Internacional

Hollande y Merkel vencedores de la batalla por la paz de Normandía

El presidente francés y la líder alemana fueron los artífices del intento de frenar la crisis de Ucrania durante los actos del 70 aniversario del desembarco. Hubo gestos, en privado, pero los hubo. Putin habló durante unos minutos con el presidente Petro Poroshenko.

La canciller alemana Angela Merkel conversa con el presidente francés François Hollande durante la ceremonia franco-estadounidense.
La canciller alemana Angela Merkel conversa con el presidente francés François Hollande durante la ceremonia franco-estadounidense. EFE

François Hollande y también Angela Merkel. Los dos han trabajado en los últimos días para frenar la tensión en Ucrania. Si bien Barack Obama y Vladimir Putin no quisieron darse la mano en público, el trabajo de Hollande permite tener esperanzas de que el futuro en Europa no será tan difícil como se temía. Y los frutos se han visto el mismo sábado.

Hollande llegó a cenar dos veces en París en el mismo día, una con Putin y otra con Obama, frenar la tensión. El presidente norteamericano dijo que sin gestos habría más sanciones. Y en el Desembarco hubo gestos, en privado, pero los hubo. En Normandía hubo una breve conversación en el castillo de Bénouville entre ambos mandatarios. Y otro gesto. Putin habló durante unos minutos con el presidente Petro Poroshenko, con Merkel presente. Prometió enviar una delegación a la toma de posesión del vencedor de las recientes elecciones ucranianas.

Petro Poroshenko tomó posesión el sábado y pidió a los rebeldes que dejen la lucha. Les prometió inmunidad a los que no tengan las manos manchadas de sangre. Lo importante es que Putin cumplió su palabra y envió al embajador Mijail Zurabor a la toma de posesión y hay perspectivas de diálogo. La propia Angela Merkel pidió ayer a Putin responsabilidad para encarar la crisis de Ucrania y asegurar la paz.

Merkel no paró de hablar durante los actos del aniversario con Putin tanto en privado como en público. En el excesivo tiempo que duró la llegada de los jefes de Estado a la playa de Sword se le veía constantemente departir con el presidente ruso.

Mientras, Obama permanecía alejado e incluso parecía que hacía bromas para no cruzarse ni la mirada con Putin. Un apretón de manos en la playa del Desembarco hubiera dado la vuelta al mundo. Pero no hubo suerte. Prefirieron contentar a los más duros de sus escuderías y no ceder en público ni un centímetro.

Otros triunfadores

 Obama y la reina Isabel II de Inglaterra fueron los triunfadores populares del aniversario del Desembarco de Normandía que se celebró el pasado viernes. Los franceses construyeron un estadio provisional en la playa de Sword con capacidad para siete mil personas y lo llenaron. Las apariciones de Obama y la reina de Inglaterra fueron recibidas con vítores y gritos por los asistentes, gran parte de los cuales eran habitantes de la zona donde se produjo el desembarco hace 70 años.

La prensa seria británica contó que Isabel II pidió cambiar el Citroën que Francia asignó a los reyes y jefes de Estado para que no le estropeara su sombrero. El coche elegido fue un Renault, que parece era más alto y no tocaba con su querido sombrero. También fue la única que accedió al estadio de Sword en coche, en concreto, en un Land Rover, y se evitó el paseo del resto de personalidades que hizo las delicias de los fotógrafos que esperaban en la arena.

En el teatro construido sobre la arena de la playa de Sword tocaron 500 músicos militares, trabajaron 650 figurantes y se construyeron carpas, tribunas y zonas de seguridad lo que hizo necesario utilizar 600 toneladas de estructuras y cientos de horas de trabajo. Todo para homenajear a los muertos y también a los héroes que acudieron a la arena. La seguridad era total, pues además de los guardias de cada uno de los reyes o jefes de Estado la Gendarmería tenia un gran dispositivo cerrado con 4 kilómetros de vallas.

Casi nada se dejó al olvido. Todo tenía su razón. La comida del encuentro de los 18 jefes de Estado se celebró en el Chateau de Bénouville, primero maternidad y luego casa de recogida de niñas con dificultades. Su directora ayudó a la resistencia en la guerra y facilitó a los aliados datos importantes sobre los movimientos de los alemanes, lo que facilitó el desembarco de los aliados.

La llegada de los líderes mundiales fue lenta y sólo llamó la atención que Vladimir Putin saliera en mangas de camisa del coche, mientras que el resto de los reyes, reinas y jefes de Estado lucían a la salida del coche impolutos. Dentro del castillo se desactivó, eso se cree, la crisis de Ucrania, que ponía en peligro la paz que se logró en esa playa hace 70 años.

Obama abrazó a todos los veteranos que pudo y quisieron. Unos novecientos soldados, muchos de ellos ya en silla de ruedas por su edad, llegaron otra vez a las playas a recordar aquel drama. En el que el primer día cayeron tres mil compañeros y otros tantos civiles. El balance final de la batalla fue terrible: 600.000 víctimas entre muertos, heridos y desaparecidos, de los que 54.000 eran alemanes.

Al llegar al estadio donde se celebró el espectáculo de conmemoración (fue todo un espectáculo) sólo dos personas insistieron en charlas con los veinte veteranos elegidos para ser homenajeados en nombre de todos los presentes: Barack Obama y Angela Merkel. Ver a la alemana departir amigablemente con los condecorados soldados ponía la carne de gallina a los presentes.

Los franceses de han volcado con este acto en el que también han querido recordar, además de Normandía, el inicio de la Primera Guerra Mundial que convirtió el norte de Francia en un campo de sangre y sufrimiento. Alrededor de estos dos acontecimientos, los franceses han construido un gran complejo de turismo. Dos millones de personas visitan cada año las playas, los museos y las ruinas que dejó la barbarie alemana.

Además de los museos han sido capaces de guardar edificios y búnkers de los alemanes para que los hoy turistas comprendieran qué supuso para un país la invasión alemana. Han celebrado actos durante todo el año. Exposiciones, música, conferencias, representaciones, debates, exhibiciones, concursos, ... todo para dejar claro que fueron capaces de derrotar a los nazis.

En uno de los documentos que el Gobierno repartió a la prensa lo dejaba claro: hay que transmitir a los jóvenes lo que supuso el desembarco y sus consecuencias para Francia y Europa.

Los más felices estos días han sido, una vez más, los veteranos. Uno de ellos, que apenas hablaba, cada vez que se acercaba alguien a preguntarle algo le condecoraba con un pink de la bandera de Canadá, otro de los países que se dejaron la sangre de sus jóvenes por salvar a Europa de la barbarie nazi.


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