Internacional

Alemania evita la recesión gracias a China, su otro 'socio privilegiado'

China es ahora indispensable para Alemania: gracias a su cooperación con el gigante asiático, Berlín evita la recesión y se financia a bajos costes.

Como lo apuntó el Premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, "Él que cree que China es un problema tiene que creer que Alemania es un problema". Ambos países, los dos exportadores más importantes de manufacturas en el mundo, tienen tanto en común que algunos observadores ya llaman a Alemania la "China de Europa". Es un informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores que lo cuenta: Una relación privilegiada está naciendo entre ellos a la vez que la Unión Europea busca –en vano– una manera de fomentar una relación unida y estratégica con China, que parece ver más y más a Alemania como el país que domina en Europa, no sin razón.

Alemania es el principal socio económico de China en Europa. Casi la mitad de todas las exportaciones europeas a China son alemanas y casi el cuarto de las importaciones chinas a Europa están destinadas a Alemania. China es hoy en día el segundo mercado más importante para las exportaciones alemanas fuera de Europa, detrás de EEUU, pero se espera a que el Imperio Medio conquiste el puesto del gigante americano en 2012 y se convierta en el mercado más importante de Alemania fuera de la UE.

China cree que los alemanes mandan en Europa

En junio de 2011, Angela Merkel recibía al primer ministro Wen Jiabao con 13 de sus ministros para lo que llamaron una consulta "gobierno a gobierno". Era la primera vez que Alemania organizaba tal evento para una delegación china, sólo lo había hecho antes con gobiernos de Francia, Israel e India. Representaba un gran cambio para el gobierno alemán, pero para los chinos, revela un hecho indudable: en China, se cree que los alemanes mandan en Europa.

A favor de una crisis que ha dado a luz a lo que se llama más y más la 'Europa alemana', China cambia su política exterior hacia la UE dando un papel más significativo a Angela Merkel. Esta evolución es el resultado de una década de reformas lideradas por Gerhard Schröder. Apostando por la competitividad y gracias a la adopción de la moneda común, Alemania empieza a depender mucho de sus exportaciones, hasta que en 2011, la mitad del PIB alemán venía de ellas. De hecho, éstas se han dirigido al país cuya demanda no deja de crecer: China. Y han evitado a Alemania conocer la misma suerte que sus socios europeos, liados en la recesión. Alemania no habría salido de la crisis en 2009 sin las exportaciones a China.

La crisis del euro, por otra parte, ha llevado a China a no fiarse de Bruselas. "Si uno quiere algo hecho en Bruselas que se vaya a Berlín" dice un analista chino. Hubo grandes esperanzas de que China fuese a invertir en el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Esperanza frustrada: los inversores chinos prefieren la seguridad de los bonos alemanes, lo que permitió a Berlín financiarse con facilidad.

Alemania necesita mercados

En China, Alemania goza de un prestigio que los antiguos colonizadores como Francia y Reino Unido no tienen. Los chinos ven en Alemania el país que cuenta en la UE y les permitirá llegar al estatus de país industrializado. En su estrategia para desarrollar sus propias compañías, las inversiones germanas son esenciales. China necesita tecnología, Alemania necesita mercados. “Tenemos exactamente los productos que necesitan” cuenta un oficial alemán en China. No sólo coches de lujo, sino también máquinas herramientas para industrias que Pekín considera estratégicas, como automóviles, energías renovables o alta tecnología.

Ironía del destino para Alemania: es en estas mismas industrias que China lleva una feroz competencia con las empresas alemanas. El ejemplo más emblemático fue la reciente quiebra de Q-Cells, que era hace pocos años el líder mundial en la fabricación de paneles solares, pero no ha podido resistir a los bajos precios de los paneles chinos. Si bien la cooperación chino-alemana está en su apogeo, el potencial conflicto de competencia podría avivarse a medida que China se convierta en un país capaz de llevar su propia producción y conquistar los mercados donde la industria alemana domina. Un funcionario alemán lo recuerda, "Al final, somos 80 millones y estamos retrocediendo. A largo plazo, que tengamos éxito o no, somos pequeños."


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