Obtuvo cerca del 64% en las elecciones presidenciales del domingo pese a las irregularidades

Putin, la encrucijada de toda una generación rusa

El presidente de Rusia Unida se cubrió las espaldas con el cambio legislativo que ampliaba el período en el cargo de presidente de 4 a 6 años, con opción de reelección. El mandatario tiene en sus manos empezar un paulatino cambio en la política rusa o continuar con la línea que ha seguido hasta ahora

Desde que el pasado domingo Vladímir Putin fuera elegido para volver a ocupar el cargo de presidente de Rusia –actualmente es primer ministro- no ha habido día de la semana en el que el país o su proceso electoral no hayan sido noticia. Las votaciones ocuparon los diarios el domingo y el lunes principalmente para dar a conocer la victoria del de San Petersburgo, cuyas lágrimas 'de emoción' ilustraron su porcentaje del 63,6% de votos. Pocas sorpresas, por no decir ninguna.

Sin embargo pronto empezaron a proliferar los artículos y columnas de opinión que denunciaban nuevas irregularidades en el proceso como ya ocurriera en las elecciones parlamentarias de diciembre, algo que el primer ministro se había comprometido a 'combatir' y que se han repetido ahora, como él mismo ha admitido. Valga como ejemplo que en algunos colegios electorales, como el 451 de Chechenia, el líder de Rusia Unida obtuvo más votos que electores inscritos (1.482 votos de 1.389 personas registradas) o los testimonios de varios votantes que aseguraban haber visto la práctica del 'carrusel', autobuses que van trasladando a los censados de colegio en colegio para que vayan depositando sus votos.

La oposición se queja de fraude electoral

Las irregularidades han servido, al menos esta vez, para que muchos descontentos con el sistema ruso se echasen a la calle para protestar por el juego 'poco limpio' de Putin. Alentados desde las redes sociales e internet, -el único reducto donde el Kremlin todavía no ha impuesto su dominio- proclamaron a pleno pulmón que el sistema electoral estaba viciado, y que era todo una pantomima de 'juego democrático' irreal. Unas 250 personas en Moscú, y cerca de 300 en San Petersburgo fueron detenidas tras manifestaciones en sendas ciudades, y puestas en libertad al día siguiente tras rellenar las denunciar por comisión de faltas administrativas. Entre ellos, el bloguero Alexey Navalny (@navalny), principal azote de Putin, pero también líderes opositores como Eduard Limónov –creador del proscrito Partido Nacional -bolchevique- o Serguei Udalstov, líder izquierdista.

El propio Putin admitió ciertas irregularidades, pese a lo cual obtuvo el 63,6% de los votos

Las mencionadas manifestaciones y protestas pacíficas han sido la principal novedad en un proceso electoral decidido prácticamente sin necesidad de abrir un solo colegio. Es la esperanza de toda una generación de jóvenes preparados que no han convivido con el comunismo –segunda opción más votada, con el 17,18% de los votos de Gennadi Ziuganov- y que empiezan a no aceptar la tradicional actitud pasiva del pueblo ruso. Estos movimientos son apenas pinceladas minoritarias, principalmente en Moscú y San Petersburgo, pero simbolizan un cambio de mentalidad, un paso desde el pánico que siempre han tenido al Estado a la proclama abierta del descontento. De hecho, las autoridades autorizaban una nueva manifestación opositora para este sábado en Moscú. 

La democracia es más de forma que real

Lo cierto es que desde Occidente hace tiempo que se tiene una visión distorsionada de lo que es el sistema político y económico ruso. El problema electoral está en la práctica y no en la forma, y el pueblo ha sido siempre bastante conservador, priorizando cierta seguridad sobre la libertad. En palabras de José Antonio de Yturriaga, embajador en Rusia de 1996 a 1999, "el principal inconveniente es que no hay seguridad jurídica. Todos los líderes tienen 'esqueletos en el armario, y los sacan o no según interese. No existe separación de poderes y la justicia no es totalmente independiente. Lo que hace falta es un proceso de democratización más auténtico, no se puede implantar de la noche a la mañana. Europa necesitó siglos, y Rusia siempre ha vivido bajo el mandato de un solo conductor".

Para el exembajador, occidente no tiene perspectiva sobre las elecciones rusas, ya que Putin también ha sido beneficioso para el pueblo ruso, ya que logró mejorar la economía después de coger un país quebrado tras el modelo de Boris Yeltsin, su predecesor en el cargo. "El presidente electo se basa en la autocracia y la mayoría del pueblo ruso lo apoya. De ahí que las posibles irregularidades se queden en algo nimio. Si hubiese sido un proceso totalmente transparente y limpio, seguramente también se hubiese impuesto gracias al respaldo de la mayoría que lo defiende", admite el diplomático.

"El principal problema es que no existe seguridad jurídica y la democracia necesita su tiempo para desarrollarse"

Además hay que tener en cuenta dos puntos fuertes del país de los Urales; que tiene importantes recursos minerales y naturales, y su población, muy preparada en todos menos en democracia. "De hecho el nivel medio de estudios es muy superior al de Europa, son gente muy preparada a la que le falta la cultura democrática. Sólo hacen falta generaciones que sean educadas en esos valores que no tienen" puntualiza Yturriaga. 

El dilema de Vladímir

Pese a todo, sólo el reelegido presidente tiene la clave para dibujar el futuro de su país en los próximos meses. Tras modificar la ley para poder alargar su estancia en el cargo de 4 a 6 años, con opción de ser reelegido, tiene la opción de cambiar el modelo ruso en los próximos 12 años. Puede ceder a las solicitudes exteriores con gestos sencillos como la revisión de la condena del oligarca Mijaíl Jodorkovski o la inclusión en el ejecutivo del empresario Prójorov, que obtuvo el 7,98% de los votos. "Con la política nunca se puede descartar nada, igual ahora le apetece pasar a jugar al 'poli bueno' y dar cierta apertura a su sistema", comenta Yturriaga.

No obstante hay voces que han alertado del posible principio del fin que supone para Putin su vuelta al Kremlin. Para empezar, cumplir con sus promesas electorales de aumentar los salarios, las pensiones y los subsidios le supondrían más de 170.000 millones de dólares, según estimaciones del Banco Central, el equivalente al 1,5% del PIB. Además, la agencia de medición de riesgo Fitch advertía que rebajará la calificación a largo plazo de Rusia si no introduce reformas y reduce el gasto, estimado en un 8% del PIB en los próximos 6 años. Por todo ello parace que Putin tiene en su vuelta al Kremlin un importante escollo que solventar en su segundo acceso al cargo. 


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