Internacional

La candidatura de Trump a la Casa Blanca: un camino hacia la debacle republicana

El candidato en las primarias republicanas se ha convertido de la noche a la mañana en el protagonista de todas las crónicas políticas. El polémico magnate no ha dejado de subir el tono y copar portadas. Las encuestas de los conservadores lo han agradecido, mientras que es el peor candidato para el resto de la población.

El candidato a las primarias republicanas a la Casa Blanca, Donald Trump.
El candidato a las primarias republicanas a la Casa Blanca, Donald Trump. EFE

Cuando el pasado 16 de junio, el magnate Donald Trump anunció que se presentaba a las primarias republicanas para llegar a la Casa Blanca, lo hizo con unas polémicas declaraciones en las que aseguraba que “cuando México envía a su gente, no envía a la mejor. Están trayendo drogas, crimen y a sus violadores” y abogó por crear un muro en la zona que limita con el país vecino para controlar el paso ilegal. Estas palabras sobre los inmigrantes, junto a otras lanzadas ese mismo día en las que llamaba a Obama cheerleader, despertaron una gran ola de indignación y propiciaron un boicot comercial al multimillonario, fueron sólo el punto de partida de la candidatura de Trump, que ha hecho de la polémica el eje central de su campaña.

Pese a que Trump lidera todas las encuestas a las primarias republicanas, es el candidato que peor se sitúa en un hipotético enfrentamiento con Hillary Clinton

Trump busca que se hable de él, sea bien o mal, pero que hablen, y parece surtirle efecto. Desde mayo, cuando aún no era candidato, pero estaba en algunas quinielas, ha multiplicado sus apoyos hasta por ocho en algunos sondeos. Además, en las últimas siete encuestas a las primarias republicanas se ha situado en primera posición, con un porcentaje de votos que oscila entre el 17 y el 24% - en donde tan solo Jeb Bush, el gobernador de Florida, y Scott Walker, gobernador de Wisconsin, consiguen sobrepasar del 10% de los apoyos -. Pero no todo son buenos datos para Trump. Si bien se encuentra en cabeza en unas encuestas para unas primarias que tendrán lugar dentro de un año, los sondeos en las que lo enfrentan a la candidata demócrata a la presidencia, Hilary Clinton, suponen para Trump un batacazo: es el candidato republicano que peor se sitúa frente a la antigua primera dama, perdiendo en dos distintas encuestas, por 13 y 24 puntos, frente a los mejores datos de sus rivales, que están a menos de 10 puntos de Clinton.

Pese a la volatilidad de los sondeos, estos datos arrojan luz sobre el doble efecto que está causando la polémica campaña de Trump, que ha tenido su punto álgido esta última semana. Por un lado parece estar ganando parte del voto conservador en el país, pero a costa de asustar y aglutinar en su contra al voto más moderado. El pasado sábado 18 de julio, Trump defendió en un acto que el antiguo candidato republicano a la presidencia en 2008, John McCain “no es un héroe de guerra”, y añadió: “Solo es un héroe de guerra porque fue capturado. Me gustan los que no han sido capturados”. Unas palabras que fueron recibidas con una mezcla de estupor, risas y algún aplauso por su público, pero que han supuesto todo un terremoto en las filas republicanas. El domingo 19 Trump se negó a disculparse y, tres días después, decidió hacer público el número de teléfono personal de uno de sus rivales en las primarias, Lindsay Graham, como respuesta a las críticas que este le había realizado por su ataque a McCain. Trump reveló que el senador de Carolina del Sur le llamó cinco años atrás y le pidió que le nombrara en Fox News, “¿Quién es este hombre?, ¿un mendigo?”, se preguntó Trump, justo antes de entregar el número de teléfono. Graham respondió a la jugarreta del magnate subiendo un vídeo a Youtube en el que mostraba distintas formas de cómo destruir su teléfono móvil.

Trump, que aseguró que hizo esto “por diversión”, está viendo cómo su polémica actuación en las primarias le está llevando a copar todos los focos. Además de Lindsay Graham, Trump no ha dudado en cargar también contra otro de los precandidatos, Rick Perry, gobernador de Texas: “Está muy abajo en los sondeos, se pone lentes para hacer creer que es inteligente, pero eso no funciona”. Esta actitud, importada de su faceta de showman televisivo parece llevar a Trump a apretar el gatillo sin apuntar con tal de obtener cuota de pantalla o lograr una baza para atacar a cualquiera de sus rivales. El pasado 7 de julio, su cuenta oficial de Twitter se hizo eco de un tuit en el que se criticaba a la esposa de Jeb Bush, Columba, por ser una inmigrante mexicana. El mensaje, que decía que “a Jeb Bush le tienen que gustar los mexicanos ilegales por su esposa", fue retuiteado por Trump, y no fue borrado hasta que la polémica había llegado a los medios. No es el primer desliz de Trump en Twitter, que es un habitual del gatillo fácil en la red; en 2013 tuiteó que el 98% de los crímenes en Estados Unidos eran realizados por negros o hispanos, y su equipo subió hace una semana una foto de campaña en la que aparecían soldados nazis de la II Guerra Mundial, lo que volvió a situarle en el centro mediático, aunque en esta ocasión se echó la culpa a un becario.

