Internacional

Refugiados: una vida a medias

Hay 51 millones de desplazados en todo el mundo. Y no, no todos están en campamentos africanos o de Oriente Medio. Algunos, pocos en comparación con el cómputo global, viven en España, muchos de ellos en un limbo administrativo y jurídico, a la espera de saber si pueden acogerse al estatuto de refugiados o no. Con motivo de su Día Mundial, el 20 de junio, conocemos una parte de su realidad.

El derecho internacional identifica a los migrantes, en general, como un grupo de especial vulnerabilidad, es decir, más expuestos que otros a ver violados sus derechos humanos, lo que obliga los Estados que los acogen a otorgarles una protección especial. La situación más precaria la sufren quienes se ven obligados a desplazarse. Desde la Segunda Guerra Mundial no se superaban los 50 millones de personas forzadas a abandonar sus hogares. Una tercera parte son refugiados.

El peso con el que cargan los refugiados

“Persona que se encuentra fuera de su país por fundados temores a ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas o pertenencia a determinado grupo social y no puede o no quiere (por dichos temores) acogerse a la protección de su país o incluso regresar a él”. Así define el Convenio de Ginebra de 1951 al refugiado. Traten de ir más allá de la pesada redacción jurídica con que suelen teñirse este tipo de normas, de imaginar las historias que esconden las estadísticas.

"Ahora estamos en medio de la nada: no podemos volver atrás y es muy difícil seguir adelante”

Con motivo del Día Mundial del Refugiado, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) presentaba esta semana su informe anual sobre la situación de este colectivo en España. Rudaina Al-Kindi, refugiada siria, lleva un año en nuestro país gracias a la asistencia de la organización. Asegura que “ser una persona refugiada no es una opción. Nosotros nos vimos forzados a huir de nuestro país. Ahora estamos en medio de la nada: no podemos volver atrás y es muy difícil seguir adelante”. El agravamiento del conflicto en su patria y de otras crisis internacionales en 2013 ha disparado el número de desplazados hasta cotas de hace diez años, cuando tuvo lugar el genocidio ruandés, señala el Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas (ACNUR) en su informe Tendencias Globales.

“Tuve que recorrer otro camino, rumbo al exilio. No entendíamos las razones por las que la gente o los países nos rechazaban"

“Quiero insistir en que salí de mi país, no por voluntad propia, sino obligada”, explicaba Nahed, refugiada siria de 20 años, durante el evento organizado por ACNUR el 20 de junio. “Encontramos muchas puertas cerradas, y no entendíamos las razones por las que la gente o los países nos rechazaban ahora, cuando hace pocos años los sirios viajábamos sin problema como turistas o profesionales cualificados”, se lamenta. Nahed estudiaba arquitectura hasta que hace tres años “tuve que recorrer otro camino, rumbo al exilio. Mi vida cambió y con ello, todo lo que mi familia y yo solíamos hacer hasta ese momento”.

Rudaina pedía ante los medios de comunicación mayor comprensión: “Antes teníamos vidas normales, igual que tú, teníamos trabajos, amigos, familia… Por supuesto, todos somos seres humanos a pesar de la nacionalidad, el idioma o la religión. Pero por desgracia, lo perdimos todo en cuestión de minutos y ahora no tenemos nada, solo nuestra esperanza. Hay tres cosas que no le deseo a nadie, especialmente a los niños y niñas: la guerra, el hambre y el miedo. Eso es lo peor que le puede pasar a un ser humano”.

La entrada ilegal: fuente de polémica

No es difícil entender que si una persona es perseguida en su país de origen es probable que carezca de pasaporte, visado o cualquier otro documento expedido oficialmente para permitir la libre movilidad del individuo en cuestión. ¿Qué opciones le quedan para escapar de esta opresión? En ocasiones, son las organizaciones no gubernamentales las que ayudan a los refugiados a llegar a lugares más seguros y a realizar los trámites necesarios en los países de destino o en sus puestos fronterizos, pero no todos pueden beneficiarse de este respaldo. Se ven obligados, entonces, a subirse en pateras y saltar vallas. Como un inmigrante más en busca de un futuro, aunque sea incierto.

Cuando una persona pide asilo se activa el principio de no devolución

El problema es que no son uno más. La normativa sobre los refugiados, ya sea internacional o nacional, les protege incluso antes de que les sea concedido el estatuto como tales. Los peticionarios de asilo o refugio no pueden ser expulsados o devueltos hasta que no se decida si se les otorga o no dicha condición. De ahí la polémica respecto a las llamadas devoluciones en caliente que muchos denuncian que se producen en Ceuta y Melilla. Cuando un extranjero pone un pie en nuestro país, aunque sea de forma irregular, y pide asilo, se activa automáticamente el principio de no devolución.

