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Así es el Irak en el que vivirán los 300 militares que van a viajar al polvorín de Bagdad

'Vozpópuli' recorre las calles de la capital iraquí en las que tendrá que sobrevivir el contingente español que forma parte del intento de la comunidad internacional de crear un ejército que sea capaz de hacer frente al Estado Islámico, grupo terrorista que ya controla un tercio del territorio del país.

Así es el Irak en el que vivirán los 300 militares que van a viajar al polvorín de Bagdad
Así es el Irak en el que vivirán los 300 militares que van a viajar al polvorín de Bagdad

Hace algún tiempo un conocido personaje español acudió a Bagdad a visitar a uno de los vicepresidente de Irak con el fin de ofrecerle el apoyo de su organización humanitaria. Tras unos rigurosos controles de seguridad, el encuentro se celebró en un ambiente cordial y ambos interlocutores se despidieron afectuosamente. Pero a la salida, el guardaespaldas del español le dijo a su protegido: "Antes de entrar tu precio, en caso de que te secuestraran, era de tres millones de dólares. Ahora, ellos ya saben que has estado aquí, y vales casi el doble: cinco millones de dólares".

La muerte, el secuestro, el miedo, el terror son los amos de Bagdad y del resto de Irak, un país que mide su historia por los años en los que empezaron y terminaron sus guerras. Como ahora, que el país se encuentra en una guerra civil no declarada. Un tercio del territorio está en manos del Estado Islámico (IS) radicales que compiten en violencia con Al Qaeda.

Esto aboca a los naturales del país y a los extranjeros a una vida difícil. No se sabe dónde aparecerá la próxima bomba humana y la vida cotidiana se instala en la desesperación entre el hormigón para evitar la entrada de vehículos suicidas, los registros antes de entrar a un hotel, un centro comercial, un cine, un mercado... lo cacheos, las alarmas de bombas o los atentados llenan la vida iraquí desde hace años.

En los últimos tiempos, los islamistas radicales han llegado a rivalizar con las bandas de delincuentes comunes y secuestran a personas con el objetivo de sacarles unos cuantos de millones de dólares, y en el caso de no lograrlo, obtener una buena venganza, convenientemente difundida por Internet, como un acto en contra de occidente.

Este es el ambiente que tendrán que enfrentar los trecientos militares españoles que llegarán en las próximas semanas a los cuarteles, diez años después de haber abandonado el país y de que murieran miles de personas. Esta vez apenas saldrán en seis meses de los recintos. Se desplegarán, posiblemente, en Bagdad y por la zona sur. Los primeros ya están en los cuarteles preparando la llegada de sus compañeros. ‘Vivirán’ en sus bases, un escenario similar a una cárcel, pero que les protegerá la vida.

Tras su guerra con Sadam Hussein, Estados Unidos disolvió el Ejército de Irak. Grave error. Las nuevas fuerzas armadas están perdidas en todos los sentidos

Esta vez los militares no van a luchar, van a enseñar a combatir a un Ejército iraquí que es un auténtico desastre. La misión va con el respaldo casi total del Congreso de los Diputados dentro de la coalición internacional contra el Estado Islámico, la última esperanza de Irak. Una 'solidaridad internacional' que le costará a España 35 millones de euros.

Tras su guerra con Sadam Hussein, Estados Unidos disolvió el Ejército del país. Grave error. Las nuevas fuerzas armadas están perdidas en todos los sentidos, llegando al punto en el que durante el verano, contando con 14 divisiones, el Estado Islámico atacó Mosul con unos miles de hombres, lo que provocó la huida del Ejército nacional y miles de soldados y oficiales desertaron mientras los guerrilleros islámicos tomaban una de las ciudades más importantes del país sin apenas disparar. Ahora parece que el Ejército regular solo tiene media docena de divisiones operativas. Sólo la intervención de la fuerza área de la coalición internacional frenó la invasión de IS del resto del país.

El ministro de Defensa de Irak, Jaled al Obeidi, reconoció hace pocos días que tardarán tres años en tener un Ejercito sólido. Por su parte, el primer ministro cesó recientemente a decenas de comandantes y se inició una caza de militares corruptos después de la huida en masa ante el ataque de los guerrilleros de IS el pasado verano.

Además de las ciudades de Bagdad y Basora, Irak aún conserva Erbil, una ciudad del norte, que había iniciado un ligero repunte económico a la sombra del petróleo. La ciudad, capital del Kurdistán iraquí, y con unas buenas reservas de crudo, tiene el panorama de albergar en sus calles lujosos centros comerciales, con pocos clientes, y grupos de refugiados a los pocos metros, con muchas necesidades. Lujo y coches de alta gama delante de la pobreza y las tiendas de campaña, todo frente a frente.

Cerca de 40.000 personas han acampado en Erbil y sus alrededores huyendo de la muerte a manos de las milicias de IS. Gran parte de ellos son católicos de varias confesiones a los que, en el mejor de los casos, les daban en Mosul dos alternativas: o la conversión al Islam o la muerte. Generalmente los islamistas radicales aplican la segunda sin juicio ni muchas palabras, basta con ser señalado por alguno de los vecinos fieles al islamismo para morir.

