Internacional

Las periodistas Laura Weffer y Luz Mely Reyes: "En Venezuela, el Estado tiene el control de la información"

En un país sin estadísticas, ni acceso a las fuentes y en el que los medios independientes han sido cerrados por el gobierno o comprados por éste, las periodistas Laura Weffer y Luz Mely Reyes impulsan el digital Efecto Cocuyo, un medio que pretende hacer lo que las luciérnagas en la oscuridad: alumbrar todas juntas aquello que permanece oculto.

A la izquierda, Laura Weffer, y a la derecha Luz Mely Reyes.
A la izquierda, Laura Weffer, y a la derecha Luz Mely Reyes.

Las periodistas venezolanas Laura Weffer y Luz Mely Reyes tienen, cada una, más de 20 años dedicadas al reporterismo. Laura Weffer, cuyo trabajo fue censurado por el periódico Últimas Noticias, se vio obligada a abandonar su puesto en la Unidad de Periodismo de Investigación. “En Venezuela existe un monopolio absoluto de la información por parte del Estado”, asegura la periodista, recientemente reconocida (junto con Tamoa Calzadilla) con el premio Maria Moors Cabot (Universidad de Columbia). Luz Mely Reyes renunció al cargo de directora del periódico 2001 ante las –cada vez mayores- presiones informativas. Ahora, ambas impulsan un proyecto periodístico independiente llamado Efecto Cocuyo, cuya intención es iluminar la oscuridad informativa que reina en ese país.

¿Qué es Venezuela? ¿De qué forma viven sus ciudadanos? ¿Cómo se ejerce el periodismo allí? ¿Existen cifras que expliquen lo que ocurre? Sí, hay algunas que pueden ayudar a dibujar un panorama. En 1998, hace ya 17 años, Hugo Chávez Frías fue elegido presidente tras haber liderado dos intentos de golpe de Estado en 1992. Chávez ocupó el cargo hasta unos meses antes de su muerte, el 4 de marzo de 2013. Antes de fallecer , Hugo Chávez nombró a Nicolás Maduro como sucesor y candidato a las elecciones que se celebrarían meses más tarde y que Maduro ganó con una ventaja del 1% frente al opositor Henrique Capriles. Es decir: Venezuela lleva casi dos décadas bajo el gobierno de una misma tolda política.

En Venezuela se han registrado más de 11.000 agresiones a periodistas y las principales cabeceras han sido censuradas o compradas

Pero hay cifras más elocuentes que las electorales. Según la ONG Observatorio Venezolano de Violencia, en 2013, 79 de cada 100.000 venezolanos murieron a manos de la delincuencia; las cifras oficiales, cuando se publican, reflejan 39 por cada cien mil –según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 10 ciudadanos por cada 100 mil habitantes es motivo de alarma-. Durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro se han practicado más de 3.000 detenciones políticas, la inflación alcanzó el 56%, el desabastecimiento casi el 30% -es decir, en 26 establecimientos de cien no se consiguen alimentos, medicamentos o productos básicos- y más de un millón de ciudadanos ha emigrado al exterior. A eso se suma que, desde 2003, los venezolanos viven un control cambiario que impide acceder libremente a monedas extranjeras como el euro o el dólar –el gobierno autoriza a empresas y a ciudadanos la compra de una cantidad restringida-.

A lo largo de todo este tiempo, tanto Laura Weffer (LW) como Luz Mely Reyes (LR) -junto a muchos otros reporteros- han ejercido el periodismo en condiciones abiertamente hostiles. El gobierno de Hugo Chávez, ahora asumido por Maduro, cerró la estación televisiva más antigua del país: Radio Caracas Televisión. Cabeceras independientes de grupos mediáticos como la Cadena Capriles e incluso periódicos centenarios como El Universal, fueron comprados por empresarios afines al gobierno. Según una denuncia formal presentada por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, en la última década se han registrado 11.000 agresiones a periodistas. Es ése el país donde ambas reporteras han decidido fundar un nuevo espacio cuya única intención es informar de la forma más independiente posible. Sobre ese tema conversan las dos periodistas con Vozpópuli.

-VP. Cocuyo en España sería algo así como una luciérnaga. Su proyecto se llama así. Alude la capacidad de iluminar la oscuridad ¿Es eso posible en una país cuya opacidad (informativa) es cada vez peor?

