A contratiempo

La valiente Alicia y la izquierda fracasada

Veinticuatro horas después, sólo la imagen de Alicia sobrevivía en los medios al gran fracaso de la huelga general. La valentía de esta joven empresaria de Ponferrada, soportando durante siete minutos las invectivas de una gavilla de vandálicos piqueteros, parapetada tras una inmóvil muralla de miembros de la Policía Nacional y defendiendo el acceso a su establecimiento en la Gran Vía, era el símbolo de la hecatombe de una izquierda derrotada frente al valor cívico y democrático.

Esta semana, un PSOE demediado y sin cabeza ha incurrido en sendos sonoros patinazos que se suman a la cadena de despropósitos que arrancó con la elección de Rodríguez Zapatero como secretario general del partido. Esta semana, lo que queda del PSOE perpetró un par de pifias memorables. Secundar con jolgorio de adolescente la segunda huelga general de unos sindicatos oxidados contra el Gobierno de Mariano Rajoy y apearse en marcha de la operación promovida por el PP contra los desahucios.

De espaldas a la sociedad

Los diputados socialistas enarbolando cartelitos en el Congreso, en expreso incumplimiento de las normas de la sede de la soberanía nacional y marchando codo con codo junto a los líderes gremiales más desprestigiados de nuestra reciente historia, redondearon algo más que un error de estrategia. Fué una columpiada colosal. Rubalcaba se asemeja ya a la figura del pato patagónico, cada paso una cagada. La sociedad española dió la espalda a las organizaciones sindicales y, salvo en el sector industrial o bajo el terror de los salvajes "piquetes informativos", acudió a trabajar en forma casi unánime y le hizo una sonora higa a las pretensiones delirantes de la izquierda.

Horas después, un PSOE muy dividido, rechazó sumarse al consenso de una tibia iniciativa gubernamental para atajar el problema de los desahucios y su dramática secuela de suicidios. Nada hizo el Gobierno socialista en sus ocho años de permanencia en el poder. El único rapto de sensibilidad hacia los desahuciados fue tirar a la basura una sensata inciativa del defensor del Pueblo en 2010. Su mala conciencia le ha llevado ahora a erigirse en defensor de los que sufren, en parapeto de los damnificados por una ley hipotecaria obsoleta con algunos ribetes que rozan la indecencia.

El periodista Antonio Papell decía en este periódico a raiz de la publicación de su interesante obra "El futuro de la socialdemocracia", que "El PSOE no tiene un problema de ideas, sino de legitimidad". Algo de eso hay. Pero tambien tiene un problema de liderazgo, de nombres, de proyecto, de presencia. Está a punto de dejar de ser un partido de alternativa de Gobierno. Carece de ideas, sólo enarbola consignas. Sin un planteamiento sólido que presentar a la actual gestión de Gobierno, se abraza al eslógan y al disparate. Ignoran los socialistas si son federales, jacobinos, autonomistas o pretenden reinventar el falansterio. En suma, mientras Rubalcaba se desploma al subsótano de la apreciación de los españoles, aferrado al sillón de la secretaría general como el naúfrago al madero, su partido y, por ende, la izquierda de nuestro país, naufraga vertiginosamente hacia una sima donde yacen los restos del Pasok y el PSI. Cayo Lara, que algo pesca en ese río revuelto, no pasa de ser un agitador totalitario, sin más perspectivas que arañar algún escaño más donde sentar a sus compañeros de totalitaria camada.

Despojo sin alma

Esta izquierda decrépita que representa el PSOE está evidenciando que, desalojada del poder por las urnas, no es más que una excrecencia, un mero despojo sin alma. Zapatero, el presidente más incapaz de la democracia española, dejó su partido tan arrasado como dejó a la propia España. Y si incurrimos en el tópico de que nuestro país necesita de dos partidos fuertes para consolidar el edificio de la democracia, está claro que, por ahora, tal empeño no es más que una añoranza.

Tras los batacazos de Galicia y el País Vasco, toca ahora el revolcón de Cataluña y así... hasta que alguien decida poner orden en esas filas y llevar a cabo el proceso de refundación pendiente desde el frustrado congreso de Sevilla. Hollande, ese Montilla transpirenaico, no es precisamente el ejemplo a seguir, pese a los anhelos de algunos dirigentes del PSOE. Otro desastre en ciernes se está incubando en el vecino país. Ni tampoco Carme Chacón, zapaterista de ideología lábil y evanescente.

El PSOE no ha sido capaz de condenar los actos vandálicos y matoniles de esa huelga general escuálida que finalmente se volvió en contra de quienes la convocaron. Sin una fortaleza moral, sin una firme convicción democrática, sin una clara concepción del Estado que le ha llevado a estériles devaneos con los nacionalistas y hasta con los terroristas de ETA, el PSOE seguirá siendo una  entelequia agonizante. Debe desterrar esa ética trasnochada de que a cada cual se le dará no según sus méritos sino según sus necesidades. Debe apostar por una modernización de conceptos, de planteamientos, de forma de funcionar en un mundo tecnológico y global.

Cuando Pablo Iglesias fundó el PSOE en 1879 en una taberna de Tetután, exigía que sus militantes fueran hombres serios, que no aceptaran cohechos, ni se dieran a la bebida ni frecuentaran los prostículos. Hasta las corridas de toros eran de su desagrado. Otros tiempos. Pero este PSOE actual ya no puede seguir viviendo del romántico recuerdo de un pasado decimonómico. O mira al futuro, o se actualiza, o perecerá de inanición coreando consignas frente a la creciente figura de gente como Alicia, la valiente empresaria de la Gran Vía que les paró los piés desde la puerta de su cervecería.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba