A mi bola

Silbar los himnos, un problema de educación

Es pura casualidad, pero el mismo día que un estudio de la Unesco reveló que España es el primer país de Europa en términos de fracaso escolar, muchos, la mayoría, de los aficionados que se dieron cita en el Calderón demostraron que España es el primer país de Europa en otro fracaso aún peor: el educacional.

Si no levantarse cuando suena La Marsellesa es una falta de respeto, no levantarse, y además silbar el himno francés, es una falta de educación. Lo uno y lo otro faltaron en los prolegómenos del España-Francia. Y lo peor es que se veía venir. De ahí que la Federación Española repartiera octavillas en la que se pedía al público que respetara el himno de Francia como le gustaría que se respetara el de España. 

Más allá de tararear con más sorna que orgullo el recurrente 'chunta, chunta', poco o nada debe importarles su himno a todos esos maleducados que no se levantaron de sus asientos cuando por la megafonía del Calderón empezó a sonar La Marsellesa. Por no hablar de los cafres que, no contentos, empezaron a silbarla.

Invirtiendo un refrán anónimo, uno no se merece lo que no tolera, de ahí que España sea un país condenado a que nunca se respeten los símbolos, sean del signo que sean, ya representen a un país, a una ideología o a un club de fútbol. Más que el fracaso escolar, a los gobernantes españoles debería preocuparles el fracaso educacional. La diferencia es que mientras la ignorancia puede ser curada, la estupidez es crónica y contagiosa. 


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