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García-Romanillos: “Debe afrontarse una revisión constitucional sin darle mayor importancia”

Joaquín García-Romanillos es diputado constituyente, ex director general de Justicia y acaba de dejar el consejo de administración de Gómez-Acebo & Pombo, donde continúa como socio. Reclama una revisión de la Constitución y un reforzamiento de valores en España. 

Joaquín García-Romanillos, en una imagen de archivo.
Joaquín García-Romanillos, en una imagen de archivo. Casa de America

Joaquín García-Romanillos es un abogado, diputado constituyente por UCD que además ha sido director general de Justicia, secretario y vicepresidente del Consejo General de la Abogacía y acaba de dejar el consejo de administración del despacho Gómez Acebo & Pombo, donde continúa siendo socio y uno de sus puntales.

En estos momentos de crisis económica, política y podría decirse que de modelo, es un buen momento para hablar con cierta calma con uno de los impulsores de un periodo que, con todo tipo de altibajos, puede calificarse de positivo. La transición ha llegado hasta aquí y ahora tocan cambios, algo que no debería asustar a nadie en su opinión.

“El balance de estos 35 años es positivo. Nunca ha habido una época con tanta prosperidad económica y equilibrio político” afirma, rememorando el proceso constituyente, al que, por otro lado, rebaja su aureola mítica: “quisimos ser normales, como los demás países europeos.  Hicimos algunas cosas bien, otras no tanto, como no podía ser de otra manera, porque somos humanos.” Sin más. Pero ahora toca avanzar.

 “Sin darle mayor importancia, deberíamos hacer algún tipo de revisión constitucional. Consensuada y del alcance que sea preciso. Ya no estoy en política y soy un simple observador por lo que tampoco quiero ponerme a decir el alcance que debe tener, pero debe hacerse.”

De hecho, muestra cierta extrañeza por el retraso: “Hubo una modificación iniciada con el tema de la sucesión de la Corona que al final no ha salido adelante, porque parece que no se quiere tocar ese asunto. También habría que tocar la cuestión autonómica”, aunque desde el consenso y la tranquilidad: “No hace falta ser drástico y empezarla de cero.”

En este sentido, insiste en que “estamos en un momento de crisis de valores. No están en alza cuestiones como el rigor, el esfuerzo, la competitividad, el espíritu de superación  o la honestidad. En el 77 sabíamos perfectamente dónde queríamos ir. Había ilusión y ahora no la hay porque no sabemos dónde queremos ir. Estamos constantemente preguntándonos quiénes somos, cosa que no hacen ni un americano, ni un inglés ni un alemán. No hay valores, ilusiones, ni objetivos claros. Si se tuvieran, desaparecerían muchos de los problemas.”

Asimismo, denuncia el enorme mercantilismo contemporáneo: “La economía tiene excesivo peso. Todo se mide, todo se cuantifica. Los números le han comido el terreno al derecho. A los jueces se les impone el número de sentencias y eso no debería ser así. La economía debe estar al servicio de los valores, no al revés.”

Desde abajo

La regeneración moral, que debe ser inculcada “desde las escuelas”, es el mejor antídoto contra la corrupción: “Al final esa ausencia de honestidad ha creado metástasis, como el cáncer. Si el grande es corrupto, el de debajo también, porque pierde el auto reproche social. En el 1977 era impensable imaginar que los partidos políticos iban a degenerar en grandes vehículos de corrupción. Esa palabra no existía, eran tiempos de mucha ilusión y poco dinero. Hoy es al revés: poca ilusión y mucho dinero.”

Encima, se ha hundido la cultura del esfuerzo, “sustituida por la cultura de que el Estado del Bienestar. Lo público nos debe cubrir todo, pero esta cobertura debe ser consecuencia del esfuerzo de muchos, que produzca la riqueza del estado y eso lleve al bienestar. Pero estamos instalados en que el estado debe pagar la enseñanza, la medicina… y nadie se pregunta de dónde toma el dinero el estado. Por mucho que nos empeñemos, los coches necesitan gasolina y si no tienen, no pueden funcionar". 

Por casualidad

Este jurista entró en política casi a regañadientes y, de todas formas, siempre ha mantenido una premisa vital de ‘dos legislaturas como máximo para todo’, excepto en la abogacía. Sólo fue diputado durante dos mandatos, al igual que miembro de la Junta del Colegio de Abogados de Madrid. Tampoco duró más tiempo en el Consejo General de la Abogacía o en el consejo de Gómez-Acebo & Pombo.

Ejercía en Granada. Participaba en clubes de opinión, escribía en medios… En la preparación de las primeras elecciones democráticas, Federico Mayor Zaragoza confeccionó la lista de UCD, encargado por Adolfo Suárez. García-Romanillos no tenía la menor gana de figurar en ellas pese a sus inquietudes democráticas y, tras mucho insistirle Mayor Zaragoza, aceptó ir el séptimo, es decir, el último de la fila. Pero en UCD insistieron: “no se puede dar la imagen tan clara de que no quieres ir”, le dijeron. Entonces, como el partido preveía dos diputados, se apuntó el cuarto. Le despertaron a las dos de la mañana tras la celebración de los comicios: habían salido elegidos cuatro diputados por Granada. Tocaba traslado a la Carrera de San Jerónimo.

En la siguiente legislatura repitió con más ganas. Fue Director General de Justicia con Pío Cabanillas. Se creó el Consejo General del Poder Judicial “e hicimos leyes interesantes. Sostuve una tesis que no prosperó: que el consejo debía ser integrado sólo por cinco miembros con  plena dedicación. Los demás (hasta 20), que asistieran sólo una vez al mes o cuando fuera necesario. Entonces ya creía que 20 eran demasiados. Pues esa tesis vuelve a estar sobre la mesa, pero reducir el número es complicado porque está establecido por mandato constitucional.”

Jueces mediáticos

Sobre el rutilante e incesante papel de los jueces estrella, que parecen darse el relevo unos a otros, opina que “esa figura desaparecería cuando los jueces sean famosos por sus sentencias y no por su instrucción. Dame el nombre de un juez famoso por sus sentencias. No lo hay. Según la Constitución es misión de los jueces juzgar y hacer ejecutar los juzgados, no investigar ni instruir, lo que pasa es que hay un segundo párrafo que dice y cualquier otra actuación que le conceda la ley. Esa capacidad residual es la que permite a los jueces dedicarse a instruir.”

Al menos, “se avecina una reforma en la que va a aparecer el juez de garantías. El juez controlará la instrucción, pero el mayor protagonismo se le dará al fiscal”.

Respecto a su despacho, las cosas van bien, asegura, “aunque algunos clientes estén pasando apuros”. A esos, “les estamos ayudando. No podemos dejar de atenderles porque estén pasando un bache”. Y añade que “ahora hay mucho empresario mirando oportunidades en el extranjero. Es importante decir que España tiene magníficos empresarios”. 


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