Katmandú, la capital de Nepal, se ha quedado estos días sin plásticos. Tampoco funcionan los campos de golf cercanos a la capital. Miles de personas han invadido con estos plásticos, cuerdas y palos los green donde se han construido tiendas de campaña. Tampoco hay muchas ganas ni turistas para jugar. El terremoto ha dejado a miles de personas sin casa. ¿Cuántas? Nadie lo sabe.

La historia de las casas de plástico se repite en las calles de la capital, en las rotondas, jardines, en cualquier lugar lejano de los edificios y en todas las localidades donde ha atacado este terrible terremoto. Los ciudadanos no quieren dormir en casa después de la pesadilla de los dos terremotos. El Gobierno aún trabaja en el recuento de los fallecidos que rondan los 10.000  y los heridos, que superan esta cifra. Hay cientos de desaparecidos, entre ellos seis españoles. En las calles de Katmandú ya se ven carteles en los se que lee en el idioma nativo y en inglés: "missing" y la foto de la persona que se busca. En la capital, las huellas del movimiento de la tierra son constantes, pero la ciudad aún tiene cara digna. La zona histórica, el centro de la ciudad, es una ensalada de tierra, de escombros y de ladrillos. Sus templos y monumentos han quedado arrasados. Ya no hay turistas, sólo cooperantes y soldados. En el resto de calles se pueden ver decenas de casas a las que parece ha caído una bomba. Se han derrumbado como un castillo de naipes. "Esta carretera -dice un conductor- era hasta hace unos días la mejor de Nepal y ahora hay que circular a diez por hora".

La zona histórica, el centro de la ciudad, es una ensalada de tierra, de escombros y de ladrillos. Sus templos y monumentos han quedado arrasados

El cemento se ha arrugado y formado caprichosos baches que obligan a los coches a frenar y vadear el badén. "Fue como si explotase un volcán", nos explica el conductor de un camión en el que un grupo de Bomberos Unidos Sin Fronteras, Mensajeros de La Paz y la Fundación Cofares transporta 500 kilos de comida y medicinas a un orfelinato y la Cruz Roja. El conductor agradece a una empresa española, San José Construcciones, que abriera sus instalaciones de cerca del aeropuerto, lejos de los edificios, para que se refugiara la gente que huía del centro. Si el movimiento de tierras ha sido durísimo, la respuesta de cientos de muchos países y de cooperantes de ONGs, pequeñas y grandes, ha sido espectacular. Desde el primer momento, cientos de personas han acudido a Nepal a echar una mano. Por las calles de Katmandú circulan delegaciones chinas, indonesias, vuelan helicópteros coreanos y aterrizan aviones americanos.

Carrera de los Gobiernos

Entre los países, que no entre las ONGs, se ha producido una especie de competencia por tener el campamento más completo y mejor atendido. No se sabe cuanto tiempo estarán, pero lo que está claro es que el Gobierno de la nación tendrá que tomar decisiones, porque son miles las personas que se han quedado sin casa. Uno de los campamentos que visitamos era indonesio que había instalado tiendas y mandado gente para ayudar a cientos de kilómetros de su país. Mientras las autoridades negaban ayer la entrada de cientos de emigrantes que navegaban sin agua ni comida por sus aguas territoriales. Desde el aeropuerto de Katmandú se ven salir constantemente helicópteros de muchos países para trasladar auxilio a los pueblos alejados a los que han tardado semanas en llevar la ayuda. Un par de jóvenes españoles, que viajaban desde hace meses por Asia, tuvieron la mala suerte de encontrarse muy cerca del epicentro. "En Dhading quedó destrozado prácticamente todo el pueblo y los días que estuvimos nosotros no había llegado ninguna ayuda del Gobierno", afirma uno de estos jóvenes abulense. "Estuvimos muchos días ayudando a ONGs pequeñas que son las que han resuelto los problemas de miles de personas de estos pequeños pueblos", añade.

La llegada de material de todo el mundo ha sido muy importante, pero ha tardado mucho en llegar al destinatario final, afirman personas que conocen la distribución de la ayuda

Carlos, uno de los miembros de Bomberos Unidos Sin Fronteras, explica a este periódico que el futuro de los pueblos cercanos a la capital es dantesco. "Son montones de escombros y todo ha quedado debajo", afirma. La situación es muy peligrosa. Las familias quieren recuperar algunas de sus pertenencias en estructuras que se tambalean después de los movimientos de tierras y las cerca de cien réplicas de los últimos días. La llegada de material de todo el mundo ha sido muy importante, pero ha tardado mucho en llegar al destinatario final, afirman personas que conocen la distribución de la ayuda. Luego se han producido algunos problemas por falta de coordinación, pues ha llegado de forma masiva material quirúrgico "cuando lo que necesita esta gente son sábanas y jabón, además de alimentos y agua potable".

Agua para un orfelinato

El responsable del orfelinato Shipra, un joven de 30 años que aspira a ser ingeniero, agradeció la ayuda que le entregó la expedición española y cuando uno de los bomberos le preguntó que era lo más necesario para estos días contestó: "muy fácil agua, necesitamos agua potable para los niños". En este orfelinato viven 95 pequeños. Tienen comida y agua, de momento, pero la llegada de 25 huérfanos del terremoto ha complicado la situación. El centro es de una fundación y recibe ayuda del Gobierno. A tenor de las colchonetas sobre las que duermen estos niños, no debe ser mucha. En una de las ¿habitaciones? los niños huérfanos descansan en las literas. No tienen ganas de jugar. El centro se autogestiona y los mayores hacen la comida para los pequeños. Los niños no van a la escuela, que ha quedado suspendida por el terremoto hasta que compruebe que el edificio no está afectado. No quiere que un derrumbe provoque más problemas de los que tienen ahora estas víctimas de la tragedia.

"No traigan más material quirúrgico: necesitamos cosas más sencillas: agua, sábanas y tiendas", contaba uno de los cooperantes que llevaba semanas en Nepal

Los niños se quedan contentos con la donación española y ellos mismos la llevan al almacén. Los cooperantes se van con la pena de no haber traído más material. Hay previstos nuevos envíos de 1.500 kilos de comida, agua y otros 5.000 kilos de leche en polvo para los próximos días. La segunda parada de este grupo de españoles fue la Cruz Roja, donde se entregó material sanitario. "No traigan más material quirúrgico: necesitamos cosas más sencillas: agua, sábanas y tiendas", contaba uno de los cooperantes que llevaba semanas en Nepal. La misión de Cáritas en Nepal tiene una docena de puntos de atención en localidades donde más castigó el terremoto. Uno de los sacerdotes de la iglesia de la Asunción le pedía al Padre Ángel, de Mensajeros de La Paz, dos cosas: tiendas de campaña y leche para los niños, además de agua. "El problema -decía otro cooperante- es que dentro de unas semanas terminará la solidaridad internacional y se quedarán los de siempre: las ONGs con recursos reducidos. El terremoto es un añadido a la terrible situación en la que está este país que dentro de unos días habrá desaparecido de los informativos de televisión y los periódicos. Es una historia que ya conocemos...”, sentencia.


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