Internacional Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López: "Podemos es cómplice, por no rechazar la violación de los Derechos Humanos en Venezuela"

Lilian Tintori, la esposa de Leopoldo López, el líder de Voluntad Popular encarcelado desde hace 16 meses por el gobierno de Nicolás Maduro, visitó Madrid esta semana tras su intervención en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La presión internacional es fundamental, asegura, para conseguir la libertad de los 75 presos políticos en Venezuela.

Lilian Tintori (Caracas, 1978) no había cumplido los treinta cuando contrajo matrimonio con Leopoldo López, entonces alcalde de Chacao y uno de los principales líderes opositores contra el gobierno de Hugo Chávez. En ese momento, la deportista, campeona de kitesurf y presentadora de televisión sabía muy bien que se casaba no una, sino dos veces: con Leopoldo López y con su carrera política. Lo que quizá Tintori desconocía es que ella, entrenada para las más duras pruebas físicas, afrontaría su carrera de fondo más larga: la que ha tenido que librar durante los 16 meses que su marido lleva en la cárcel militar de Ramo Verde acusado por el gobierno de Nicolás Maduro. López, contra el que pesaba una orden de captura por las protestas de febrero de 2014, se entregó a la Guardia Nacional para probar que "no tenía nada que ocultar". Eso fue el 18 de febrero de 2014 y desde entonces hasta ahora permanece tras las rejas. En todo ese tiempo, Lilian Tintori ha tenido que convertirse en los ojos y la voz no sólo del líder de Voluntad Popular, sino de los otros 74 presos políticos.

"Hasta donde sabemos,

Podemos cree en la promoción de los derechos humanos. Pero si no rechaza la violación de estos en Venezuela, se convierte en cómplice"

Para hacer presión internacional ante las violaciones de los Derechos Humanos en Venezuela, Tintori se ha reunido con los principales líderes: desde el vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden o el papa Francisco hasta Mariano Rajoy. "Estamos muy agradecidos con España, su apoyo ha sido el de un país hermano". ¿Incluso con gestos como el de Podemos, que negó la existencia de presos políticos en Venezuela? Lilian Tintori responde a la pregunta evitando cualquier exceso. "Hasta donde sabemos, Podemos es una organización que cree en la promoción de los derechos humanos. Pero si no rechaza la violación de estos en Venezuela, se convierten en cómplices".

Con el gesto endurecido, incluso cuando sonríe, Tintori se presenta a una entrevista que no puede durar más de 15 minutos. Su agenda no tiene ni un solo claro. Llegó la noche anterior de Ginebra, donde intervino en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Con el rostro todavía aniñado, su acento caraqueñísimo y una melena lisa y rubia recogida con dos trenzas de raíz, Tintori ya no es la carismática chica deportista. Ahora es algo más: un alfil político en el irregular tablero de la oposición venezolana. Ella, sin embargo, se planta: su trabajo se concentra en la libertad de todos los presos políticos.

Guapa y cercana, cuando Tintori comenzó en los medios de su país generó una empatía casi inmediata; y sigue consiguiéndolo, ahora por razones distintas, muy pero muy distintas. Lilian Tintori suele esquivar ese tipo de comentarios y asegura que a ella sólo le interesa representar a la mujer venezolana que va al supermercado y no encuentra nada qué llevar a sus hijos. La escasez hace que el día a día de muchos ciudadanos transcurra en interminables colas, yendo de un sitio en otro buscando productos básicos que no aparecen y que, de llegar a conseguir, costarían seis o siete veces el valor que tenían en días pasados. Frente a esa mezcla de demolición e indefensión que padece su país, azotado por la inflación -un profesor universitario con doctorado gana 40 dólares al mes- y la inseguridad ciudadana -cada 20 minutos muere una persona a manos de la delincuencia-, Lilian Tintori luce el traje sobrio de quien resiste, de los que no tienen otra opción excepto la de continuar hacia adelante.

-Usted, que ha sido una destacada deportista y maratonista, se enfrenta ahora a la carrera de fondo más larga y difícil. Lleva ya más de un año, de país en país, pidiendo la liberación de su esposo. Le resultará agotador que cada día le cambien la meta de sitio.

-Ha sido un momento muy difícil para mí, como familia, como esposa y como mujer. Esta es una batalla democrática. Llevamos ya un año y cuatro meses en la defensa de los Derechos Humanos en Venezuela y luchando por la libertad de nuestros presos políticos, que son 75. Sin embargo, la energía interna que sentimos es muy fuerte. ¿Que esto cansa? Sí, porque no hemos parado. Pero tenemos un compromiso muy grande y eso nos motiva a seguir con más ánimo, con más fuerza y con mucha fe. Lo que está pasando en Venezuela va a cambiar, todos nuestros esfuerzos son justamente para conseguir el restablecimiento de los Derechos Humanos y la democracia.