Trump se desplazó a la frontera con México para defender su propuesta de un muro entre los dos países: "Nos ahorraría muchísimo dinero"

Visto que su estrategia estaba dando el resultado deseado, Trump ha decidido seguir adelante con el circo y el pasado jueves tomó un avión tras recibir una invitación –luego cancelada– de la patrulla fronteriza para hablar en Laredo (Texas), en la frontera de México. Allí, defendió su propuesta de construir un muro entre los dos países dado que éste “nos ahorraría muchísimo dinero. Tenemos que levantar un muro”. Pese a ello, Trump matizó que el muro debe levantarse solo en “algunas partes” y explicó que él “ama a los latinos”, pero siguió en sus trece sobre el “crimen” que trae la inmigración ilegal. Además, Trump explicó que él emplea a miles de latinos y no duda, según ha explicado en varias entrevistas, que “ganará el voto latino”.

Boicot comercial a Trump

Pese a los deseos de Trump, la realidad parece ser otra. Desde sus declaraciones sobre los inmigrantes mexicanos, la comunidad latina se ha posicionado en su contra. Desde las cadenas Univisión, NBC Universal y Televisa, los grandes almacenes Macy's, hasta el magnate Carlos Slim... la indignación se concentró en un principio sobre el concurso del que es co-propietario Trump, Miss Universo, que las cadenas decidieron no emitir. Pero debido a la presión de diversos colectivos hispanos, la tendencia está al alza y cada vez más cadenas, empresarios y famosos hispanos rompen sus contratos con Trump debido a las presiones, el enfado o el miedo a perder la audiencia latina, que cada día crece más en EEUU. Pese a ello Trump no se ha quedado quieto, se sabe que de momento ha puesto una demanda a Univisión de 500 millones de dólares. Aunque esto no debe preocupar en exceso a Trump, ya que, con motivo de su candidatura, tuvo que hacer público que posee una fortuna de 10.000 millones de dólares. Varios artistas y famosos hispanos, como Shakira, Ricky Martin o el cocinero español José Andrés también se han sumado a las críticas al polémico magnate y se han negado a colaborar con él en el futuro -José Andrés tenía previsto abrir un restaurante en un hotel del multimillonario, algo que finalmente no hará-.

Podría presentarse como independiente

Entre todo este ruido, Trump sigue a lo suyo: salir en los medios. Él mismo, imbuido de toda una carrera presentando su imagen de tiburón de los negocios, cuestionó hace unos días de nuevo al hermano e hijo de expresidentes, esta vez enfocado al mundo empresarial: “¿A quién prefieren para negociar con China, a Trump o a Jeb?”, preguntó. “Trump o Hillary... Hillary también tiene un tono solemne”, concluyó el magnate, que hace unos días amenazó con presentarse como candidato independiente, lo que podría suponer un severo revés para el Partido Republicano, que si ya va detrás en todas las encuestas que le enfrentan a Clinton, un Donald Trump compitiendo por el mismo electorado podría ser devastador.

Precisamente, hay dos ocasiones recientes en las que un candidato independiente ha sido trascendental en las elecciones presidenciales. En 1992, el conservador Ross Perot recibió el 19% de los votos, lo que permitió a Bill Clinton arrebatarle por un mayor margen la presidencia a George H. W. Bush. Y en el año 2000, el candidato presidencial del Partido Verde, Ralph Nader, excedió el margen que consiguió Bush sobre Gore en Florida y New Hampshire, en donde, de haber recibido solo una mínima parte de los votantes de Nader - 90.000 en Florida y 20.000 en New Hampshire -, Gore se habría proclamado presidente frente a George W. Bush. Así, entre la amenaza y el miedo que esconden los hechos precedentes, los republicanos avanzan hacia un escenario incierto. Mientras tanto, Trump se mueve de polémica en polémica, manteniendo engatusados a los espectadores americanos con una estrategia de doble filo, que puede hacer de las opciones republicanas el próximo 2016 un completo fracaso ante la ola de indignación que arrastra.


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