Madrid

La verdadera historia de los fundadores de Nebraska contada desde su aldea

Se criaron entre vacas en un pequeño pueblo asturiano durante la Guerra Civil, recogieron cacao en África y su primera aventura empresarial fue una tienda de ultramarinos llamada 'El As del jamón'. Esta es la historia de los cuatro hermanos Blanco que fundaron las míticas cafeterías que acaban de echar el cierre en Madrid.

La casa de la familia Blanco, en Naviego, actualmente.
La casa de la familia Blanco, en Naviego, actualmente. María Álvarez S.

"Esta es la verdadera historia de las Cafeterías Nebraska, la historia de cuatro de once hermanos de una pequeña aldea asturiana que hicieron historia en la capital. Juan Ramón era el optimista, José el sencillo, Paulino el práctico e Higinio el obstinado", cuatro nombres, cuatro hermanos, que compartieron apellido y negocio y cada uno, a su manera, impregnó con su personalidad a la empresa. Porque Nebraska nació desde el optimismo de una idea tan sencilla como levantar una cafetería con el enfoque más práctico: cumplir con el cliente. La obstinación, el último de los atributos de sus fundadores, fue la que hizo que se mantuviera viva más de medio siglo, hasta que hace unos días la crisis se llevó por delante a uno de los iconos de la reputada hostelería de la ciudad del Oso y el Madroño. Curiosamente fue Higinio, el hermano más obstinado, el último en fallecer pocos años antes de que Nebraska echase el cierre.

Quien da luz a este reportaje prefiere mantenerse en el anonimato, a pesar de haber vivido desde las entrañas el nacimiento, expansión y desaparición de las cafeterías más emblemáticas de la capital en las últimas seis décadas.

Hacían 60 kilómetros con las vacas atravesando el puerto de Leitariegos

Naviego se encuentra entre el puerto de Leitariegos y Cangas del Narcea, y reposa en el vientre de un valle que da cobijo a unas 200 personas distribuidas en varias aldeas. Una región que hace años vivía de la ganadería y la minería, de la emigración a Suiza, a Alemania o Argentina, y que ahora sobrevive como puede. Lo que apenas ha cambiado es el áspero clima de la zona. Hielo, lluvia y viento acompañan los duros inviernos en los que hace ochenta años el cabeza de la familia Blanco sacaba adelante a su prole. Y lo hacía como tratante de ganado. "Siempre recordaré al padre, José Blanco Blanco, y a sus once hijos corriendo detrás del ganado. Así se ganaban el jornal. Cogían las vacas y se echaban por los caminos hasta Villablino y allí las subían al tren que las llevaría hasta Madrid. Y eso en tiempos de la Guerra Civil", declara nuestro confidente. Nada menos que 60 kilómetros de travesía en la que había que pasar por Leitariegos dos veces, una a la ida y otra a la vuelta. Este tipo de vida tan sacrificada empujó a los hermanos a buscar otros horizontes. Algo que les costó que muchos vecinos del valle les tacharan de blandengues por negarse a trabajar la tierra.

Palacio, una de las aldeas que conforman el valle de Naviego
Palacio, una de las aldeas que conforman el valle de Naviego

Juan Ramón fue el primero en dejar la casa que aún se levanta, reformada desde hace algunas décadas, en Naviego. Se fue a Madrid, donde trabajó en una tienda de ultramarinos. Pero el mundo se le hizo pequeño pronto y emigró a la Guinea Española, concretamente a Fernando Poo, donde comenzó a trabajar en una finca de cultivo de café y cacao de la que llegó a ser capataz y que estaba regentada por una orden religiosa. 

Mientras, en una España dividida, Higinio era encarcelado tras ser apresado en el frente. José, su padre, no quería que la historia se repitiese y utilizó sus influencias para conseguir un salvoconducto que daba pase por tierra mar y aire a su hijo Paulino para dejar la guerra y encontrarse en África con su hermano Juan Ramón.

Se optó por Nebraska porque las empresas de la competencia se hacían llamar con nombres de ciudades

En paralelo, José e Higinio, los otros dos hermanos, ya llevaban un tiempo en Madrid y habían abierto una carnicería en la calle Colón, barrio de Fuencarral. En ese establecimiento aprendieron de negocios y les sirvió, en parte y con el apoyo del resto de la familia, para sufragar los estudios de lntendente Mercantil -hoy sería Económicas- de su hermano Cándido "el que valía para estudiar".

Poco después, Juan Ramón y Paulino volvieron de África y se sentaron a hablar con José e Higinio para poner ideas en comunión. Comenzaban a perpetrar el primer negocio a nombre de los cuatro. Ellos aún no lo sabían, pero se estaba gestando Nebraska.

El As del jamón

Y de esta forma pusieron en marcha una tienda de ultramarinos que también comercializaba embutidos, chorizos y jamón, a la que bautizaron por ello con el nombre de 'El As del Jamón'.

España daba las primeras bocanadas de aire fresco tras la posguerra y empezó a revolotear sobre sus cabezas otro tipo de negocio. "Aquí todo eran tascas, bares, tabernas. Ellos tenían en mente algo mejor, con más estilo, en mejores condiciones". Su nacimiento se produjo sin planes de negocio ni estudios de mercado. Se basó únicamente en el olfato y la intuición de los Blanco, unos auténticos sabuesos para los negocios.

