, los acontecimientos se aceleran y Ruiz-Gallardón decide anunciar su adiós a la política.

Ruiz-Gallardón tuvo varios altercados en el Ministerio porque no quería oír una mosca desde su despacho

El malestar en el Gobierno con el ministro es grande, no solo por el momento que ha elegido para irse, sino también porque la convicción más extendida es que, al contrario de lo que él mantiene, condujo la reforma del aborto tan lejos “movido solo por su credo patológico” y no por la tarea que le encomendó Rajoy. Para “traición”, comentaba ayer un alto cargo del Grupo Popular, “la suya”. Como muestra de la ansiedad con la que gestionaba el cargo, alguno de sus colaboradores más inmediatos relatan que en los últimos meses no dejaba que se oyera una mosca en la planta donde ha tenido su despacho, provocando varios altercados con personal del departamento que, en ocasiones, llegó a comparar el ambiente del Ministerio con el de un tanatorio.


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