Gaizka Fernández Soldevilla, historiador

“ETA quiere negociar su disolución”

El autor del libro La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA analiza el discurso de la banda terrorista, las razones por las que aún no se ha disuelto y las posibilidades de un resurgir en los próximos años. 

Gaizka Fernández Soldevilla.
Gaizka Fernández Soldevilla. Carlos Fonseca

Gaizka Fernández (Baracaldo, 1981) es uno de los nuevos historiadores vascos. Responsable del área de Investigación, Archivo y Documentación de la Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, acaba de publicar La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA, en el que analiza los orígenes del terrorismo.

¿Por qué nace ETA?

A finales de los cincuenta y principio de los sesenta surge una nueva generación de nacionalistas vascos que se encuentran con unas circunstancias muy concretas: una dictadura, inmigración del resto de España, marginación del euskera... Al principio se afilian al PNV, pero terminan considerando inoperante su política, chocan con las viejas generaciones y en 1958 acaban rompiendo con el partido y creando el suyo propio, ETA, que al principio no se diferencia mucho ideológicamente. Se distinguen en que ellos quieren hacer una oposición activa al franquismo y entienden que sus mayores se han acomodado y en algunos casos incluso han prosperado con el régimen. Pese a ello, desde el 58 hasta que empiezan a matar pasarán diez años.

¿Por qué se perpetúa más allá del franquismo?

ETA ha conseguido una imagen a nivel internacional y también en España de ser la organización antifranquista por excelencia. ETA se opone a la dictadura, ETA mata a Carrero Blanco que era el delfín de Franco, ETA es la que más valientemente se enfrenta a Franco desde ese imaginario, pero la propia ETA dice en sus boletines que no es una organización antifranquista, sino una organización antiespañola, y afirma literalmente que si el día de mañana se proclamase la III República también lucharía contra ella porque su lucha es contra España, sea cual sea el régimen. Cuando llega la democracia un sector de ETA capitaneado por Mario Onaindía y Juan María Bandrés acepta las reglas del juego y se disuelve, pero el resto dice que la democracia no existe, que es una dictadura encubierta, un franquismo sin Franco, y deciden seguir matando. En su discurso siguen hablando de Franco, aunque ya esté muerto.  

Una de las claves por las que ETA ha durado tanto tiempo es porque ha tenido un apoyo social enorme

¿Cómo se explica que durante muchos años haya contado con un amplio apoyo social?

Una de las claves por las que ETA ha durado tanto tiempo es porque ha tenido un apoyo social enorme. Ni el GRAPO ni Terra Llliure lo tuvieron nunca. Hay algunos elementos que lo explican. En primer lugar, durante la dictadura adopta la estrategia de acción-represión-acción, es decir los atentados provocaban una represión indiscriminada del franquismo que afectaba a mucha gente que no tenía nada que ver con la banda y que empieza a simpatizar con ella. Otra cosa que hace muy bien ETA es crear mártires. Txabi Etxebarrieta fue el primer etarra en matar y en morir y fue convertido en un héroe. Txiki y Otaegi, los últimos fusilados del franquismo, fueron convertidos en mártires y puestos como ejemplos a seguir por las nuevas generaciones. Y, finalmente, el nacionalismo vasco radical es mucho más que una ideología, tiene su música, sus bares, una estética a la hora de vestir que crea una subcomunidad muy cohesionada. Ningún otro partido tiene algo parecido, es una maquinaria perfecta en la que la piedra angular que los une a todos es ETA.

ETA ha durado tanto tiempo es porque ha tenido un apoyo social enorme

¿Por qué cree que ETA no se ha desarmado y anunciado su disolución pese a haber transcurrido cinco años desde el anuncio del cese definitivo de la violencia?

Intenta negociar. ETA quiere disolverse a cambio de algo, no a cambio de nada. Disolverse ahora mismo aceptando su derrota sería decir que todo lo que ha hecho en estos 50 años ha sido un fracaso. Contra esa imagen, lo que intenta es negociar unas condiciones mínimas para sus presos, no hacer la foto de la entrega de armas como perdedores, sino hacerla como ha hecho el IRA o pueden hacer las FARC, como un pacto entre dos iguales. Y entonces no sería la historia de una derrota, sino de un éxito. Al Gobierno no le interesa porque ETA es una organización que está totalmente derrotada, policialmente cercada, que no tiene activistas, que no tiene casi armas. ETA está esperando un milagro, que es una negociación, que yo creo que ya no va a ocurrir, porque no tiene nada que ofrecer.

ETA quiere disolverse a cambio de algo, no a cambio de nada. Disolverse ahora aceptando su derrota sería decir que todo lo que ha hecho en 50 años ha ido un fracaso

¿Debería hacer algo el Gobierno para facilitar ese desarme y disolución?

El Gobierno ha dicho que puede revisar la política de dispersión de presos siempre y cuando ETA se disuelva. Es decir, no dar algo para que ETA se disuelva, sino primero se disuelve y entonces podremos pensar en ser generosos en ciertos aspectos. El Gobierno se ha contenido, no ha cedido a las presiones para negociar y participar en esos foros que se han creado con mediadores internacionales, que creo eran una trampa, y ha sabido mantenerse firme. Lo que ha ocurrido es que ETA se ha debilitado cada vez más.  ETA es ahora mismo como un azucarillo, se está disolviendo poco a poco. Va a llegar un momento en el que no va a haber nadie para cerrar la persiana.

Tras cinco años sin atentados, ¿podemos hablar de normalización de la convivencia?

La superficie parece que es la normalidad, un mar en calma después de décadas de auténticas tormentas y maremotos. Pero de vez en cuando ocurren remolinos y pasa lo de Alsasua, pasa lo de Vitoria y vuelve a haber pintadas. Uno se pregunta si aunque la superficie esté en calma, qué está ocurriendo por debajo. Creo que, aunque estamos en una situación infinitamente mejor que hace veinte años, el imaginario de ETA sigue vivo. La transmisión de propaganda a los jóvenes sigue en activa y todo ese caldo de cultivo sigue ahí y no creo que vaya a producir violencia mañana, pero puede producirla dentro de diez, quince o veinte años porque el odio es la gasolina que hace que la violencia funcione.  

La transmisión de propaganda a los jóvenes sigue en activa y todo ese caldo de cultivo sigue ahí

¿Me está diciendo que cree que en diez años podríamos tener una nueva ETA?

Creo que si no desactivamos ese odio puede pasar que dentro de diez o veinte años un chaval, movido por el odio, cometa un asesinato. Ese odio, la manipulación de la historia, la transmisión de que ETA lo hizo bien, de que no ha habido una derrota sino que ETA lo dejó porque quiso. Si alguien le dice a un chaval que ETA cogió las armas para defenderse de la agresión española, que estuvo bien matar y le transmiten ese odio generacional, dentro de diez años ese chaval va a tener las mismas condiciones mentales que tuvieron los etarras en los años sesenta. Lo que tenemos que hacer es desactivar el odio, luchar contra la narrativa de que ETA fue buena, contra la impunidad, contra las falsas excusas de que el Estado fue el que provocó la violencia o de que hubo un conflicto entre vascos y españoles. Todas esas mentiras hay que desactivarlas y una de las formas de hacerlo es dando voz a las víctimas, haciendo historia, investigando, divulgando. Hay que transmitir a las nuevas generaciones la historia como fue.

Lo que tenemos que hacer es desactivar el odio, luchar contra la narrativa de que ETA fue buena


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