Internacional

Cuba espera que los turistas americanos aterricen en La Habana antes del verano

La palabras de Fidel Castro sobre las negociaciones con EEUU “no rechazo una solución pacífica de los conflictos” parece que pretenden calmar a los sectores más ultras del régimen cubano.

Junio o julio. Es la fecha. En La Habana, incluso dentro del Gobierno, se cree que si las conversaciones entre los Estados Unidos y Cuba marchan como se espera en el primer semestre del año podrán aterrizar en el Aeropuerto José Martí los primeros turistas de los norteamericanos. Podrán traer más dólares, que es lo que Cuba necesita con urgencia, e incluso llevarse ron y habanos (100 dólares sólo). El rumor que circula en los pasillos de los ministerios entre los funcionarios parece que ha contagiado a la población. Todos quieren que vengan los yankis a disfrutar de la isla, pero sobre todo a gastar. “Lo necesitamos”, afirma Hugo una de las miles de personas que vive bien en la isla gracias a las propinas de los turistas.

Los Castro han logrado que el país tenga tres clases sociales. Los que viven del turismo son auténticos privilegiados gracias a las propinas. Pueden comprar en las tiendas de turistas y llegar a un segundo mercado vetado para los ciudadanos que trabajan en otro sector. El segundo grupo está formado por los que reciben dinero de sus familiares exiliados en EEUU. Multiplican sus dólares por cerca de 25 pesos, lo que les convierte en otro grupo de 'privilegiados'. Si se aprueban las nuevas medidas podrán recibir 2.000 dólares al trimestre frente a los 500 de ahora.

Pero la inmensa mayoría son los que viven la revolución del racionamiento. “Desde hace algunas semanas apenas se podía encontrar carne de cerdo, y cuando encuentras los precios son imposibles para nosotros”, contaba un nativo hace pocos días en La Habana. La ciudad se cae poco a poco. Las calles turísticas más importantes de La Habana Vieja tienen un aspecto maravilloso, restauradas, llenas de música y mojitos. “Salir del recorrido turístico muestra la auténtica situación de la ciudad y del país, con todo hecho una ruina”, afirma una persona crítica con el régimen.

“Estamos hartos de los Castro”, afirma una mujer mientras pide unas monedas para comprar “algo”. “Que se vayan y vengan los americanos", pide esta cubana mientras ofrece puros “auténticos” a mitad de precio y ron de marca más barato que en las tiendas del Gobierno.

Gastar dinero

La mayor parte de personas consultadas por este periodista durante una semana en La Habana es partidaria de que se abran las puertas a los americanos para que puedan gastar dinero. No hay miedo ("estamos deseando") a que vuelvan los que abandonaron la isla y han hecho dinero en Miami. Pero no quieren que el capital americano convierta, de nuevo, la isla en un burdel como tiempos del dictador Batista. Si se aprueban las nuevas normas, los americanos podrán gastar sin límite en Cuba y, además, podrán pagar con tarjeta de crédito, algo que hasta la fecha era imposible.

“Estamos hartos de los Castro”, afirma una mujer mientras pide limosna

Parece que la población, salvo la poca oposición organizada en el interior, quiere que vengan a gastar, pero también a invertir, pero los hay críticos. “No quiero un McDonalds en la plaza de Las Armas”, decía uno de los vendedores de libros que rodean la estancia más antigua de la ciudad.

La mayor dificultad en la apertura a los turistas americanos, y a las posibles inversiones, parece que viene de los funcionarios que han hecho callo en un régimen sin libertades que hurta la información a sus ciudadanos. Los cubanos reciben la información de las negociaciones entre EEUU y su país a través de Gramma y la televisión del Gobierno. Apenas conocen otras cosa que no sea la doctrina oficial. “No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra”. Fue el mensaje en forma de carta de Fidel Castro que se difundió en Gramma hace pocos días en La Habana.

Parece que el mensaje habría ido a calmar a los más duros del régimen, incluidos los militares, que podrían estar descontentos con el inicio de las conversaciones. No quieren perder privilegios.“Los militares no sólo se ocupan del Ejército. Son los dirigentes de las principales empresas y una mínima libertad económica les pone nerviosos”, afirma un experto en sufrir la falta alimentos en muchas de las tiendas de la ciudad.

El titular del Gramma a toda página: Cuba y Estados Unidos, el comienzo de un nuevo capítulo, es una señal de que el Gobierno está preparando a la población para noticias importantes en los próximos meses. La realidad es que los cubanos tienen una “mayor” libertad económica con Raúl Castro que con Fidel. Hay cierta facilidad para poner un pequeño negocio y los paladares (restaurantes) privados ya no tienen tasadas las mesas y las sillas del establecimiento. Las tiendas libres se multiplican. "Si quiere usted puede invertir aquí es una oportunidad", ofrece un hostelero al periodista.

La llegada de la iniciativa privada ha provocado que muchos de los restaurantes oficiales hayan bajado los precios para evitar la fuga de los turistas a los paladares. “Nosotros le regalamos el mojito y le aseguro que allí arriba (dirigiéndose a uno de los establecimientos de moda) no hay control sanitario”, decía el comercial de un local del Estado cerca de la Plaza de la Catedral de La Habana.

Langosta a 40 euros

Los precios de un paladar son mucho más caros que en un restaurante público, pero están llenos. El citado por el agente del Gobierno estaba repleto a 40 euros, frente a los 15 de su local. La falta de una regulación municipal está haciendo que se monten paladares en terrazas en las que se meten hasta cien personas, lo que no pone en peligro la calidad de la langosta, pero sí la seguridad del propio edificio. La población habanera está segura de que si vienen los turistas americanos habrá más propinas, y por lo tanto, más posibilidades de salir de la miseria.

La población habanera está segura de que si vienen los turistas americanos habrá más propinas, y por lo tanto, más posibilidades de salir de la miseria

Joel es taxista, mientras que su mujer es médico y le dobla en salario en pesos cubanos. Pero la realidad es muy diferente. Con su moneda cubana apenas pueden comprar los alimentos básicos. Pero cuando recibe un peso convertible de propina, la que usan los turistas, todo cambia. Cada una de estas monedas equivale a 25 pesos cubanos. Y además le permite acudir a las tiendas para turistas, algo vetado para el resto de la población. “Si vienen más americanos, habrá más gente que coja taxi e incluso podré cambiar el motor de mi viejo Cadillac por uno coreano antes de que reviente y me deje en el paro”, señala.

Los que creen que los americanos ya han desembarcado en el Hotel Nacional o La Habana Libre son los responsables de La Floridita y La Bodeguita del medio, los establecimientos del Gobierno más conocidos en el mundo. El ‘daiquiri’ está a seis pesos (casi seis euros) y el ‘mojito’ a cinco. Con estos precios no hay cubanos. Sólo hay turistas, aunque no son americanos.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba