A mi bola

El COI no se fía de los políticos españoles y humilla a Madrid

Suponiendo que lo hubiera, ni el más pesimista de la candidatura Madrid 2020 contaba con caer en la primera votación, de ahí que el palo para sus miembros fuera mayúsculo y más de uno se quedara sin palabras para explicar lo sucedido en Buenos Aires. De pensar en ganar en esa primera votación por mayoría absoluta, con alguna quiniela que aventuraba 50 votos apalabrados con miembros del COI, se pasó a la más absoluta decepción. Los 26 votos fueron una humillación.

En lugar de mejorar sus números con respecto a las dos anteriores ocasiones en las que Madrid se presentó a organizar los Juegos y llegó a sumar 32 votos, el empate con Estambul le condenó a ser la primera en caer, quizás, quién sabe, porque de haberse metido en la final era un peligroso rival para Tokio. Pero no, tampoco lo hubiera sido tras los 42 votos nipones en la primera votación. En Singapur, Madrid 2012 cayó en la tercera ronda y se quedó a un paso tan sólo de la final París-Londres por el error del miembro griego Lambis Nikolau. En Copenhague, Madrid 2016 llegó a la final, aunque Río le ganó por goleada.

Como dice la Biblia sobre los caminos del Señor, el COI ha vuelto a dejar claro que sus decisiones son inescrutables. En Copenhague fui testigo de cómo los miembros del COI se cargaban a Chicago en la primera votación, a pesar de la presencia de Barak Obama y el efecto que por aquel entonces aún tenía el presidente de Estados Unidos. Pocos viajes del Air Force One habrán sido tan inútiles como aquel. Si lo sé, no vengo, debió de pensar Obama.  

En Buenos Aires, donde no viajé por una cuestión de coherencia editorial, el COI ha vuelto a pasar olímpicamente de concederle los Juegos a Madrid y se los ha llevado a Tokio, posiblemente la opción más segura desde el punto de vista económico y social. Es decir, lo único que en realidad les importa a sus honorables miembros. Además, con la elección de la capital japonesa, el alemán Tomas Bach, gran favorito a relevar este martes a Jacques Rogge en la presidencia del COI, tendrá vía libre para que en 2024 los Juegos regresen a Europa y, posiblemente, a Berlín. Al tiempo.

Resulta paradójico ver en el bando de los perdedores a deportistas españoles tan acostumbrados a ganar como, por ejemplo, Pau Gasol. Siempre pensé que vender austeridad estaba muy bien de puertas hacia adentro, aunque el COI es puro negocio y si en algo no le gusta escatimar es en gastos. En este sentido, Estambul era hace unos meses la mejor posicionada, aunque la inestabilidad interna, con violentos altercados, y la guerra de Siria le fueron apartando poco a poco de ese favoritismo. De ahí provino posiblemente la excesiva confianza en que Madrid no iba a tener rival. Sin embargo, la capital turca logró ganar a la española (49-45) en el desempate tras la primera votación y la verdadera beneficada acabó siendo Tokio.

Personalmente lo siento por mucha gente honrada que ha trabajado en la candidatura madrileña y por la ilusión de una ciudad que ingenuamente confió en que ni la crisis ni la corrupción política pasarían factura. Me da pena por el deporte español, que tanto necesitaba una inyección económica como la que en su día le aportó el plan ADO con motivo de los Juegos de Barcelona 92.

Sin embargo, el batacazo de Buenos Aires sirve para constatar la poca confianza que siguen inspirando los políticos españoles y que la corrupción no es algo de consumo interno. Que fuera estén al corriente de ella es un consuelo. Y el que no se consuela es porque no quiere. Como Madrid, donde la vida continua y, aunque no vaya a tener unos Juegos, lo más importante es que nadie juegue con la ilusión de su gente.


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