-L.R. Un cocuyo es algo que genera luz en medio la oscuridad. Estamos convencidas de que eso es posible en tanto existan cada vez más personas comprometidas… y en Venezuela hay muchas, entre ellas, una gran cantidad de periodistas y reporteros que se reinventan, día a día, para hacer el periodismo que desean. Somos linternas, luciérnagas, relámpagos… fuentes de luz para iluminar lo que ocurre y conseguir que las cosas estén al menos un poco más claras.

"En Venezuela una gran cantidad de periodistas se reinventan día a día para hacer el periodismo que desean"

-L.W. El Cocuyo es parecido a una luciérnaga, aunque no exactamente. Es una especie que existe sólo en el Caribe. Una de las primeras crónicas que se tiene de la llegada de los españoles a Venezuela, ofrece un testimonio sobre unos animales extraordinarios que los indígenas autóctonos llevaban entre las manos o las ataban a unos collares para iluminar el camino. El texto decía textualmente la palabra Cocuyo, no luciérnaga. Después de mucho dar vueltas al nombre para este proyecto, nos dimos cuenta de que lo importante era la metáfora de la luz. En un comienzo, incluso, estábamos convencidas de usar ‘Efecto ardora’ pero…

-Espere… ¿qué es efecto ardora?

-L.R. La capacidad que tiene el fitoplancton de emitir luz para defenderse de un depredador.

-El depredador en este caso es un gobierno de marcado talante autoritario. ¿Son conscientes de que este proyecto es tan descabellado como comprometido?

-L.W. A veces la gente cree que somos un par de locas que han decidido lanzarse en este proyecto en un momento poco probable. Pero justamente nos hemos dado cuenta de que no había mejor momento que éste. Comenzamos el proyecto pensando que había que concienciar a la gente acerca de la importancia de la libertad de expresión e información. Pero nos hemos dado cuenta de que ya lo estaba. Quizá por aquello de que ‘nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’.

Weffer y Reyes aseguran estar "totalmente conscientes" de que recibirán más presiones e intimidaciones

-¿En Venezuela, los únicos canales independientes de información son las redes sociales?

-En Venezuela no hay información. Hicimos una encuesta para saber cómo se informaban las personas. Y lo que obtuvimos fue esto: como la gente no confía en los grandes medios, recurren a Twitter o Facebook.

-¿Por qué la desconfianza hacia los llamados grandes medios ?

-Porque tanto los medios impresos como el único canal independiente de televisión que existía, Globovisión, fueron vendidos a capitales de dudosa procedencia. No sabemos a estas alturas quiénes son los dueños de esos medios: si el gobierno o una empresa afín al gobierno. Un ejemplo claro ha sido la Cadena Capriles.

-Donde usted trabajó hasta que fue comprado, aseguran algunas fuentes, por capital cercano al oficialismo.

-L.W. Sí.

-Ambas han sido objeto directo de las consecuencias de esa concentración mediática y la vorágine política, ¿cierto?

-L.R. En el caso de Laura todavía más, porque la Cadena Capriles fue comprada. Yo me marché del periódico en el que trabajaba; pude elegirlo. Y aunque la censura no era tan profunda y podía decirse que gozábamos de cierta libertad, no era suficiente para hacer el periodismo que considerábamos necesario. En Venezuela todos los medios son presionados de distintas maneras.

"A diferencia de las grandes empresas, no somos tan vulnerables como alguien que tiene intereses económicos"

-¿Son conscientes de que surgirán obstáculos para intimidarlas?

-L.W. Totalmente

-L.R. Esperamos presiones pero, a diferencia de las grandes empresas, no somos tan vulnerables como alguien que tiene intereses económicos.

-¿Cómo se puede explicar a quien no vive en Venezuela que las libertades civiles, específicamente la libertad de expresión e información, están amenazadas seriamente?

-L.W. Lo podemos decir abiertamente. Sólo hay que citar casos específicos. En 2007, el entonces Ministro de Información, Andrés Izarra, me concedió una entrevista. 'Nosotros apostamos por la hegemonía comunicacional', aseguró. En ese momento le dije al ministro: sepa que el grabador está encendido y que mañana voy a publicar lo que ha dicho, tal cual. ‘Puedes publicarlo’, me respondió. Desde 2007 para acá, han apuntado en esa dirección: a la hegemonía comunicacional.