“Cómo vamos a invertir si tenemos a estos radicales a muy pocos kilómetros amenazando nuestras vidas”

Erbil parecía salir de la crisis hace unos años. Sus calles están repletas de grandes urbanizaciones, eso sí, rodeadas de protecciones de hormigón, alambradas y la vigilancia de las metralletas. Se comenzó a construir, pero la fragilidad del Estado iraquí y la invasión de IS ha frenado toda inversión en la capital de este Kurdistán autónomo. “Cómo vamos a invertir si tenemos a estos radicales a muy pocos kilómetros amenazando nuestras vidas”, decía un pequeño empresario de la ciudad a Vozpópuli.

Decenas, cientos de estructuras de hormigón abandonadas son testigos de que el miedo al Islam radical ha frenado el desarrollo económico. Los guerrilleros del Estado Islamista están a 30 kilómetros parados por los aviones de la coalición internacional, por esto, llegar a Bagdad por carretera es una locura imposible. El avión es la única alternativa. La posibilidad de que los radicales se hagan con misiles tierra-aire es una amenaza constante a la vida de Erbil, que podría quedar aislada.

Pero estas estructuras de hormigón no están despobladas. Algunos de los refugiados las han ocupado y malviven con la ayuda de las ONG o las iglesias, volcadas con los más perjudicados por la guerra. Las organizaciones humanitarias están levantando nuevos campos y dotándoles de agua, el grave problema de los refugiados.

La vida de los españoles

La vida de los soldados españoles (operaciones especiales, artificieros, protección, inteligencia,…) en Irak será dura y peligrosa. Los atentados con decenas de muertos son diarios y han convertido las zonas de seguridad en auténticas cárceles de las que salir puede significar la muerte. Los españoles apenas saldrán de los recintos diplomáticos y militares protegidos por los muros y una fuerte vigilancia.

Un ejemplo que puede mostrar la vida de los extranjeros en Bagdad es el del representante del Vaticano, que vive entre Bagdad y Amman, en una casa rodeada de paredes de hormigón y metralletas. Cuando sale del recinto, lo hace con dos coches de escolta y un vehículo blindado. Si va a ver a una comunidad, ese grupo queda marcado, al descubierto. Lo próximo puede ser su muerte.

En los años 50 un 50% de los habitantes de Bagdad eran cristianos, cerca de un millón de personas. Hoy, personas de la Iglesia dicen que habrá 20.000 ó 10.000 “o quizá menos, ya ni lo sabemos. Todos huyen".

El representante del Vaticano vive entre Bagdad y Amman, en una casa rodeada de paredes de hormigón y metralletas. Cuando sale del recinto, lo hace con dos coches de escolta y un vehículo blindado

Muna, una niña de 14 años que vive en Bagdad, ha decidido de acuerdo con sus padres, dejar de asistir al colegio después de perder a dos de sus mejores amigas en un atentado suicida. Estudia en su casa. La guerra ha provocado una inestabilidad social que amenaza con acabar con los supervivientes de las constantes guerras que ha sufrido el país. Miles de familias han decidido huir, muchas están en los campos de refugiados de Jordania, un país estable dentro del volcán de Oriente Medio. ¿Y cómo puede ser que este país no haya estallado?

El volcán jordano

Los expertos en Jordania lo tienen claro. El país tiene refugiados palestinossiriosiraquíes, y lo más grave, un 7% de la población que apoya al Estado Islámico. Pero hay una clave importante, la información es la primera arma que aporta estabilidad a este volcán, afirma un experto. “Los servicios de inteligencia lo detectan casi todo”, asegura esta misma persona. Las fuerzas de seguridad actúan rápidamente nada más que tienen conocimiento de movimientos de extremistas.

Pero pese a las fuerzas de seguridad, el país vive en una situación de permanente tensión. Los hoteles tienen el mismo control de seguridad que un aeropuerto y en un lugar público no sabes quién es civil y quién es policía/militar.

En los últimos meses ha crecido la tensión en campos como Zaatari creados para 15.000 personas y que acogen a más de 120.000. La ciudad estaba suponiendo un foco de desestabilización con mafias que cada día tenían más poder. Parece que la intervención de organizaciones internacionales ha disminuido la tensión y el poder que estaban asumiendo las mafias. Se calcula que 600.000 sirios han huido del país y malviven en los campos o en la calle.

Jordania sabe que todo hay que tomárselo en serio. Aunque seas amigo en un hotel pasas por el arco de seguridad y te revisan el equipaje. En Irak deberían hacer lo mismo, pero no sucede así siempre. En los hoteles, como en los salones de vaqueros en el Oeste americano del siglo pasado, un cartel te pide que dejes el arma en la recepción. “Muchos no lo hacen porque, como en el Oeste americano, quieren estar armados”, dice una persona del lugar.


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