A mi bola

Los gritos de la vergüenza

Sí, son una minoría y dentro de esa minoría posiblemente son mayoría quienes ni siquiera piensan lo que gritan y, aún menos, gritan lo que piensan. Sé que no hay nada más contraproducente que reproducir los improperios de una borregada que solo busca dar la nota. Sin embargo, de vez en cuando no viene mal recordar las burradas que salen de sus gargantas para apelar al respeto, la educación o el civismo, según le alcance a cada uno. En definitiva, para no hacer los oídos sordos como, por ejemplo, hizo el árbitro Teixeira Vitienes el pasado sábado en el Bernabéu.

Sabido es que vivimos en el país del "y tú más" y que el mundo del fútbol está gobernado por la pasión, de ahí lo baldío que resulte juzgarlo desde la razón. Por eso mismo, que nadie vea en este artículo una crítica contra una afición concreta y en una única dirección. Si arranco con lo sucedido el pasado sábado en el Bernabéu es solo por ser el último capítulo de una epidemia y, además, porque se dio un hecho paradójico como que Llorente fuera silbado por los aficionados del Athletic y ovacionado por los del Madrid. El tema del delantero riojano merece un artículo a parte.

En ese Real Madrid-Athletic Susaeta fue objeto de las iras del público tras la polémica suscitada por su alusión a España como "cosa". "Puta ETA, puta Susaeta" o "Susaeta, hijo de puta" fueron algunos de los gritos que le dedicó parte de la grada del Bernabéu. También Gurpegui volvió a escuchar graves ofensas relacionadas con su positivo por nandrolona. El navarro le dijo a árbitro si las estaba escuchando, pero el antes mencionado Teixeira Vitienes le aseguró "no oír nada", razón por la que no las recogió en el acta.

La imbecilidad ha llegado a unos niveles que mientras algunos se echan las manos a la cabeza cuando escuchan gritos racistas, poco o nada dicen cuando se trata de otros insultos tanto o más graves e hirientes. Del "españoles, hijos del puta" que se escucha en unos campos, al "puto vasco el que no bote" que se corea en otros, pasando por el "ese portugués, que hijo puta es" ya habitual en casi todos. Aunque ningunos al nivel del "illa, illa, illa, Juanito hecho papilla", el "ea, ea, ea, Puerta se marea" y el "puta ETA y puta Zabaleta" que grita en Frente Atlético cuando el Madrid, el Sevilla o la Real visitan el Calderón, respectivamente. Asquerosos todos, sí, aunque consentidos. Quién sabe, igual si los malogrados exjugadores de Madrid y Sevilla y el hincha asesinado de la Real hubieran sido negros, Antiviolencia tomarían medidas cada vez que se ofende su memoria.

Cuando a Winston Churchill le preguntaron qué opinión tenía sobre los franceses, respondió: "No lo sé, no conozco a todos". Si a mí me preguntaran por una determinada afición, respondería lo mismo: No lo sé, no conozco a todas ni a todos los que forman cada una de ellas. Por eso no generalizo ni hago distinción. Tan solo apelo al sentido común, aunque quienes insultan seguro que ni me escuchan.


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