A contratiempo

O es tonta o se hace la 'longuis'

Nadie ha descrito mejor el vértigo de la gran crisis económica de nuesros días que Woody Allen en 'Blue Jasmine", un filme ácido, doliente y cruel. Devastador, por usar un adjetivo de moda. La glamurosa protagonista, interpretada por Cate Blanchett, pasa del paraíso de los Hamptons a los suburbios de San Francisco en lo que dura un chasquido de dedos. Del lujo a la mugre en un suspiro. Un viaje a los infiernos arrastrada por las trampas financieras de su esposo, un golferas sin escrúpulos encarnado por Alec Baldwin, especie de Madoff de pacotilla enredado en negocios sucios (aquellas subprimes que provocaron el cataclismo) y en entrepiernas de ocasión.

"O es tonta o se hace la longuis", dice de Jasmine su ingenua y bobalicana hermana, cajera de súper, paletorra y ordinaria, con tendencia a los macarras y arruinada, a su vez, por culpa de su cuñado. La vida de Jasmine se desenvolvía entre la Quinta Avenida y Louis Vuitton, entre las cuadras de pura sangre y los viajes a Paris, entre el lujo y el Veuve Clicqot. Hasta que el mundo se hundió a sus pies. "No sabía en lo que él andaba, yo lo firmaba todo y no preguntaba nada".

La infanta Elena también es tonta o se hace la longuis, viene a decir la Audiencia de Palma al eximirla de responsabilidades penales en la posible comisión del delito de blanqueo. "Sólo tuvo un papel decorativo", dice el tribunal mallorquín. Un jarrón chino, un ornamento, una pieza de atrezzo era la Infanta en ese pestilente Instituto Nóos, al decir de los magistrados. Nada sabía ella de la generación ilegal de fondos ni de la malversación de caudales. Ni de los negocietes de su esposo, los sablazos a instituciones, las trampas, los montajes, los inventos, ese menudeo de pícaro que le llevó, a él y a su socio Diego Torres, a procurarse un puñado de millones pasando el sombrero a dignatarios públicos que le regalaban el dinero de todos.

¿De dónde lo sacas?

O es tonta o se hacía la longuis. La infanta no se enteraba de nada. O nada preguntaba. El matrimonio se enriquecía, la familia prosperaba, las cuentas corrientes engordaban como por ensalmo. Urdangarin carecía de oficio pero no de beneficio. Y ella, al parecer, jamás le preguntó: Pero dime, Iñaki, y todo esto, ¿de dónde lo sacas? El amor, respondería el habilidoso Silva, uno de sus abogados.

El caso es que los tres magistrados de la Audiencia de Palma, expertos en asuntos de corrupción y con varios políticos trincones enviados a la cárcel en su haber, no han logrado demostrar que la Infanta colaboraba, participaba o conocía los enjuagues de la fundación de su esposo. La Justicia, o más bien el juez Castro, ese virtuoso jurista, no ha sido capaz de ir más lejos. Sí lo ha hecho con la empresa Aizóon, la tapadera familiar con la que los duques de Palma redecoraban el chalet, pagaban al servicio, viajaban y hasta iban al súper. De ahí la imputación, de ahí el riesgo del banquillo. De ahí, la desolación. Cristina, como la Jasmine de Allen, ha pasado del Palacio al oprobio. Y, quizás, al banquillo.

El exilio dorado

De momento todo son conjeturas. Es posible que no haya procesamiento, ni juicio oral, ni nueva comparecencia ante los jueces, ni condena. Pero Cristina ha producido a su familia y a la institución monárquica un daño más que notable. Algo de ello tuvo que ver en la vertiginosa abdicación de su padre, don Juan Carlos, asimismo de conducta  nada edificante en los últimos años de su reinado. Corinna, Bosbuana y alrededores. "Yo hago lo que veo en Palacio", dicen que le espetó Urdangarin a uno de los enviados reales cuando le conminaron a que abandonara ese estilo de vida al otro lado de la ley. Está ahora imputado  por nueve presuntos delitos que pueden acarrearle condenas por unos cuarenta años. El ex jugador de balonmano vive plácidamente en su dorado exilio ginebrino, en compañía de su familia, sin más ocupación conocida que el footing o la bici. O sea, como siempre.

Al margen de lo que decidan los jueces, no parece que Cristina pueda seguir ostentando el título de Infanta de España. Ni pueda seguir figurando en el sexto puesto de la línea de sucesión de la Corona. Su hermano, en una jugada preventiva, la expulsó de la familia Real. Y se llevó a la pobre Elena por delante, que no ha vuelto a ser la misma desde la injusta humillación. Ahora Cristina/Jasmine no puede seguir haciéndose la 'longuis'. Tiene que asumir su culpa y renunciar a sus derechos dinásticos. Se lo debe a su hermano, a su familia y a la Corona. Tanto daño ha hecho ya a todos esta ejemplar empleada de la Caixa.

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EL VARÓMETRO. Dos Albertos en Cataluña. Rivera, de Ciudadanos, se desdibuja. Fernández, del PP, remonta. Atentos a la jugada. // El bombero Monago, enredado entre la cumbia y la bachata. Las brasas encendidas de la mujer del Caribe nunca se apagan. //  Paloma San Basilio dice que su lío con el Rey (padre) "es una leyenda urbana fantástica". // Wert, de ridículo en ridículo. Savall, Colita, le tiran los premios nacionales a la cara. El ministro/complejos sólo distingue a artistas catalanes que luego le hace la peineta nacional.


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