Internacional

El 'apartheid' de los gays en Rusia: hasta un servicio de taxis segregado

Un documental muestra la crueldad con la que el Gobierno ruso actúa frente al colectivo gay. El pasado junio aprobó la Ley contra la propaganda homosexual situando a esta minoría en la primera línea de fuego.

Pancartas en contra de Putin y su Ley de Propaganda Homosexual
Pancartas en contra de Putin y su Ley de Propaganda Homosexual GTRES

“Un chico joven de un pueblo dijo que era gay y le metieron dos botellas por el culo. Intentaron meterle otra pero ya no le cabía”. Es una impactante declaración de un taxista ruso en un documental publicado por Vice. Este joven forma parte del “exclusivo” servicio de taxis fraguado en la clandestinidad y que tiene por misión dirigir seguros a sus hogares a los homosexuales que viven atemorizados por la continua represión que viven los gays en Rusia.

Esta represión es consecuencia de la ley que Putin aprobó en junio contra la propaganda homosexual. Esta norma, aseguran desde el colectivo LBGT, “sólo se utiliza en contra de la comunidad gay que quiere compartir sus opiniones”. Uno de los principales objetivos de la ley es evitar que los menores reciban cualquier información que les haga pensar que ser gay es algo normal.

Esto ha conllevado un aumento de la violencia homofóbica. Prueba de ello son los denigrantes vídeos que circulan por internet en los que grupos fascistas atemorizan, agreden y vapulean a jóvenes que se han declarado abiertamente gays en una Rusia de Putin cada vez más controlada por la Iglesia. Este tipo de “perseguidores” de homosexuales contactan con aquellos que han decidido salir del armario a través de las redes sociales para, después de administrarles la “terapia del meado”, difundirlo a través de la red y jactarse de sus “hazañas”. Desde el Gobierno ruso, dicen en el documental, “se trata de movimientos civiles que luchan contra los pecados de la sociedad”. Una sociedad, por contra, que no acepta que “ser gay sea normal”, dice una activista.

En relación con el papel de la Iglesia en este tipo de acciones, una de las principales afectadas, la primera liberada de las Pussy Riot lo tiene claro: “con la ayuda de la Iglesia es difícil un cambio positivo en Rusia”. Cada vez es más poderosa, con un 79% de los rusos declarados ortodoxos, la Iglesia está cada vez más presente en la vida social del país euroasiático.

Otro papel relevante lo tiene la prensa, quien “retrata a la comunidad gay como si fuera un grupo de gente que decide vivir este tipo de vida y que va racionalmente contra los valores de la sociedad”. Consiguen con ello, dicen desde el colectivo LGBT, “que la sociedad rusa crea a los medios de comunicación y piensen que sus hijos están enfermos”.

Una enfermedad que llega a las altas esferas rusas

Con los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia tiene ante si un nuevo reto: impedir las manifestaciones de homosexuales durante la jornada de apertura de la cita deportiva. Desde el mencionado colectivo dicen que se les ha “prohibido este tipo de reuniones” pero que “no se callarán”. Ese rechazo al silencio, del que fueron testigo las cámaras de Vice, les ha llevado a detenciones e interrogatorios por portar una pancarta a favor de los derechos de los homosexuales. Denuncian que “están relegados a vivir en secreto y con vergüenza”.

Desde el Gobierno de Putin aclaran que sí, que es “difícil ser gay en Rusia pero que, si se oculta de la vida pública, la gran mayoría de los problemas desaparecen rápidamente. Ser gay en Rusia es como vivir en un armario grande y cómodo”, sentencia un político cercano al presidente ruso.


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