A mi ritmo

Y tú, ¿cómo corres?

Cuando decidí, hace ya más de tres años, crear un programa de radio dedicado el mundo del running, tenía claro que el nombre era importante. Surgieron muchas propuestas, y hubo muchos running-storming; porque la tormenta de ideas surgía con los amigos mientras corríamos. Sólo tenía sentido si, tanto el nombre como la línea “editorial” del programa, nacían ahí, entre corredores populares que charlan de sus temas cuando salen a rodar o a entrenar; o cuando se toman algo tranquilamente tras una carrera.

A tu Ritmo surgió en una de esas mañanas de fin de semana consumiendo kilómetros con un grupo de amigos en la Casa de Campo de Madrid. Fue uno de los que nombres que pronunció Juan Carlos. Y desde ese momento lo tuve claro: “así se va a llamar mi programa de radio”.  

Pero muchas veces, aunque parezca extraño, tengo que explicar por qué un programa de running se llama así. Y no es porque muchos lo confundan con un programa de música para bailar. Es porque piensan que A tu Ritmo sólo tiene una lectura, la de tomarse el atletismo popular únicamente como una diversión en la que hay que olvidarse de las marcas y correr sólo para disfrutar y no sufrir.

Y, por supuesto, esa es una de las lecturas que tiene el nombre del programa. Pero, al igual que tratamos de fomentar que la gente corra para pasarlo bien y no se obsesione con la marcas, respetamos (y alentamos) a los que se toman este deporte, aunque no sean profesionales, como una competición y una manera de superar retos y marcas. ¿Por qué no? Siempre que esa pasión no se convierta en algo enfermizo e insano, cada uno puede hacer lo que quiera. Eso sí, siempre que no perjudique a los demás y respete la decisión del otro. No hay por qué hacer de menos al que va más despacio, o criticar al que busca a menudo mejorar su marca.  

Cada uno, a su ritmo. Sea rápido o lento. Buscando marcas o no. Porque la diversión no está reñida con ir rápido, aunque los más veloces no puedan detenerse a admirar el paisaje o recrearse con la sensación que nos provoca el entorno. Encuentran otras satisfacciones. Y, lo mejor, ambas actitudes se pueden combinar. Porque, todos lo sabemos, no es bueno ir siempre con el cuchillo entre los dientes.

A nuestro ritmo, seguimos avanzando.


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