Don Juan Carlos sólo logró la comprensión del Príncipe y de la Reina Sofía

El rey se enfrentó a todos con su decisión de no acompañar al príncipe el día de su proclamación

Ni rey, ni misa ni crucifijo. La proclamación de Felipe VI tendrá tres señaladas ausencias. La Zarzuela confirmó este jueves que don Juan Carlos no estará presente en la solemne ceremonia del próximo jueves en la que su hijo se convertirá en Rey de España.

El rey Juan Carlos junto a la reina Sofía, en el Palacio de la Zarzuela
El rey Juan Carlos junto a la reina Sofía, en el Palacio de la Zarzuela GTRES

Don Juan Carlos había decidido desde el primer momento que no estaría presente en la proclamación de su hijo como Rey Felipe VI, en ceremonia que se celebrará el próximo jueves en las Cortes. Unas horas antes, en la tarde del miércoles, habrá tenido lugar su abdicación en el salón de columnas del Palacio Real, ante un centenar largo de invitados institucionales. A las doce de la noche, el Príncipe de Asturias ya será a todos los efectos Rey de España, tal y como dispone la Constitución.

No ha dado su brazo a torcer. El monarca lo dejó bien claro desde el primer momento. No asistiría a la proclamación de su hijo y de esta forma se hizo eco este periódico, cuando todo era un mar de dudas y en Palacio se respondía con signos de nerviosismo cuando se preguntaba sobre el asunto: "Hacéis daño a la Institución", decían los portavoces.

Renuncia a los derechos

Un sólo motivo ha pesado definitivamente en la polémica decisión de don Juan Carlos, según fuentes próximas a Palacio. No quitarle un ápice de protagonismo a su hijo en la fecha más importante de su biografía. Tampoco don Juan, su padre, asistió a su coronación en noviembre de 1975. Cierto es que las circunstancias eran diferentes. Don Juan Carlos fue coronado rey de una España preconstitucional y predemocrática y don Juan, entonces, era el titular de los derechos dinásticos. Dos años después, cedió finalmente la Jefatura de la Familia y de la Casa Real en la persona de su hijo en ceremonia íntima en la Zarzuela. Sólo entonces la línea dinástica quedó oficial y formalmente restablecida.

Guerra de infantas

Desde el día 2 de junio, cuando anunció su abdicación, don Juan Carlos manifestó sin ambages su voluntad y así se lo comunicó a su hijo. La noticia produjo sorpresa y estupefacción tanto en la Zarzuela como en altas instancias políticas. La única que no se inmutó fue la reina. Ya sabía que las cosas serían así, caso de que llegara el momento. "Pero yo estaré allí con mi hijo", dijo doña Sofía.

Las infantas Elena y Cristina tampoco iban a asistir. Elena, en sacrificio por los 'pecados' de su hermana, imputada y pendiente del juez Castro. La reacción de Elena, muy borbónica, fue de enorme enfado al ser informada de que no podría acompañar al príncipe en su coronación. Ella tiene problemas con la Justicia, pero yo no, vino a decir Elena según fuentes del entorno de las amistades de la familia. Tan intensas fueron sus quejas, que finalmente doña Sofía terció para que se abriera la mano. Iría Elena pero no Cristina. El enfado, entonces, fue de Cristina, quien se sintió ultrajada, preterida, y condenada por su propia familia. Un episodio muy lamentable, según fuentes del entorno de Palacio.

Recelos y malentendidos

Han sido días de intensas e incansables presiones para que el monarca cambiara su decisión. Tanto familiares como oficiales. El pasado fin de semana había dudas sobre si el rey había reconsiderado su actitud. Se extendieron rumores por Madrid que así lo señalaban. Pero no hubo caso. El principal temor en Zarzuela son los malentendidos, que se pueda interpretar como una señal de distancimiento entre el padre y el hijo. Las hermanas del rey, las infantas Pilar y Margarita, han hecho todo lo posible. Imposible. Se ha recurrido a amigos íntimos, a gente de su confianza, a instancias políticas, a algún personaje del Gobierno... no ha sido posible. Don Juan Carlos piensa que el miércoles por la tarde, con su abdicación, se pone punto final a una etapa y el día siguiente se abre otra. El 19 de junio es el día de don Felipe, es el día del nuevo rey. Y él no tiene que estar allí.

Para despejar todo tipo de dudas y comentarios, don Juan Carlos sí aparecerá en el balcón del Palacio Real, en compañía de doña Sofía y junto a Felipe y Letizia, que ya se habrán convertido en reyes de España. Allí estarán también las infantas Leonor y Sofía. Toda la Familia Real estará presente a continuación en la recepción del Salón del Trono. Salvo Cristina, naturalmente.

El calor de los madrileños

Hasta Palacio llegarán en automóvil los reyes Felipe y Letizia, luego de haber asistido a una parada militar frente al Congreso y tras haber recorrido el Paseo del Prado, la calle de Alcalá, Gran Vía, Plaza de España y Plaza de Oriente, para que puedan recibir el saludo de los ciudadanos, especialmente de los madrileños ya que esa fecha es festiva en la Comunidad. Pese a los recelos iniciales, se ha optado finalmente por incluir este paseo por el corazón de Madrid para evitar que lo que debía ser una jornada festiva y alegre se transformara en un episodio triste y gris. Austeridad pero sin pasarse.

Ni crucifijo ni misa

Otra ausencia destacada en la jornada de proclamación será la del crucifijo junto al cetro y la corona, en contra de lo ocurrido en la entronización de don Juan Carlos, según informó ayer el presidente del Congreso. Días atrás ya se había informado de que no habrá tampoco misa de coronación, lo que produjo una cierta sorpresa en la Conferencia Episcopal, cuyo portavoz, Gil Tamayo, tuvo que aparecer en los medios y asegurar que "no dudo de las profundas convicciones religiosas del Príncipe de Asturias" (nada dijo sobre la princesa, en este particular) y puntualizar que "el marco legal no obliga a la celebración de un oficio religioso". La Iglesia toma nota. Las cosas van a cambiar mucho en Palacio.

"Ahí os quedáis"

Siguen los prolegómenos del gran relevo y continúan los adioses oficiales. Con intensidad y celeridad. Ayer fue un día relevante en la actividad en Palacio. El rey ofrecía sus últimas audiencias. Una especie de 'sesión escoba' para despejar los últimos compromisos pendientes. Primero al hijo del presidente Adolfo Suárez, quien devolvió el toisón de oro concedido a su padre, como está ordenado. Luego al secretario general de la OTAN, de visita en Madrid. La última de ellas fue con el presidente de la patronal catalana, Joaquim Gay de Montellá, un singular guiño a la comunidad que más quebraderos de cabeza causa tanto a la Corona como al Gobierno por el reto soberanista de CiU. Precisamente Fomento del Trabajo, la organización que preside Gay es una de las seis asociaciones empresariales que el pasado año suscribieron el manifiesto en pro del denominado 'derecho a decidir' en reivindicación de la consulta sobre la independencia.

Cataluña ha sido una de las principales preocupaciones de la Corona. Y uno de sus mayores afanes ha consistido en contactar con empresarios y financieros para que intentaran influir en la decisión de Artur Mas. No ha sido posible. Ese grave asunto pasa al reinado de Felipe VI sin resolver.

Finalizadas las audiencias, el Rey se dirigió a los numerosos periodistas congregados en Palacio y dejó una frase muy poco memorable: "Ahí os quedáis".


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