Para CEAR, las políticas fronterizas en Ceuta y Melilla son un obstáculo para la aplicación del derecho de asilo en nuestro país y trata de hacer visible el drama de sus protagonistas a través de iniciativas como estohayquecontarlo.org, desplegada después de la polémica suscitada cuando la Guardia Civil de Ceuta impidió la llegada a nado de un grupo de inmigrantes el pasado febrero.

Derechos y obligaciones de los refugiados en España

El solicitante de asilo debe demostrar ante las autoridades que los temores de regresar a su país son fundados y que precisa protección internacional. En España, las Oficinas de Asilo y Refugio (OAR), dependientes del Ministerio del Interior, son las encargadas de evaluar las situaciones individuales. En virtud del artículo 18 de la ley 12/2009, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, quien pide asilo es acreditado como solicitante de protección internacional y tiene derecho, por ejemplo, a trabajar y a recibir atención sanitaria y prestaciones sociales. Entre sus obligaciones, además de la cooperación con las autoridades durante el procedimiento de concesión, el peticionario debe comunicar cualquier cambio en su situación (domicilio, lugar de trabajo, etc.).

Los refugiados tienen derecho a trabajar y recibir atención sanitaria y prestaciones sociales

La concesión del derecho de asilo implica: no devolución; autorización de residencia y trabajo permanente; expedición de documentos de identidad y viaje; acceso a los servicios públicos de empleo, a la asistencia sanitaria y social; libertad de circulación; acceso a los programas de integración; ayuda al retorno voluntario; mantenimiento de la unidad familiar; entre otros derechos (art. 36 ley 12/2009).

Puede otorgarse, también, una protección subsidiaria, algo más limitada, a quienes no cumplen los requisitos para ser reconocidos como refugiados, pero existen motivos para creer que si regresan a su país se enfrentarían a un riesgo real de sufrir daños graves como tortura o tratos inhumanos.

Refugiarse en Europa: buenas intenciones, escasos resultados

Según datos de ACNUR, el continente europeo apenas acogió en 2013 al 15% de los refugiados de todo el mundo, siendo Turquía, Francia y Alemania quienes contaron con mayor número de refugiados. La inmensa mayoría de los desplazados viven en países en vías de desarrollo; en muchas ocasiones, son los territorios fronterizos con conflictos armados los que más presión migratoria reciben, como ocurre en Jordania, Líbano, Irán o Paquistán, los mayores receptores de refugiados.

Turquía, Francia y Alemania, entre los 20 países del mundo que más refugiados acogen

En el marco de la Unión Europea, una directiva aprobada por el Consejo en abril de 2004 desarrolla el contenido de su estatuto y las condiciones de concesión del mismo para unificar criterios entre los Estados miembros. La UE financia, además, programas de acogida e integración a través de planes como el Fondo Europeo para los Refugiados 2008-2013, creado dentro del programa general Solidaridad y Gestión de los Flujos Migratorios, o el más reciente Fondo de Asilo, Migración e Integración 2014-2020.

Las cifras, sin embargo, no acompañan a los esfuerzos normativos. Los refugiados están amparados por el derecho comunitario, pero no por la burocracia de las administraciones nacionales. CEAR asegura que las mejoras introducidas en el Sistema Europeo Común de Asilo (SECA) no han logrado la uniformidad pretendida entre los Estados.

Estrella Galán, secretaria general de CEAR, considera que “el blindaje de fronteras, la falta de respuestas adecuadas a los dramas provocados por los conflictos actuales como Siria o Malí o los retrasos injustificados en las resoluciones, incumpliendo plazos y desoyendo sentencias de tribunales y recomendaciones de instituciones de reconocido prestigio, evidencian que el derecho de asilo es un derecho seriamente amenazado”.

España, de nuevo, a la cola

"Mañana podríamos necesitar asilo cualquiera de nosotros”

“El asilo es una institución fundamental en el mundo convulso en el que vivimos y hay que protegerla de los desafíos que la acechan. Hoy da protección a los refugiados sirios, a los centroafricanos o sursudaneses, pero mañana podríamos necesitar asilo cualquiera de nosotros”, explica Francesca Friz-Prguda, la representante de ACNUR en España. Por eso la organización ha lanzado una campaña de concienciación, “la rutina es fantástica”, en la que piden que se defienda el derecho de asilo. Sus responsables destacan que de los 8.981 refugiados que residían en España a finales de 2013, casi la mitad (4.344) estaba pendiente de que se tramitara su petición de asilo.

“La tasa de reconocimiento en España está muy por debajo de la de otros países de la Unión, cuya media fue del 34,5%”, apunta Nuria Díaz, responsable de incidencia política de CEAR, tras subrayar que de todos los solicitantes de asilo y refugio registradas en España en 2013, solo se concedió protección de algún tipo a 582 personas, el 22% de las peticiones, de las cuales solo el 8,7% consiguieron el estatuto de refugiado.


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