Internacional

Putin planea reabrir en Cuba una base de espionaje que él mismo cerró en 2001

Moscú está acorralando a Washington en política exterior. En el hemisferio occidental, que se consideraba el patio trasero de EEUU, Putin realizó en julio una gira triunfal. Como regreso del duelo de las superpotencias de la Guerra Fría, Cuba y Rusia pueden reabrir una base de escuchas para anular a la NSA.

El presidente ruso, Vladimir Putin.
El presidente ruso, Vladimir Putin. EFE

Rusia ha regresado al escenario internacional con una voluntad insospechada en los años de Borís Yeltsin. Vladímir Putin y Dimitri Medvédev, que desde 2000 se turnan en la presidencia de la república y la jefatura del Gobierno, dirigen una política de refuerzo interno, lo que incluye hasta planes de fomento de la natalidad, a la recuperación del rango de gran potencia, con presencia en todo el mundo y sin vacilaciones a la hora de enfrentarse a Estados Unidos.

En el último año, Rusia se ha impuesto a Estados Unidos en el tablero mundial: paró la ofensiva de Washington y sus aliados (Israel, Reino Unido, Arabia Saudí, Francia y Turquía) contra el régimen de Al-Assad en Siria y se anexionó la península de Crimea. En este mes de julio, el presidente Putin ha realizado una gira por América (11-16 de julio) donde se han tomado decisiones importantes.

En la sexta cumbre de los BRICS, celebrada en Fortaleza (Brasil), se anunció la constitución de un Banco de Desarrollo con unos 100.000 millones de dólares de capital inicial para financiar proyectos de infraestructuras en países en desarrollo, más un fondo contingente de reservas. Otra de sus finalidades es independizar a estas potencias (Rusia, China, Brasil, India y Sudáfrica) de los organismos del sistema financiero decidido en Bretton Woods para la posguerra, como el FMI y el Banco Mundial.

Otros asuntos de interés planteados por Putin en la gira fueron la propuesta de Rusia, el segundo exportador mundial de petróleo y el mayor productor de gas natural, de constituir una asociación energética entre los BRICS, que incluiría un banco de combustible de reserva (en mayo Moscú firmó con Pekín un acuerdo de exportación de gas natural hasta 2048 por importe de 400.000 millones de dólares); la construcción de un centro de transporte, con puerto y aeropuerto, cerca de La Habana; la cooperación con Argentina para la construcción de dos centrales nucleares; etcétera.

Antes de empezar la gira por Iberoamérica, la Duma rusa aprobó la condonación del 90% de la deuda que la dictadura comunista de Cuba mantenía con la URSS y que heredó Rusia. Esta deuda ascendía a 35.000 millones de dólares y ha quedado reducida a 3.500 millones. Cuba y sus aliados bolivarianos apoyaron a Rusia frente a las sanciones aprobadas contra ella por EEUU y la Unión Europea a causa de la guerra en Ucrania.

Interceptar comunicaciones de Florida a Washington

Como muestra del cambio en el equilibrio mundial, está la situación de la base de espionaje electrónico de Lourdes, cercana a La Habana. La construyó la URSS a finales de los años 60 del siglo XX para interceptar las comunicaciones desde la costa de Florida a la ciudad de Washington y vía satélite, así como las emisiones de los buques, submarinos y aviones de las Fuerzas Armadas de EEUU. En ella, el mayor centro de inteligencia radioelectrónico y radiotécnico de la URSS fuera de su territorio, llegaron a trabajar 3.000 técnicos.

Los soviéticos no permitían a los cubanos el acceso a Lourdes, pero les cedían información que consideraban de interés para sus arrendadores, como las actividades de los exiliados y, además, les construyeron una base parecida de menor potencia, Bejucal, todavía operativa.

En 2001, Putin, presidente de Rusia, cerró la base para agradar a EEUU y para ahorrarse los más de 200 millones de dólares anuales que pagaba a Cuba por el alquiler; trece años más tarde regresa a abrirla, según publicó a mediados de mes el periódico ruso Kommersant, aunque las negociaciones entre los militares rusos y cubanos comenzaron hace meses.

La información de la reapertura ha sido desmentida por Moscú, pero cuesta creer que los dos países implicados, Cuba, donde los octogenarios hermanos Castro siguen empeñados en mantener su dictadura y expandir su influencia, y Rusia, vayan a renunciar a disponer de una herramienta que les permita contrarrestar a la poderosa NSA estadounidense, que ha reconocido haber pinchado los teléfonos de la canciller alemana Ángela Merkel.


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