-¿Qué significa eso?

-L.W. Se trata de métodos sofisticados de censura e intimidación. De tratar de imponer al autocensura o la compra de grandes medios por parte del gobierno o empresarios afines, o que incluso se desconoce quiénes son. Además, claro, del monopolio absoluto de la información por parte del Estado. Lo que emiten los medios oficiales no es información sino propaganda e ideologización. Se trata de la implementación sistemática de la intimidación a periodistas y a fuentes.

"En Venezuela hay un monopolio absoluto de la información por parte del Estado"

-¿Pueden ustedes confirmar la inexistencia de cifras oficiales de muertos a manos del hampa o datos como la inflación? ¿Es la desinformación una política de Estado?

-L.W. Para que quede claro, se pueden citar algunos ejemplos. Las cifras del Banco Central de Venezuela sobre inflación pueden pasar tres meses o cuatro meses sin difundirse. Otra: el boletín epidemiológico que refleja cómo está el sistema de salud, antes, se publicaba semanalmente. Si existía un brote de malaria en una localidad, con esa información era posible enviar una alerta para que las poblaciones cercanas tomaran medidas e, incluso, fuese posible planificar y hacer estudios preventivos. Actualmente, ese boletín se emite cada tres o cuatro meses, o cuando el gobierno así lo disponga. Otro ejemplo de obstaculización de la información: el primer médico que dijo que había un brote de Chikungunya, un virus peor que el dengue, reportó que en su consulta había recibido una alta cantidad de pacientes con esa sintomatología. El gobierno puso una causa penal en su contra, le iban a meter preso, por ‘causar zozobra’. Mes y medio después, el presidente Nicolás Maduro hizo estas declaraciones: ‘El venezolano que no haya tenido chikungunya no es venezolano”.

-L.R. Hace unos días, un responsable de dotación de material sanitario fue detenido por denunciar que existían problemas graves para conseguir medicamentos en Venezuela debido a los problemas económicos.

-Uno de los medios más importantes en Venezuela, El Nacional, nació en los años cuarenta una década en la que hubo dos golpes de Estado, además del inicio de una férrea dictadura de diez años. ¿Está Venezuela viviendo lo mismo, medio siglo después? ¿Cómo emprender esa batalla otra vez?

-L.R. Esta es la profesión que escogimos. Uno elige su oficio y actúa en función de esa decisión. Un bombero no puede negarse a apagar un fuego porque sienta miedo, debe buscar los mecanismos para estar protegido. Su trabajo es ése. Si yo decidí que quería hacer y quiero seguir haciendo periodismo, aunque sepa que el entorno en el que vivo supone que cada vez sea más difícil, quiero seguir ejerciéndolo. ¿Cómo? Hay que echar mano de la revolución tecnológica y el cambio de paradigma de los modelos de negocio de los medios de comunicación. Hay que aprovecharlo a nuestro favor. ¿Por qué los periodistas no podemos ser dueños de medios, qué nos lo impide?

"Un responsable de dotación de material sanitario fue detenido por denunciar problemas graves para conseguir medicamentos"

-En España muchos medios les ha acogido con entusiasmo: El Español, Eldiario.es… ¿Qué reflejo ven tanto en España, como en otros países, de iniciativas como Efecto Cocuyo?

-L.R. Las empresas periodísticas, como los partidos o cualquier otra institución, tienen unos tiempos. Cambiarlos no es sencillo, toma tiempo. La gente, claro, ha cambiado. Pero la institución, como todas, permanece por detrás: y es normal, las instituciones no cambian todos los días. Es parte de su naturaleza. En medio de esta vorágine, los grandes medios no han entendido el cambio de las audiencias ni en las necesidades de esas audiencias. Pero hay experiencias en todas partes del mundo que son ejemplo de que sí hay quienes lo están intentado.

-En el caso venezolano, hay serias limitantes: control cambiario, restricciones legales, financieras y fácticas, escasez de medicinas y alimentos y una tendencia al aislamiento. ¿Han estudiado alianzas con medios para tener más impacto?

