A contratiempo

El sonoro bofetón de Susana Díaz

Aquella mañana en Madrid había "nacido una estrella", según sentenció Juan Alberto Belloch, aquel biministro de Roldán y el capitán Khan, en tiempos en los que los socialistas españoles ejercían de extras de película de Fumanchú y trincaban hasta de las galeradas del BOE.

Susana Díaz, 38 años, andaluza, socialista y rumbosa, acababa de presentarse ante decenas de periodistas en eso que en la Corte llaman "desayuno informativo", donde, en general, ni se desayuna (la bollería es dramática y el café, harapiento) ni se informa (en especial cuando quienes comparecen son ministros con cartera).

La nueva presidenta de la Junta de Andalucía, en contra de lo establecido, no fatigó la tradicional vía de atizarle estopa al Gobierno y al partido en el poder. Demasiado fácil, quizás, para quien aspira a casi todo. En la meseta madrileña, a Susana Díaz se la tenía por una joven descarada y sandunguera, que se demoró diez años en terminar Derecho, que vive de la política (a la que arrivó vía la militancia paterna) desde que cumplió los veinte, que se ha recostado en más despachos oficiales que Martín Villa, que ha apuñalado a varios de sus valedores y que finalmente no se sabe si es de Chaves, de Griñán, de Zapatero, de Rubalcaba o de ninguno de los cuatro, que es lo más probable.

"Apuñalar" compañeros

La presidenta andaluza optó por sacudirle a los propios, ejercicio muy infrecuente entre nuestros políticos, al menos en actos públicos. En privado es moneda no ya frecuente sino ineludible. Un político que se precie debe haber "apuñalado" a siete u ocho conmilitones antes incluso de tragarse media docena de sapos en el desayuno.

Para todos tuvo la joven presidenta. Para Zapatero y sus promesas sobre el Estatuto, para Pere Navarro y "la trampa del derecho a decidir", para Cándido Méndez y sus alusiones a las facturas manipuladas de la UGT, para aquella Salgado y sus "brotes verdes", para Maragall y su deriva soberanista encapsulado en el tripartito... Nadie escapó a sus reproches, en la misma línea en la que gotea la 'vieja guardia' socialista desde hace semanas, a saber, Bono, Ibarra, Corcuera...

Lo curioso es que haya sido una recién llegada (no a la política, sino al cargo) quien haya rescatado y abrillantado la "E" que el PSOE lleva en sus siglas, tan olvidadas. Será convicción, estrategia, oportunismo, ambición... pero Susana Díaz se ciscó en aquel gran momento fallido de Zapatero y sus adláteres del PSC cuando prometió, con esa solemnidad de los necios, que respetaría el Estatut que viniera de Cataluña. "Nunca debimos consentirlo", reconoció Susana.

Nacionalismos y franquismo

El mal ya está hecho y, como se advierte ante el esquivo y delirante respaldo de Rubalcaba a las tesis del PSC, no se adivina mucha marcha atrás. Cierto que desde siempre la izquierda española ha tonteado con los nacionalismos periféricos y ha simpatizado con sus causas. Al cabo, España, la patria y la bandera eran cosas de Franco y del franquismo. Y los nacionalistas eran una minoría perseguida por la dictadura a la que había que defender.

Por eso el mensaje nacional/patriota/español de Susana Díaz, en las antípodas de la nación "discutida y discutible" de Zapatero, resonó con estruendo entre las tacitas de café humeante de la actual dirigencia socialista. Este PSOE, sumido en un clamoroso galimatías, carece de proyecto territorial para España porque ni siquiera lo tiene para él mismo como partido. No sabe si es federal, confederal asimétrico, 'tercera vía' o cuarto menguante. Más bien esto último.

Quizás no haya nacido una estrella, en el sentido bellochiano de la expresión. Pero sí ha surgido un aspirante más a la dirección del PSOE. Hagan cola. Cierto que se expresa como una Evita con castañuelas, que parece la telonera de los Morancos y que su formación ideológica se adivina entre ramplona y escueta. Pero nada de eso importa ya donde todo es epidérmico, vano e insustancial. Mujer, joven y con desparpajo, "una política para el siglo XXI", según la definió Elena Valenciano, fiel pretoriana del secretario general del partido, días antes de ciscarse en su sombra. Susana Díaz no es Carme Chacón, y eso que sale ganando.

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EL VARÓMETRO.- El pulso entre Ignacio González y Cristóbal Montoro se torna, día a día, irascible y peliagudo. ¿Habrá paz? // Victoria Prego, merecido premio a la Tolerancia. // Rita Barberá me desmiente que no vaya a presentarse de nuevo. Al tiempo. // Las suaves condenas por el 'caso Malaya' evidencian lo que Gallardón conoce: tenemos un serio problema con la casta judicial.


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