A mi bola

De la 'mandarina a pilas' a Cristiano 'Yonaldo'

Lo escribí en Twitter al poco de conocer la alineación de Holanda ante Alemania y comprobar sus efectos en cuanto el balón echó a rodar. Definitivamente, Van Marwjik ha convertido a la 'Naranja Mecánica' en una 'mandarina a pilas'. Pilas, eso sí, alcalinas. El doble pivote Van Bommel-De Jong corre y corre, dura y dura, pero jugar, no juega nada. Con todo el talento que tiene de medio campo hacia adelante, quienes mejor conocen a los holandeses hablan de Strootman como el complemento perfecto para filtrar el juego y, por supuesto, Van Persie jugando de Van Persie.

De atrevida y admirada, la selección holandesa ha pasado a ser timorata y repelente. Normal que acumule dos derrotas. Sólo cuando tuvo el partido cuesta arriba tras los dos goles de Mario Gómez, Van Marwjik sacó a Van der Vaart y Huntelaar y buscó la portería de Neuer. Puedo entender a los entrenadores que una vez que se ponen por delante en el marcador tienen la manía de especular con el resutado. Me parece una tentación y, sobre todo, un riesgo, pero al menos tienen algo que defender. Sin embargo, soy incapaz de comprender qué pasa por la cabeza de los técnicos que salen de inicio a especular y que cuando van perdiendo se lo juegan todo para intentar ganar. Entonces no hay dobles pivotes que valgan y la consigna cambia radicalmente.  

"Es una pena que no hayamos podido remontar", dijo el seleccionador de la Oranje al término del encuentro. Lo que fue una pena fue que Van Marwjik saliera con miedo a perder y sólo cuando Alemania se fue en el marcador soltara amarras quitando a Van Bommel (por Van der Vaart) y metiendo a Huntelaar (por Afellay).  El planteamiento del seleccionador naranja en la final del Mundial de Suráfrica ya fue una ofensa al fútbol y, en especial, al holandés. Su castigo fue perder en el minuto 117 con un gol de Iniesta. En las otras dos finales de la Copa del Mundo que Holanda cayó (Alemania 74 y Argentina 78) lo hizo con honor y su fútbol todavía es recordado.

Claro que el protagonista en el llamado grupo de la muerte fue Cristiano Ronaldo. El egoísmo y egocentrismo de CR7 no entiende ni de colores ni de equipos ni, sobre todo, de compañeros. Da igual que sea en el Manchester United, en el Real Madrid o en la selección portuguesa. Cristiano sólo piensa en él. En celebrar sus goles. En lamentarse de sus errores, ante Dinamarca algunos clamorosos, por cierto. En sus dolores, excusa que puso Pepe para disculpar que Cristiano fuera el único jugador de Portugal que no celebrara el decisivo gol de Varela. Normal que en su país hubiera un enfado generalizado hacia él. No era para menos. 

Para rematar su mala tarde, suya, que no de Portugal, Cristiano se cubrió de gloria cuando al ser preguntado por los gritos de "¡Messi, Messi!" que le dedicó la afición danesa respondió que hace un año el argentino estaba en casa tras ser eliminado de la Copa América. Siendo malo que lo dijera, lo peor es que se acordara. Su reacción denota lo mucho que obsesiona al jugador del Real Madrid la figura de Messi. La gente lo sabe, de ahí que la mejor manera de desestabilizar a Cristiano sea corear el nombre del argentino. No me extrañaría que algún entrenador, empezando por el propio Van Marwjik en el próximo y decisivo Holanda-Portugal, ordenara a su marcador picar al portugués diciéndole que Messi es mejor que él. Será que las verdades ofenden...  


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