Internacional

Venezuela, el miedo y la muerte a una semana de unas elecciones históricas

El próximo domingo se celebrarán elecciones legislativas en el país caribeño. Los últimos días se han visto marcados por el asesinato de Luis Manuel Díaz en un acto de la Mesa de la Unidad Democrática que aglutina la oposición. La inseguridad y la crisis centran unos comicios en los que el oficialismo parte con desventaja en las encuestas y puede marcar el inicio del fin del chavismo.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. EFE

Lilian Tintori teme ser asesinada. Esta misma semana, en un mitin en el estado de Guárico, vio de cerca la muerte de Luis Manuel Díaz, miembro de la Mesa de la Unidad democrática -que aglutina a los opositores venezolanos-, víctima de las balas. Tintori, casada con Leopoldo Díaz, el encarcelado líder opositor, levanta la voz contra el chavismo y señala al régimen si le ocurre algo. Maduro, presidente del país y heredero de Chávez, despacha el asunto diciendo que el asesinato fue cosa de una pelea de bandas, delincuencia común, reyertas de rufianes.

Faltan siete días para que Venezuela vaya a las urnas. No serán unos comicios presidenciales, pase lo que pase Maduro seguirá en su puesto, pero el futuro del país también depende en buena medida de ellos.

Los aires suenan de cambio, las encuestas dicen que la oposición ganará las legislativas y la posición de Maduro, en su momento más bajo de popularidad, quedará seriamente amenazada. Los resultados de la pasada semana en Argentina, donde el kirschnerismo ha caído tras quince años en la Casa Rosada, le han dado un nuevo impulso a los opositores que piden un vuelco a la situación tras años de represión y miedo. La izquierda sudamericana, hegemónica en tiempos recientes, está de capa caída.

La izquierda sudamericana pasa por un mal momento que se puede ver aumentado si se confirman las encuestas que dan ganadora a la oposición venezolana en las legislativas

La política en Venezuela es aspectualmente una democracia, aunque son muchas las alertas que hacen pensar en la escasa limpieza del sistema. Sí, tanto Chávez como Maduro han ganado diversos procesos electorales, pero los modos comunes en la política bolivariana impiden pensar en una democracia real porque, en realidad, ¿puede una democracia ser real cuando tiene presos políticos?

El caso más obvio, aunque lejos de ser el único, es el de Leopoldo López, el marido de Tintori. Los motivos alegados para encarcelar a López fueron “incendio de edificio público”, “daños a la propiedad pública”, “instigación a delinquir” y “delito de asociación para la delincuencia organizada”, pero la justicia es dudosa en Venezuela. En este caso el fiscal fue Franklin Nieves, que hace pocas semanas reconoció que las acusaciones son injustas y que el proceso no fue en absoluto limpio.

El acusador ahora vive en Estados Unidos y denuncia desde su exilio que el país no funciona y que el antiguo alcalde de Chacao no debería en ningún caso estar apresado. Las instituciones destacadas en los derechos humanos, como Human Rights Watch ponen el grito en el cielo con la falta de libertades del país y, por descontado, consideran a López un preso de conciencia. Los cálculos hablan de 75 presos políticos en las cárceles bolivarianas.

Las sospechas siempre planean en las elecciones venezolanas, quizá porque desde el gobierno tampoco se empuja demasiado para despejar las dudas. En el caso de las legislativas del próximo domingo el régimen no ha querido asistencia ni de la ONU ni de la Organización de Estados Americanos, solo de UNASUR –Unión de Naciones Sudamericanas-, una institución en la que la oposición no tiene confianza, hasta el punto de no querer firmar los protocolos ofrecidos para estos comicios. A pesar de todo, desde la asociación sudamericana también se ha puesto el grito en el cielo por el asesinato de Luis Manuel Díaz. La cascada de quejas internacionales ha sido amplia, casi todos los países señalan a Maduro como motor de que la delincuencia tiña de muerte los comicios. Se pide calma, estabilidad, tranquilidad

Son muchos los reportajes que hablan de la compra de votos en el país. Esta semana  El Mundocontaba las prebendas que ofrece el régimen a quien no tenga remilgos en votarles. Cosas muy tangibles, desde el reparto de taxis hasta el regalo de patas de cerdo en los mercados. Todo vale, o eso parece, para que el régimen siga intacto.

Y eso que la economía venezolana tampoco pasa por su mejor momento, más bien todo lo contrario. Con la mayor inflación del mundo, en un 700%, y un decrecimiento estimado en un 10% este año según el FMI, Venezuela está en coma. El maná del petróleo, herramienta política básica del régimen en estos últimos años, tampoco funciona como antes por la caída de los precios del crudo. El chavismo ha sido un régimen paternalista, curando con petróleo las posibles revueltas.

Delincuencia y escasez

La crisis es tangible en las calles de las ciudades venezolanas. La escasez de alimentos y productos de primera necesidad es palmaria y se combina con la inseguridad ciudadana, una lacra histórica del país que lejos de contenerse se ha acuciado. El Observatorio de la Violencia de Venezuela, en su informe del pasado año, señalaba que el país es el segundo con más homicidios del planeta, solo superado por Honduras. Los datos cuentan 24.980 muertes violentas en el año 2014, una tasa de 82 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. Los venezolanos viven en la inseguridad, las noches de Caracas quedan con las calles vacías por el miedo.  

El Observatorio de la Violencia de Venezuela cifra en 24.980 las muertes violentas en el año 2014, solo por debajo de lo que ocurre en Honduras

Maduro, además, no es Chávez. El nuevo líder es un gigante de pies de barro, muy controlado por algunos sectores del régimen que vienen de su antecesor. No tiene la fuerza y el carisma que encandilaron a muchos y su posición como presidente no puede ser tan fuerte como lo fue la de Chávez. Maduro tiene, según la demoscopia, un rechazo de más del 80% de los venezolanos. Un drama para un político que nunca supo tener un discurso propio, que encadena errores y es señalado como un simple títere en manos de otros como Diosdado Cabello. 


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