A contratiempo

Cinco semanas en globo

Faltan cinco semanas. Apenas poco más de 30 días para que se nos venga encima el calendario y nos arroje de nuevo al piélago espeso de las urnas. Otra vez la campaña, los mítines, las promesas, los debates, los insultos, el ruido y la bullanga… Un horizonte de hastío al que nuestros (¿nuestros?) responsables políticos, que se han pasado 21 días de bien pagadas vacaciones parlamentarias (ningún otro español goza de chollo semejante en su calendario laboral) pueden poner remedio en forma inmediata. Bastaría un acuerdo sensato y rápido. Tres meses han pasado desde las endiabladas elecciones del 20D, en las que los españoles eligieron diputados pero no presidente, porque ninguno les gustaba. Rajoy por desperdiciar cuatro años de mayoría absoluta que no volverán. Sánchez por inconsútil e inconsistente. Rivera, por anfibio, ambidextro y ambiguo e Iglesias porque vende una mercadería tóxica y periclitada.

Los españoles empiezan a estar hartos de este interminable trampantojo de charlas y negociaciones en el que no se avanza ni un paso

El hastío sociológico

Apuntan los sociólogos de masas, a quienes lógicamente nadie presta la menor atención, que los españoles empiezan a estar hartos de este interminable trampantojo de charlas y negociaciones en el que no se avanza ni un paso. Como en el chotis, nuestros políticos se han clavado a una baldosa, bracean, gesticulan, cinturean, pero los pies, cementados. Para alcanzar alguna meta, es preciso moverse. Aunque se cometan errores, aunque la danza resulte tan deshilachada como el tango de Obama en Buenos Aires. Pero ahí estuvo el hombre, esforzado y valiente, enhiesto como un compadrito.

Bromas incalificables

Nos brotan ya las “miserables canas” de Persio a la espera de una señal que anuncie la solución anhelada. Tan sólo nos arrojan bromas miserables. Sánchez e Iglesias, después de fatigar tres meses para concertar una cita, han quedado al fin en verse el miércoles. ¿Con qué objetivo? Formar un gobierno anti-Rajoy, dicen en su nota. Lo mismo que dijeron, sin nota, el 21-D. Habrá quien se malicie que nos toman el pelo. O que sus relojes son más laxos que los nuestros. O que quizás piensan, con Pasolini, que “para qué realizar una obra si es tan bello soñarla”.

Rebrota la teoría del ‘gobierno en el último minuto’, de un acuerdo in extremis de la izquierda, de una solución a la catalana. La presión sicológica aumenta conforme se acerca el 2 de mayo, la fecha fatídica. El hombre acorralado encuentra soluciones. No hay tantas. Sánchez tiene a Rivera a un lado, que no suma, y a Iglesias en otro, que es un lío. O el juego de la abstención de Podemos para un gobierno de centroizquierda con PSOE y Ciudadanos. La impensable teoría de los 143 diputados, que precisa de IU, Compromís, PNV y canarios. “Bonitos acuerdos multicolores”, diría Carmena.

La gran coalición en el aire

Cinco semanas tienen para escapar del laberinto. Hay tiempo de sobra. “Cortar los huesos de un antebrazo cuesta lo que se tarda en rezar un padrenuestro”, apuntaba Bayle en su Diccionario Crítico. El problema es que aquí nadie quiere dar su brazo, no ya a seccionar, sino ni siquiera a torcer. “Los españoles nos han dado el mensaje de que hay que dialogar”, repiten las cacatúas frente a los micros. Parece sencillo pero “todo se complica, como en el fútbol, cuando sale el equipo contrario”, según resumía Sartre, envidioso de Camus.

¿Mover ficha para que gobierne el partido más votado, como en su día dijo González y luego se arrepintió?

Sánchez tiene el remedio e Iglesias la solución. Pero hay más opciones además del ‘gobierno del cambio’. Escuchemos otras voces socialistas. Dijo Susana Díaz, apenas unas horas después del escrutinio del 20D, que “las urnas han hablado y nos han mandado a la oposición”. Rubalcaba apuntaba estos días que, si no hay acuerdo y el PP repite resultado en las nuevas elecciones, al PSOE no le quedará más remedio que mover ficha para la gran coalición. ¿Y mover ficha para evitar nuevas elecciones? ¿O para que gobierne el partido más votado, como en su día dijo González y luego se arrepintió?

Cinco semanas en globo y sin ganas de volver, Auserón. Este lunes de Pascua comienza la prórroga. Se han dilapidado tres meses escuchando el sonido de un aplauso con una sola mano. Ahora tienen cinco semanas para sacarnos del bloqueo. Si no logran, perderán credibilidad, amenazan algunos analistas. La poca que les queda, habría que añadir. “Valora cada día como si fuera toda una vida”, deberían grabarle en el frontis a todos estos semovientes la advertencia de Séneca. No aprenden.

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EL VARÓMETRO.- Los alcaldes de Zaragoza y Valencia, y su teoría del yihadismo, ofrecen ese tipo de aplomo que dan la ignorancia y la estupidez. // “No hay mal que por bien no venga”, la frase del ministro Fernández evidencia cuán necesario es para los cristianos el silencio en Semana Santa. // Montoro se lleva el premio al ministro oculto (y silente) del mes.


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