A contratiempo

El verano más largo, denso y ardiente de la democracia

Cristóbal Montoro se presentó ante el Congreso en avanzado estado de realismo. Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca, pensó, quevedescamente. Y saltó por encima de medias tintas, afirmaciones ambiguas, senderos tortuosos y elipsis retóricas. Un nacionalista catalán le tachó luego de "macarra". En el debate del plan de ajustes del Gobierno, Montoro tiró por el camino de en medio, que es siempre el más corto, y coronó la senda de la cruda realidad que había atacado la jornada anterior: Como no hay dinero en las arcas públicas, si no se sube la recaudación, ni siquiera podremos pagar las nóminas.

Algo ya sabido. Algo ya de sobra conocido pero que provocó la ira de la oposición, hasta el punto de que el titular de Hacienda fue responsabilizado de la escalada de la prima de riesgo, de la del bono, de la caída del IBEX y de la del Imperio Romano. Puro fariseísmo. Hipocresía de aluvión. En las puertas mismas de la hecatombe, la oposición juega ahora a hacer aspavientos de damisela virginal. "¡Pero cómo puede ser tan bruto este hombre!". "Se ha expresado salvajemente", llegó a decir Rubalcaba.

Casualidades en la eurozona

Pero al menos esta vez, esa antítesis de Demóstenes que es Cristóbal Montoro, se aproximó a la diana. Horas después de su descarnada descripción de nuestra lacerante realidad, el Bundestag, reunido especialmente para la ocasión, aprobaba por atronadora mayoría el plan de ayuda al sistema financiero español. Tras la ratificación por el Eurogrupo, a final de mes llegará a las arcas del FROB el primer tramo de la línea de crédito a nuestra banca, cifrado en unos treinta mil millones de euros. Hasta Bankia se desesperezaba desde la sima de su cotización.

En el tablero europeo, laberíntico como un jardín borgiano, a veces ocurren casualidades. O no. Pero el tosco y sincero bombardeo lanzado por Montoro, la tarde en la que las calles de media España se erizaban de ciudadanos cabreados manifestándose contra recortes, tarifazos, impuestazos y demás garrotazos sobre las espaldas del contribuyente, Merkel lograba reducir a los espíritus más críticos de su grupo y de la oposición y forzaba  la firma de un cheque (no precisamente en blanco) en respaldo de un Gobierno español cada vez más derrotado y descangallado. Las verdades del barquero Montoro en el Congreso español por la mañana tuvieron un eco positivo en la Cámara alemana por la tarde. Bendita coincidencia.

"Los problemas del sector bancario español son un problema para la estabilidad financiera de la zona euro", advirtió el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, a sus compatrriotas en la crucial votación del Bundestag. Resumiendo, es el euro lo que está en peligro. En estos días en los que analistas, inversores y banqueros vuelven a jugar a los dados con el futuro de la moneda común europea, la canciller alemana ha demostrado no su fe en España, que es perfectamente descriptible, sino su voluntad de sacar adelante la maltrecha realidad de la eurozona. Nada nos conviene ahora el hundimiento de España, es el resumen del voto del Bundestag impulsado por la canciller de hierro. Al menos, un respiro, un alivio coyuntural y pasajero en la erizada selva de las malas noticias que llueven sobre una España hundida y desesperada.

¿No podemos elegir?

Mariano Rajoy, cada vez más oculto, se ha parapetado en un valladar de aseveraciones manidas y no siempre del todo veraces. "No podemos elegir", "no tenemos libertad", "no podemos hacer otra cosa". No es exactamente así. La estructura del gasto público, de la administración, de las comunidades autonómicas, de los sueldos oficiales, de las agencias, fundaciones, oficinas y otras entidades de colocación de políticos y demás familia, siguen intactas. O sea, el despilfarro oficial, estatal, autonómico y municipal. Y no muestra el Gobierno del PP una voluntad manifiesta de quererlo entender. "Es muy complejo y lleva tiempo", es la respuesta eterna.

Pues tiempo es precisamente de lo que carece este Ejecutivo. De aquí a septiembre hay que atravesar  el más largo y ardiente verano de cuantos tenemos constancia, con un abrasivo aumento del IVA en el horizonte. Y con unos sindicados dispuestos a sacudirse su lastimosa imagen, desacreditada y llena de lamparones, mediante movilizaciones de todo jaez. Y unos funcionarios, de mayoritario voto conservador, echando chispas. Y enseguida, septiembre con un paisaje de Campus sublevados y rebelión en casi todas las aulas. Pues amarga la verdad  quiero echarla de la boca. Y no sólo para insistir en que no hay dinero. También para anunciar que la tijera se reorienta en la requerida dirección. Porque sí se puede elegir.


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