A contratiempo

El rey y la España del Kichi

Desde hace ahora un año, el príncipe es tan sólo una serie de televisión y Felipe VI es el rey de los españoles. Encontró la institución casi en la escombrera y don Felipe ha logrado, en doce meses, situarla por encima del aprobado. Una proeza. Nunca conseguirá ser tan simpático como su padre, pero sí más honesto. Esa virtud, antes propia de bobos adocenados, está ahora en alza en la España igualitaria, socialdemócrata y morada que se está conformando.

El relevo en la Corona fue precipitado, vertiginoso y algo chapuza. Por eso ha tenido que salir tanto escribano a pasarle la gamuza. Pero se acertó. Una cacería africana, una cadera astillada, una princesa espuria y una infanta embanquillada conformaban el retablo de una Monarquía con los cimientos carcomidos y la corona desportillada. El relevo parecía necesario, pero inimaginable.

Señales delatoras

El susto lo dieron las elecciones europeas. "Si Podemos en lugar de sacar cinco hubiera sacado dos, quizás don Juan Carlos aún no sería emérito". A veces la historia avanza por los senderos del error. O del horror. El 19 de junio de hace un año, don Felipe se calzó la responsabilidad de hacer realidad lo imposible. Suceder a su padre sin defunción de por medio. Doña Sofía le dijo a Pilar Urbano que los reyes mueren en la cama. Y que no abdican. Y así se pensaba. Hasta que un Papa se jubiló y, entonces, todo se puso en cuestión. Rubalcaba se fue a casa y hasta Rouco hizo lo propio.

España vivió el pasado mes de junio un acelerón histórico sin preaviso. Tan sólo se detectó una advertencia: el trastabilleo de don Juan Carlos en la Pascua Militar. Ni andaba, ni veía, ni leía, ni saludaba, ni se tenía en pie. Un general pensó, y comentó, que el rey había bebido. "Pero es demasiado pronto incluso para el rey". El relevo se aceleró y resultó impecable salvo en la incontinencia de Aznar y Zapatero, que rompieron el pacto y se filtró el secreto. Algunos lo llamaron 'exclusiva' y hasta escribieron un libro. O sea, #periodismo, que dirían en la Sexta.

Capitales indignadas

España conoce desde ayer una circunstancia excepcional. Sus tres principales ciudades, Madrid, Barcelona y Valencia, han pasado a estar gobernadas por fuerzas políticas de la izquierda extrema, indignada, revanchista, anticapitalista, rupturista y sin mayores simpatías por una democracia que no sea la 'democracia popular'. El 19 de junio pasado ya se olfateaba este giro radical en el tablero político. Quizás se produzca el segundo acto en las elecciones generales de finales de año. Pensar en un relevo en cúspide de la Corona en las circunstancias actuales produce ahora hasta vértigo. La Monarquía no es problema alguno para la sociedad española, como arrojan las encuestas. Tan sólo la cuestionan quienes se abrazan a Riego y a la tricolor sin conocer ni el origen ni la historia ni el significado del himno o la amoratada. Son ágrafos cermeños que corean las mismas consignas que cuando estaban en la facul. Algunos de ellos ya son ahora alcaldes, eurodiputados, diputados o concejales. Se muestran fatuos y petulantes. También, displicentes. El miedo cambia de bando y sueñan con la revolución pendiente. Quizás ahora lo logren. Manuela y Colau, prometen. Y del Kichi, no hablemos, que se harán las gaditanas, tirabuzones. Al menos, una. Teresa, su novia, que es quien le ha puesto ahí. Una abdicación en noviembre, como quería el rey emérito, al cumplir los 40 años en el trono, habría resultado una aventura incierta. A saber.

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EL VARÓMETRO. La culpa es de la prensa, dice el marqués de Salamanca. O sea que los periodistas montaron la pitada en el Camp Nou. Pobre Piqué. // Pedro Sánchez, indigno: pacta con Bildu para echar al PP (Vitoria). Eso se paga. // Lo que le faltaba a Cataluña: la monja Forcades cuelga los hábitos y aspira a suceder a Mas. // No todos los imputados son culpables. Strauss-Kahn, declarado inocente de proxenetismo.


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