- Una vez que uno ha entrado en el mundo del emprendimiento, te das cuenta de que hay mucha gente trabajando de forma conjunta. Justamente por la naturaleza del emprendimiento, existe mucha solidaridad. Es un mundo ideas, lo que hace más sencillas o más propicias las alianzas. En España y en otras partes del mundo, pero en España especialmente, hemos encontrado un deseo de ayudar y apoyar a los venezolanos. De pasar de ser un país rico y lleno de petróleo, cuya referencia eran las misses, ahora el país es considerado de otra forma. Existe mucha disposición a ayudar. Estamos agradecidas por eso. Nos hemos reunido con la gente del Español, pero también del eldiario.es y neupic, que nos acogieron con muchísima generosidad.

-L.R. En lugar de tener modelos de competencia, lo que vale, y más todavía en situaciones como ésta, es la solidaridad y la cooperación. Que la experiencia y el conocimiento sobre determinados temas, pueda ser distribuido por todas partes.

Hay que hacer más y mejor periodismo, aseguran. "Es la única herramienta para combatir ese tipo de cosas"

-El periodismo venezolano tiene grandes cruzadas ¿Cómo se contará en su país lo que ocurrió hace diez años si lo de la semana pasada queda sepultado en la opacidad o la censura?

-L.R. Haciendo más y mejor periodismo. Es la única herramienta para combatir ese tipo de cosas. Tenemos que seguir contando y verificando historias. No podemos dejar de contar lo que está pasando. Esas crónicas son parte de la historia. Si nos quedamos sólo con el hecho de que no podemos acceder a la información o a determinadas fuentes, vamos a faltar a ese compromiso, que es contar lo que sucede.

LW. Los periodistas venezolanos hacen periodismo en condiciones hostiles, que se han agudizado. Y sin embargo no han dejado de contar lo que pasa No importa cuán grande sea el intento de opacidad, los periodistas se han volcado. Ahora, cuando es más difícil hacerlo, se pueden leer magníficas piezas de investigación de esas que te llegan a llaga. El espíritu de no dejarse doblegar es muy fuerte. El compromiso de informar puede ser más grande que cualquier intimidación o presión. Como antes las cosas eran relativamente menos hostiles, la necesidad de comprobar los hechos era importante pero no tanto como hoy. Cada trabajo que se publica es una prueba superada. Supone decir: lo logré, a pesar de todos esos obstáculos y alcabalas. Eso es importante.

-L.R. Y hay muchas más iniciativas de periodismo independiente en Venezuela. Por ejemplo, armando.info fue el responsable del capítulo venezolano de los Swiss leaks.

-L.W. Y una periodista venezolana fue la editora mundial de los swissleaks: Emilia Díaz Struck.

"El más conocido en los círculos oficiales fue Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias mucho menos"

-Podemos. Un tema que ha hecho pasar a Venezuela del relativo desinterés o desconocimiento, a ser un arma arrojadiza en la campaña electoral. ¿Tuvo Podemos tanta influencia como publica la prensa española?

-L.R. El más conocido en los círculos oficiales fue Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias mucho menos.

-Es decir, ¿la relación de Podemos con el gobierno venezolano fue manifiesta y visible?

-Sí, era algo público. Participaban en los programas de las televisiones oficiales, además de su trabajo en un centro de investigación que funcionaba, no tengo pruebas para decir que con recursos del gobierno, pero sí en instalaciones oficiales. Juan Carlos Monedero con toda seguridad.

- Chávez despertó una especie de simpatía –huele a azufre, y ese tipo de alusiones que causaban risa-, en la opinión pública española. Ahora hay un interés exagerado. ¿Cuál es la percepción que tienen de ese cambio de perspectiva?

-L.W. Hugo Chávez tenía una particularidad: su carisma. Se podía o no estar de acuerdo con él, pero era alguien carismático. Era un líder; se lo ganó a pulso. Dicho esto: siendo de cualquier tendencia política, de izquierdas o de derecha, resulta muy cómodo ver un proceso en la distancia y decir: 'Ah, claro, no entiendo este proceso pero me resulta simpático… o no; me parece tal cosa u otra'. Pero cuando toca a tu puerta, la percepción cambia. Es algo humano. No tiene que ver con una nacionalidad o un país. Cuando es posible percibir que eso te va afectar, la gente comienza a preocuparse. Eso fue en cierta forma lo que ocurrió en España con el tema Podemos y Chávez . Ahora existe la proximidad de una elección en la que uno de los candidatos tiene afinidad ideológica con Hugo Chávez. Pues ahora lidien con eso.


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