"Leopoldo, mi esposo, tiene preso un año y cuatro meses preso, y de ese tiempo, nueve meses ha estado aislado"

-Leopoldo López lleva 16 meses preso en la cárcel militar de Ramo Verde, uno de los penales más inclementes en cuanto a condiciones físicas y la forma en la que allí se trata a quienes son recluidos. ¿Cuándo fue la última vez que vio a su esposo?

-Leopoldo lleva un año y cuatro meses preso y de ese tiempo, nueve meses ha estado aislado. No se permiten visitas de familiares. Nuestra visita, que es lo más sagrado, también se la han quitado por nueve meses. La última vez que lo vi fue el domingo pasado. Leopoldo salía de una huelga de hambre que hizo durante 30 días con Daniel Ceballos (ex alcalde de San Cristóbal, también encarcelado). Exigían una petición democrática, legítima y constitucional: fecha de las elecciones parlamentarias con observación internacional calificada de Unasur, la OEA y la Unión Europea, así como la liberación de todos los presos políticos y el cese de la persecución, represión y censura que hay en Venezuela. Fue impactante. Eso es lo que están haciendo nuestros líderes en Venezuela: los concejales, los estudiantes y también Leopoldo López, mi esposo, para llamar la atención dentro y fuera de Venezuela. Ya tenemos fecha para las elecciones, serán el 6 de diciembre. Ahora necesitamos apoyo de la comunidad internacional, como lo hemos tenido pero aún más, para conseguir observación internacional calificada.

-Si el año pasado la ONU se pronunció y exigió al gobierno venezolano la liberación de Leopoldo López y el gobierno no acató, ¿qué le hace pensar que esa presión pueda funcionar?

-Hay que seguir, hay que seguir y hay que seguir. Hay una frase que dice: las puertas de la celda se abren cuando las golpeas constantemente, hasta que consigues que se abran solas. Eso va a ocurrir, pero depende de cada uno de nosotros: depende de la comunidad internacional, del apoyo que nos den. La ONU se ha pronunciado cuatro veces, cuatro: el grupo de trabajo contra las torturas, el de detenciones arbitrarias, también el relator contra las torturas. Amnistía Internacional pidió la libertad de Leopoldo López. Human Rights Watch pidió la libertad de Leopoldo López. Gobiernos, senados, cámaras de Diputados… todos ellos han pedido su liberación. Pero hay que seguir. Pedimos la liberación no sólo de mi esposo, sino de los 75 presos políticos, injustamente encarcelados. Son inocentes y los tenemos que liberar. No podemos tener elecciones con presos políticos.

"Son inocentes y los tenemos que liberar. No podemos tener elecciones con presos políticos"

-¿Usted cree que Nicolás Maduro, en plena campaña, va a acceder? No parece dispuesto a echar marcha atrás.

-Uhum…

- Lilian, la realidad: ¿qué va a pasar cuando lleguen las elecciones y todos sigan presos?

-Yo no visualizo unas elecciones con presos políticos. Los deben liberar. Son inocentes. En el caso de varios de ellos no han conseguido ni una prueba ni un testigo de nada. En el caso de Leopoldo, tiene un juicio abierto absolutamente injusto. No hay ni una prueba ni un testigo que lo culpe de nada y no lo van a conseguir, porque son inocentes. Están presos por protestar y protestar no es un delito, es un derecho. Estoy segura deque todo el trabajo internacional de millones de personas va a tener sus frutos. Y el fruto es la libertad. Venezuela está hoy en una posición muy delicada. Nicolás Maduro está observado y aislado ante el mundo: no fue a la reunión con el papa Francisco, tampoco a la CELAC. Porque no tiene autoridad moral para salir y dar la cara por el país que hoy está al borde de una crisis humanitaria, con presos políticos. La comunidad internacional ha despertado. España ha sido fundamental, desde un primer momento, y lo agradecemos desde el corazón, pero hay que seguir. Y este trabajo tiene que ser constante, claro, preciso y por algo que te mueve: el compromiso por el respeto de los Derechos Humanos.

-Usted representa la voz de 75 familias que están haciendo lo posible por no quebrarse. Pero, en su caso, ¿cómo se sostiene usted y a los dos niños que perciben todo lo que ocurre?

-Me ha tocado criar a mis niñitos sola. Leopoldo está preso, nunca debió estarlo, pero ya lleva un año y cuatro meses y a mí me toca levantar a mis hijos. Manuela, mi hija de cinco años, y Leopoldo Santiago, que tiene dos. Él aprendió a caminar en la cárcel. Cuando Leopoldo se entregó a la justicia injusta, Leopoldo Santiago gateaba. Ahora mi hijo corre y camina entrando y saliendo de la cárcel de Ramo Verde. En la celda de Leopoldo no, porque es muy pequeña: mide dos metros sesenta por dos metros setenta. Es un tigrito, un espacio muy pequeño y ahí vive. Y no sólo permanece aislado en la celda, sino que el edificio completo lo está. Hemos buscado la forma de seguir adelante, con unión familiar, y con un objetivo muy claro: la libertad de Leopoldo. Manuela mi hija me pregunta que cuánto falta. Yo le respondo: falta poco, ten fe. Me pregunta: ¿por qué papi está preso si todo el mundo lo quiere? Porque es cierto, a Leopoldo lo quieren: la gente nos saluda, nos abraza, lloran con nosotros. Creo que, a pesar de lo duro que ha sido, Manuela está orgullosa de su papá. Y cuando crezca, Leopoldo Santiago va a estar orgulloso de su papá. A veces mi esposo me dice: ‘Lilian, le diremos al bebé, cuando sea grande: tus primeros pasos fueron en la cárcel, pero porque estábamos liberando a Venezuela'.

"Mi hija Manuela me pregunta por qué su papá está preso si a él todo el mundo lo quiere"

-¿Tiene algún reproche hacia algún país de la región que haya permanecido en silencio, que no se haya pronunciado?

-Cuando todo esto comenzó, Venezuela venía mal. Las violaciones de los Derechos Humanos eran muchas. Pero pasó lo que pasó: ocurrieron aquellas protestas del mes de febrero y vimos cómo se desató la represión. Se detuvo ilegalmente a más de 3.700 personas en Venezuela, entre ellos, mi esposo. Estábamos solos. No sabíamos ni por dónde empezar. Qué vamos a hacer, nos preguntábamos. Nos dimos cuenta de que si queríamos conseguir algo no podíamos quedarnos dentro. Porque en Venezuela todo está controlado por una persona. No hay separación de poderes públicos, no hay un Estado de Derecho. No hay justicia, en Venezuela hay un 97% de impunidad, según la ONU. Por eso decidimos buscar apoyo en la comunidad internacional. Comenzamos a visitar diferentes países, a contactar con distintos líderes demócratas del mundo, contarles nuestra situación y pedirles ayuda. Día a día se suma más gente. Día a día tenemos más apoyos. No puedo reprochar a nadie, puedo agradecer y puedo pedir, pedirle a la comunidad internacional: cuando hablamos de derechos humanos no puede existe doble rasero, cuando hablamos de derechos humanos no podemos hablar de fronteras e injerencias, cuando hablamos de derechos humanos tenemos que crear una fuerza tan grande que se haga imparable.

-Venezuela se volvió especialmente visible en España a raíz de la aparición de Podemos, por su vinculación con el gobierno de Hugo Chávez. ¿En algún momento han tenido acercamiento con ellos, ellos han intentado contactar con ustedes?

-El año pasado, la primera vez que vine a Madrid a pedir apoyo, el presidente Rajoy nos recibió y nos escuchó. Nosotros le pedimos a Rajoy, al resto de las fuerzas políticas, entre ellas Podemos, que se pronunciaran y que rechazaran las detenciones, que rechazara la detención de Leopoldo y la de todos los presos políticos. Podemos no lo hizo. Ha pasado mucho tiempo, un año y cuatro meses, y lo que nosotros pedimos a Podemos o a cualquier liderazgo del mundo es que se rechacen las violaciones de los Derechos Humanos. Y hasta donde sabemos, Podemos cree en la protección y promoción de los Derechos Humanos. Pero si no rechaza la violación, se convierten en cómplices. Y sí lo pedimos, hace un año: que se posicionaran.

"Pedimos a Rajoy que Podemos se pronunciara y que rechazara las detenciones, pero no lo hicieron"

-Si a usted le hicieran elegir entre la reconciliación o la justicia. ¿Con cuál se queda?

-Quiero reconciliación. Sin duda. Esta pregunta me la han hecho personas que jamás imaginé. Personas de mucha experiencia política. Mi respuesta es la misma que tiene Leopoldo en su corazón y su cabeza: reconciliación. En nuestro corazón no cabe rencor, ni odio. Creemos en el perdón y la reconciliación y eso es lo que necesita Venezuela: el respeto mutuo. Estamos cansados de escuchar amenazas, ataques, odio, malas palabras del gobierno nacional, del régimen de Maduro. No queremos eso. Y claro que queremos justicia, así como el rescate de los derechos humanos y la democracia en Venezuela y la posibilidad de reconciliarnos. De entendernos y aceptarnos unos a otros.


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