A contratiempo

De repente, el Príncipe

Nos enteramos de casualidad. Los Príncipes de Asturias visitaban Fitur, enorme galpón ferial rebosante de azafatas, caciques autonómicos, busachollos, parasoles, overbukins, zampabollos, puntacanas y dos señoritas neumáticas llegadas de Gandía, cuando de pronto, entre las alcachofas apareció Cake Minuesa, el único periodista capaz de hacerle una pregunta a una colla de asesinos de ETA.

-¿"Te llegó el mensaje?", le pregunto Don Felipe al distinguirle entre la turbamulta periodísticia.

-"Tenemos una cita pendiente y lo hablamos en persona", le respondió el reportero, quien luego logró del Príncipe un mensaje de apoyo a las víctimas. No hacía falta insistir. Los Príncipes iempre han estado allí. Cuando y donde se les ha necesitado. Lo que sí hizo falta es que Don Felipe comentara el detalle de la tarjeta porque, de no ser así, no nos habríamos enterado. Y hacía falta. Porque igual que sabemos la solidaridad y cariño hacia las víctimas, ignorábamos el respaldo, por parte de la Corona, hacia alguien que, por unos segundos, dignificó no sólo a las víctimas, sino a una profesión y a todo un país.

Pero la anécdota sacó a la luz algo que pasa generalmente inadvertido. El Príncipe siempre está ahí. En silencio, discretamente, sin estridencias. Cumpliendo su papel y ejerciendo su función. Poco cuesta enviarle una tarjeta a un periodista que nos recordó a todos lo necesario que, en estos tiempos canallas y cobardes, mantener un poso de dignidad. Pero hay que hacerlo. Algo que ni siquiera muchos de sus compañeros de profesión evitaron hacerlo, regateándole espacio a la noticia o, sencillamente, ignorándola y hasta censurándola... De las felicitaciones llegadas desde el Gobierno, quizás ni hablamos.

Valoración de la Corona

No son tiempos fáciles para el Heredero de la Corona. La institución atraviesa, desde hace demasiado tiempo, momentos delicados, que se advierten en los sondeos y se palpan incluso en la calle. El prestigio de la Monarquía se mantiene prácticamente intacto en un país que conoció dos experiencias republicanas nefastas y olvidables. Otra cosa es la percepción popular que se tiene de las personas que la encarnan y la representan.

Hemos dedicado toneladas de tinta y cientos de horas en los medios  para, como procede, informar sobre los problemas, las andanzas, los errores, los aciertos, la salud y la enfermedad de Su Majestad el Rey. Lógico. Han ocurrido demasiadas cosas en el vértice de una Institución cuya virtud principal es que más bien no ocurran. O, mejor dicho, que sólo ocurra lo que tiene que ocurrir. Lo previsto, lo estipulado. Lo que recoge y dicta la Constitución. La Monarquía parlamentaria es la forma de Gobierno de la que nos dotamos en la Constitución del 78. En nuestro país, tan convulso y turbulento, ha actuado como casi único nexo de unión y seña de identidad a lo largo de los siglos. Dos caracterísitcas se le reclaman: que sea ejemplar y que no cause problemas.

Cumpleaños feliz

El Príncipe cumple este jueves 46 años. Y, en efecto, siempre ha estado, y está, ahí. Aunque ni lo notemos. Las últimas imagenes de que tenemos memoria fue su brillante intervención en Buenos Aires en defensa de nuestra candidatrura olímpica y su mirada, antenta, preocupada y filial, hacia su padre en la angustiosa ceremonia de la Pascua Militar. Y la tarjeta. Ahora nos hemos enterado, casi de casualidad, del inmenso detalle la tarjeta. Por eso Don Felipe aparece a la cabeza de todos los sondeos como el miembro de la Familia Real más estimado. Su firme actitud en el escándalo de su cuñado Urdangarín está resultando impecable. Está dando lecciones diarias de cómo ha de manejarse una situación tan endiablada que ha carcomido buena parte de los cimientos de la Institución.

No es fácil el papel de Príncipe Heredero. Y más en nuestro país donde los "padres de la Patria" apenas le dedicaron unas líneas en la Carta Magna. El Príncipe carece de funciones, garantías u obligaciones. La Constitución tan sólo le señala dos requisitos, que ya están cumpidos: casarse con alguien "bendecido" por el Monarca y cumplir juramento de obediencia al Rey y a la Constitución a los 18 años.

Ni inmune ni aforado

No puede asumir función alguna a título de Rey porque el papel de un jefe del Estado no es delegable. Extremo éste que recientemente ha acarreado alguna complicación, como en la última cumbre Iberoamericana. En el Reino Unido, el Heredero forma parte de la Cámara de los Lores. En Noruega, del Consejo de Estado. En Bélgica, del Senado. En nuestro país, el Príncipe es una figura que aguarda y que se desliza a velocidad de caracol hacia el papel que le tiene destinado la Historia y la Carta Magna. En España, el Príncipe puede ser citado como imputado por un tribunal y ni siquiera goza de la condición de aforado. El debate sobre la necesidad de regular el papel, las funciones, atributos y responsabilidades del Heredero es cícliclo y siempre postergado. El tan reclamado y siempre aplazado Estatuto del Príncipe.

La semana que viene, Don Felipe viaja a Honduras en representación del Estado y de la Corona. Cada vez que el Príncipe asiste a una toma de posesión de un presidente extranjero, lo que hace con relativa frecuencia, en especial a Iberoamerica, el Gobierno debe dictar expresamente un decreto de representación.

Hace unos días conocimos que la Reina de Inglaterra decidió fusionar su oficina de Prensa con la del Príncipe Carlos, "para mejor coordinar la actividad de ambas". Don Felipe, por ejemplo, carece de oficina de Comunicación propia, y es Javier Arenas, excelente profesional, antiguo director de RNE adscrito hace tiempo al equipo de la Zarzuela, quien ejerce normalmente esas funciones. Aunque ni siquiera a tiempo completo. Un reducido equipo compuesto por una docena de personas, con el eficaz Jaime Alfonsín al frente, conforman la secretaría del Heredero. Y no hay más.

Y de repente, el Príncipe estaba allí. Una discreta tarjeta enviada a un periodista nos lo recordó. Toda una invitación a la reflexión y quizás hasta a la ironía.

EL VARÓMETRO. Un alto directivo de un grupo de Comunicación suspira por entrar en la directiva de uno de los clubes de fútbol más grandes. // En el Consejo de Ministros no todos se suman a los elogios generales hacia Ana Pastor, la ministra eficacia // Patxi López es el candidato menguante. Madina y Chacón lo han devorado.


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