El lema: 'Rapidez, buen producto y, sobre todo, limpieza'

Manila y California, otras dos de las cadenas de tipo americano que se instalaron por la época en Madrid, ya servían desde hace un tiempo a los capitalinos. "Los cuatro hermanos bautizaron a la cadena de cafeterías como Nebraska sin ningún motivo concreto. No tenía ningún secreto. Como la competencia inauguraba establecimientos con nombres de localidades internacionales apostaron por Nebraska. Podía haber sido cualquier otro nombre", reconoce nuestro entrevistado. El concepto miraba con el rabillo del ojo a las cafeterías americanas de la época, pero tenían una cosa muy clara, sus establecimientos debían estar regidos por el lema Rapidez, buen producto y, sobre todo, limpieza.

Taza de la década de los 70 de las cafeterías Nebraska
Taza de la década de los 70 de las cafeterías Nebraska

"En esa época se servían tortitas, platos combinados, sandwiches americanos... Toda una novedad entonces. La oferta culinanaria estaba acompañada por una buena selección de profesionales. Las camareras tenían fama de ser las más guapas de Madrid".

Los perritos calientes aún no habían llegado a Nebraska. Eso sucedió después, a finales de los 70, en los mejores años de la cadena, que abrió locales en las principales calles de Madrid: Alcalá, Gran Vía, Bravo Murillo...

Buenos tiempos para el negocio, tempestades en lo personal. Dos de los hermanos fallecían de forma trágica. Cándido, ya como flamante Intendente Mercantil, regresó a Naviego y recibió como regalo de sus hermanos una moto. A lomos de la misma pierde la vida en un accidente contra un coche a escasos kilómetros de la casa que le vio nacer.

Pocos años después Alfredo, que también estuvo en África, se hizo con los mandos de la hacienda familiar. "Un buen día se echó al monte por la mañana y vio algo. Por la tarde cogió una escopeta y volvió al mismo sitio. Al ir a sortear un obstáculo del terreno utilizó la escopeta para apoyarse, con tan mala suerte que apretó el gatillo por error y se descerrajó un tiro que le quitó la vida". Llevaba 20 días casado. Su mujer estaba embarazada. 

Pero Alfredo ya había lidiado antes con la muerte. "Vino de Guinea muy enfermo de tuberculosis y le llevaron a la zona alta de la sierra madrileña de Guadarrama, donde los médicos decían que los aires eran los mejores para tratar su enfermedad. Todas las semanas sus hermanos le hacían llevar la medicación junto a un hatillo de jamón, carnes y embutidos. Allí pasó un año bajo los cuidados de una de sus hermanas, hasta que finalmente se curó. Pero después, el destino fue caprichoso con él".

Nebraska es para los madrileños, de alguna manera, lo que el toro de Osborne es para los españoles

Dos varapalos que no enturbiaron las ganas de trabajar de los cuatro hermanos. Con su esfuerzo consiguieron que muchos de esos establecimientos tan emblemáticos, inicialmente en régimen de alquiler, pasasen a ser de su propiedad.

Cartel en la tienda de Nebraska del barrio de Tetuán
Cartel en la tienda de Nebraska del barrio de Tetuán

"Me consta que tomar la decisión del cierre ha sido muy duro para la familia. Han intentado de todo durante los diez últimos años para evitarlo: reformas, inversiones, cambios de estrategia... Pero al final no han tenido más remedio que poner punto final a Nebraska", concluye nuestro confidente. Una triste noticia para muchos madrileños, como así lo expresaron en redes sociales. "A la familia le ha sorprendido mucho la reacción de la gente. Cuando cerraron Manila y California no se armó este revuelo". Y es que Nebraska es para los madrileños, de alguna manera, lo que el toro de Osborne es para los españoles.

Ya no vive ninguno de los cuatro hermanos. José murió a principios de los 80, Paulino en 2008 y Juan Ramón e Higinio en 2012, pero la hacienda familiar de Naviego aún sigue en pie después de ser reformada por Paulino hace casi 40 años. La mantuvo hasta hace poco tiempo una familia de caseros que trabajaba las tierras y las vacas, quizá esta última la mayor de las aficiones de los hermanos.

Un par de madreñas, el calzado típico asturiano, con el valle de Naviego de fondo
Un par de madreñas, el calzado típico asturiano, con el valle de Naviego de fondo

Uno de los vecinos de Naviego lo recuerda perfectamente. "Paulino solía acercarse algún fin de semana por aquí y lo primero que hacía nada más llegar era ir a las cuadras a ver cómo estaba el ganado. Ni se quitaba la chaqueta, ni saludaba a nadie, ni nada. Bajaba del coche e iba directo a saludar a las vacas. Nunca hubo menos de veinte cabezas en esa casa".

Otros vecinos también recuerdan su compromiso con la aldea que le vio nacer. "Él pagó una gran parte del alumbrado con el que Naviego se iluminó en las oscuras noches por primera vez. Siempre estuvo comprometido con la aldea, quería que no muriese".

Hasta no hace muchos años se le podía ver pasear por la aldea apoyado en su bastón y con Tinina, su mujer, del brazo, al cobijo de esas montañas que tanto les dieron y tanto les quitaron a los hermanos Blanco. Ahora Paulino descansa en el cementerio de la parroquia, desde donde se disfrutan unas de las mejores vistas del valle.

Los de Naviego no son los montes de Nebraska, pero en ellos se forjó el carácter de las cafeterías más emblemáticas de la capital.


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