Unión Europea

La decadencia española en Europa: solo ocupamos un alto cargo de 36 posibles

La Unión Europea ha cumplido sesenta años y sus líderes han sentando en Roma las bases del futuro comunitario. Tras la salida del Reino Unido, España está llamada a jugar un papel más fuerte tras varios años en los que su capacidad de influencia en las instituciones europeas se ha visto menguada. 

La Unión Europea ha cumplido su sesenta cumpleaños en uno de los momentos más amargos para un proyecto azotado por la crisis financiera, el auge de los populismos, la amenaza yihadista y las tensiones con Rusia y Turquía. A todo ello se suma la crisis de los refugiados y el inminente divorcio del Reino Unido que activará la primera ministra británica sólo cuatro días después de que los líderes comunitarios hayan renovado en Roma su voluntad de avanzar unidos en la construcción europea.

Pero los desafíos que enfrenta la Unión representan una oportunidad para España. Aunque a lo largo de la última década nuestro país ha ido perdiendo capacidad de influencia, ahora se abre un nuevo escenario que ofrece la posibilidad de recuperar peso en las instituciones comunitarias. Unas instituciones que deberán gestionar el avance de una Europa a varias velocidades, como ha quedado plasmado en la "Declaración de Roma" rubricada este sábado por todos los mandatarios.

Pero, ¿por qué España ha ido perdiendo su peso en Europa? Los expertos señalan dos factores fundamentales: el primero es estructural y el segundo, político. La ampliación a veintiocho ha perjudicado especialmente a nuestro país y el giro atlántico que adoptó el Gobierno de Aznar durante su segunda legislatura -priorizando la amistad con Estados Unidos- nos alejó del núcleo duro. Después, durante la etapa de Zapatero, España no logró recuperar la posición que ocupó en los noventa, cuando contribuyó de manera intensa al proyecto europeo. 

A todo esto hay que sumar el efecto de la crisis. El Ejecutivo de Mariano Rajoy aparcó desde el primer momento la política comunitaria, centrado únicamente en acatar las recetas de austeridad dictadas desde Alemania. Pero además, la propia crisis "ha tenido un efecto caricaturizador", como apunta el investigador del Real Instituto Elcano Salvador Llaudes. Muestra de ello son las recientes declaraciones del presidente holandés del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, acusando a los países del sur de gastar el dinero "en alcohol y mujeres" para luego pedir un rescate. 

"Con un Gobierno en minoría volcado en la política interior, la agenda europea es la última de sus prioridades"

Sin embargo, la relativa estabilidad política (sin elecciones a la vista), la incipiente recuperación de la economía y el consenso europeísta español colocan a nuestro país en una situación "óptima" -a ojos de este investigador- para jugar un mayor papel en el proyecto europeo. Aunque para cumplir con esa premisa es imprescindible que el Gobierno adopte un decidido impulso diplomático.

El ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, asegura que el Gobierno español quiere "liderar ese esfuerzo". Pero el politólogo y editor de Politikon Pablo Simón muestra su escepticismo con respecto a la actitud que tomará el Ejecutivo. "No ha habido un pulso real por tratar de ocupar los escalafones importantes dentro de la Unión Europea. Con un Gobierno en minoría tan volcado en la política interior, la agenda comunitaria ocupa la última de sus prioridades", apunta

En este mismo sentido se pronuncia el eurodiputado del PSOE Jonás Fernandez: "Es verdad que España no está como estaba en 2012, pero para desplegar nuestra capacidad de influencia en las instituciones comunitarias debe haber primero un proyecto de país en Europa. Y el Gobierno actual no lo tiene". Aunque no todo está perdido. Lo que hará Rajoy es una incógnita, pero "históricamente, la política exterior ha jugado en España un papel mucho más importante en las segundas legislaturas que en las primeras", remarca Llaudes.

Italia copa el poder

Lo cierto es que actualmente España no ocupa sillones importantes en las instituciones comunitarias, salvo una de las catorce vicepresidencias del Parlamento Europeo (PE) y la cartera que le corresponde como país miembro en la Comisión Europea (CE). En contraste, muchos puestos de gran relevancia están desempeñados por italianos.

Antonio Tajani preside el Parlamento Europeo (PE), Mario Draghi, el Banco Central Europeo (BCE) y Federica Mogherini es la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad. Por su parte, el presidente de la Autoridad Bancaria Europea es el también italiano Andrea Enria; Antonio Tizzano es vicepresidente del Tribunal de Justicia (TJUE) y David Sassoli es vicepresidente del Europarlamento. 

En la actualidad, el único alto cargo español de los cerca de 36 que existen (sumando presidencias y vicepresidencias del PE, CE, Consejo, Eurogrupo, BCE, Comité de las Regiones, Consejo Económico y Social, Tribunal de Cuentas y TJUE) es Ramón Luis Valcárcel, vicepresidente del Parlamento.

Pero el eurodiputado Jonás Fernández (PSOE) advierte sobre las cotas y los sillones: "Para ocupar esos espacios y ejercer el poder se necesita la complicidad y el apoyo de los demás". En este sentido, cree que para granjearse ese respaldo no basta con estar allí. "Hay que ejercer un liderazgo y que los demás te lo reconozcan. Eso es lo que España tiene pendiente", sentencia. 

De Guindos mantiene su esperanza de recuperar al menos la vicepresidencia del Banco Central Europeo

Y pone como ejemplo la pérdida de la silla en el Comité Ejecutivo del BCE que se produjo en 2013, cuando España prácticamente 'renunció' a presentar un candidato viable para la institución, a cambio de que Francia y Alemania apoyasen a Luis de Guindos para presidir el Eurogrupo. Al final, la jugada salió mal y España se quedó a dos velas. En el órgano regulador se coló el portugués Vítor Constâncio, que finaliza su mandato en 2018. Precisamente De Guindos -el ministro que más insiste en que España está infrarrepresentada- mantiene la esperanza de recuperar, al menos, la vicepresidencia del BCE.

Cuestión de influencia

Aunque el asunto de los sillones no es un indicador del todo fiable para comprobar la capacidad de influencia de los Estados. De hecho, dos de 'los cuatro grandes' (Francia y Reino Unido) tampoco cuentan con un número notable de altos cargos (ver gráfico). Aunque el francés Pierre Moscovici sí que ocupa una cartera de peso en la Comisión, la de Asuntos Económicos y Financieros. Por su parte, el español Miguel Arias Cañete es comisario de Acción por el Clima y Energía, un perfil más bajo que el de su colega galo y que el de su predecesor, Joaquín Almunia, que llegó a ser vicepresidente, comisario de Asuntos Económicos y comisario de Competencia.

Pero lo cierto es que España ha ocupado muchos cargos de relevancia a lo largo de sus treinta años de pertenencia al club comunitario. El expresidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín -tras pasar por varias carteras- llegó a presidir la Comisión Europea. Por allí pasaron también otros españoles como Abel Matutes, Marcelino Oreja, Loyola de Palacio, Joaquín Almunia o Pedro Solbes. Javier Solana fue Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y al frente del Parlamento Europeo estuvieron Enrique Barón Crespo, José María Gil-Robles o Josep Borrel.

Además, España también ha presidido el Tribunal de Justicia (Gil Carlos Rodríguez Iglesias); el Comité Económico y Social Europeo (Carlos Ferrer); el Comité de las Regiones (Pasqual Maragall) o el Tribunal de Cuentas (Juan Manuel Fabra). Más allá de los puestos de primer orden, un estudio del think tank europeo Bruegel revela que España mantiene sus posiciones en el siguiente escalafón, el de los presidentes de comisiones, directores generales y altos funcionarios.


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