Internacional

Una madre que alimentaba a su hija de 12 años con el cadáver de otra hija muerta y más horrores del asedio de Leningrado

La batalla soterrada por el control de Ucrania entre Alemania y Rusia es un hecho. En este contexto, el escritor Daniil Granin acudió el pasado 27 de enero -70 aniversario de la liberación de la actual San Petersburgo- al Bundestag para hacer enmudecer a Merkel y al resto de parlamentarios germanos recordando los horrores causados por las tropas nazis, al fin y al cabo sus compatriotas.

No ha pasado tanto tiempo de aquel horror que fue la Segunda Guerra Mundial (el 27 de enero se cumplieron 70 años del fin del asedio nazi a Leningrado, actual San Petersburgo), y las tensiones geoestratégicas entre Alemania y Rusia vuelven a resurgir, ahora utilizando como campo de batalla a Ucrania, un país situado en medio de ambas potencias, y al que ambas pretenden controlar -en el caso de Rusia, con todo descaro; en el de Alemania, utilizando la bandera de la Unión Europea-. Ocurrió que en Rusia murieron más de 20 millones de personas entre 1941 y 1945, y la mayoría de ellas a manos de enemigos que hablaban alemán. Y es normal que las heridas sigan abiertas cuando apenas han pasado 69 años del fin de aquella tragedia, y cuando aún pueden encontrarse testimonios vivos de personas que sufrieron en sus carnes las calamidades de una guerra que hoy nos parece de otro mundo.

Granin vivió el asedio a San Petersburgo desde dentro y vio como la gente "comía ratas, gatos, tierra y pegamento, o recurría al canibalismo"

Testimonios vivos como el del escritor Daniil Granin, que acudió el pasado 27 de enero al Bundestag berlinés para pronunciar allí un memorable discurso en ruso que puso los pelos de punta a los presentes. Granin tiene ahora 95 años, pero estuvo en Leningrado cuando contaba poco más de 20. El ataque de las tropas alemanas, que en principio se movían en dirección al Cáucaso, pilló completamente desprevenidos a los habitantes de la ciudad, situada a orillas del mar Báltico. No pudieron hacer acopio de reservas y el hambre pronto apareció. Granin cuenta cómo vio con horror a la gente "comiendo ratas, gatos, tierra y pegamento. Algunos recurrieron al canibalismo". Y relató una historia sobrecogedora en pleno parlamento alemán, que lógicamente dejó helados a los presentes, incluida la canciller Angela Merkel: "Una mujer pierde a su hijo de 3 años, que muere de hambre. Coloca el cadáver entre las ventanas, hace mucho frío. Y cada día corta un trocito para alimentar a su hija y lograr así salvarla. La hija viva tenía 12 años y no sabía con qué se alimentaba. La madre no se permitió ni morir ni volverse loca. La niña sobrevivió. Hablé con ella. Lo supo todo después de muchos años".

 Soldados soviéticos defendiendo Leningrado (Flickr / Za Rodinu)

Granin había sido enrolado a la fuerza en el Ejército Rojo con 22 años, y enviado al frente a defender la ciudad: "Fuimos bombardeados justo cuando nuestro tren llegaba al frente, y desde entonces experimentamos una derrota tras otra, así que nos dábamos a la fuga, nos reagrupábamos, y nos dábamos a la fuga de nuevo" al volver a ser derrotados. Cuando su regimiento fue forzado a rendirse en el pueblo de Pushkin -a 27 kilómetros del centro de la ciudad portuaria- la guerra directa acabó y empezó el asedio.

Leningrado sufrió un durísimo asedio durante casi 3 años (unos 900 días), en una operación muy cómoda para los nazis. Adolf Hitler decidió que no se entrara físicamente en la ciudad, por lo que los bombardeos desde el exterior, unidos al hambre y al frío por falta de combustible, se convirtieron en las armas alemanas para lograr la rendición de Leningrado, que finalmente nunca se produjo, aunque resistir durante esos 3 interminables años costó la vida a un millón y medio de personas. 

"Vergüenza y arrepentimiento" alemán

Aunque les gustaría que esta historia no hubiera ocurrido, lo cierto es que ocurrió, y esa es la razón por la que los alemanes se ven periódicamente obligados a pedir perdón a cuenta de las atrocidades cometidas por el régimen político más atroz, sólo comparable al de Stalin, que conociera la Historia de la humanidad. Así se expresó el presidente de la República, Joachim Gauck, que incidió en la "vergüenza y el arrepentimiento" de su país por lo ocurrido. La antigua ministra de Agricultura Renate Künast (Partido Verde) aseguró que los alemanes conocían de los millones de personas que murieron, pero no eran conscientes de las penurias por las que tuvo que pasar la población civil. Dijo que los germanos difícilmente podrían imaginar todos los significados de la II Gran Guerra, por lo que la generación más joven necesitaba seguir hablando de ello.

Este es el discurso completo de Daniil Granin en el parlamento federal alemán el pasado 27 de enero de 2014 (en ruso en el original, doblado al inglés).


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