A contratiempo

Cinco o seis razones para ser optimista

Un pesimista es un optimista bien informado, dice el dicho. Pero ser optimista no implica ser necesariamente imbécil. Aunque sí cierta dosis de valentía. En la España pre-intervención, la de casi seis millones de parados, la de las paletadas espectaculares de dineros públicos para salvar a Cajas saqueadas, la de presidentes empresariales con alma de chorro peronista, la de pensionistas con la paga cercenada, la de jóvenes con horizontes lejanos, la de desempleados cicuentones sin horizontes, la de políticos sin oficio y con beneficio, la de empresarios sin alma, la del cambalache, la trampa y la mordida, hablar en clave optimista es tabú. O te adhieren inmediatamente a las filas de Soraya (vice) o te etiquetan de estúpido.

Dos anécdotas sobre funcionarios y parados. ¿Saben que resulta imposible trasladar de centro, con el mismo horario, sueldo, zona geográfica y cometido, a un funcionario de la Comunidad de Madrid para que su trabajo resulte operativo? ¿Saben que un negocio de restauración en fase de apertura en una localidad del norte de Madrid ha sondeado a 45 aspirantes a puestos laborales y ha recibido un "no" unánime como respuesta, argumentando los candidatos que se paga poco (no es cierto) que el horario es incómodo, que el lugar de trabajo es lejano o que están cobrando el paro que es menos dinero pero más cómodo? Una España funcionarial, rígida, apoltronada, sindicalizada y gandula. Trabajo no hay, cierto. Pero a veces la realidad choca con la estadística. Y no todo es lo que parece. Que no nos la den con queso.

La gran búsqueda

Hace unos días pasó por Madrid Sylvia Nasar, brillante periodista, autora de best sellers hollywoodienses, para presentar su último libro, "La gran búsqueda" (Debate), singular obra vendida ya en medio mundo en la que se ensalzan las bondades del sistema económico moderno en contra de los pensadores pesimistas y macilentos que pululan por nuestro planeta, incluso con algún premio Nóbel debajo del brazo.

Dice Nasar, y haríamos bien en escucharla, que si "España pudiera controlar su política monetaria y fiscal no se encontraría en la situación dramática en la que se encuentra". Y añade que en España se hacen las cosas bien, algunas muy bien, y menciona el Metro de Madrid, un ejemplo para todas las grandes capitales de nuestro entorno. De eso aquí no hablamos, porque los aeropuertos peatonales construidos por los caciques autonómicos con ayuda de las Cajas sin fondos lo han eclipsado. Nasar se empeña en distinguir las turbulencias presentes de los problemas a largo, que sin duda tiene solución. Que sirva la siguente frase de consuelo: "En Estados Unidos hemos tenido 35 recesiones en el último siglo y medio, y cierto que la renta ha descendido en forma notable, pero está al mismo nivel del boom de los 90". De modo, que no seamos tan cenizos, viene a decir. Estamos mal pero no tanto si miramos analíticamente el pasado. Y si confiamos en nuestras fortalezas y no despreciamos los aspectos positivos de nuestro presente. Que los hay.

Invertir en España

No, ser optimista no es delito. Ni es propio de atorrantes. El profesor Ignacio de la Torre ha publicado hace unos días un muy aireado informe sobre algunos aspectos positivos de la situación económica española. Suena quizás a sarcasmo, pero al tiempo. De lectura más que recomendable. Lo encontrarán en la web de la Fundación Arcano. Pero les adelanto algunas conclusiones.

-España no era el mejor lugar para invertir en 2006 pero puede serlo en 2014.

-España es solvente pero carece de liquidez. Las empresas, las familias y el Gobierno español son solventes. Gracias a la UE, cierto.

-Los bancos españoles empiezan a ver la luz al final del túnel. Tras la reforma Guindos quedarán 15 grupos bancarios correctamente capitalizados y con liquidez suficiente.

-España está llevando, con la celeridad precisa, las reformas estructurales y los ajustes fiscales necesarios para poder despegar.

-Ya crece España gracias a la demanda externa puesto que exportaciones y turismo están en máximos históricos.

-El mito de la baja productividad española es falso. Los españoles trabajan más que sus socios comerciales (en terminos de horas trabajadas) y las subidas salariales ya no están vinculadas a la inflación.

-Nuestra deuda deberá estabilizarse en 2014 por debajo del 100 por ciento, inferior a la de Francia, Reino Unido y EE.UU.

Y así unos cuantos ítems más de marcado perfil optimista. No recoge el estudio, cierto es, algunas variables que suelen pesar negativamente en nuestro devenir económico como es una clase política anclada en usos y costumbres propios del XIX, una cultura de la corrupción instalada aún en sectores empresariales muy amplios y una Justicia incapaz de superar la maldición de Montesquieu que nos endilgó el nefasto Alonso Guerra y sus demolición de la separación de poderes.

Pero hay signos para el optimismo. En verano íbamos a ser carne de rescate, y ahí sigue Rajoy, fumándose un puro. Nos iban a echar del euro, junto a Grecia y Portugal y parece que no. Iba a llegar el corralito, ¿recuerdan? Y no hubo tal.

Escuchar en ocasiones a ciertos voceros del Gobierno con ese aplomo que da la estupidez te hiela el alma, cierto. Pero a pesar de estos zoquetes, en nuestro país hay gente trabajando, que se esfuerza y que hasta cree en un horizonte benigno.

Y no pensemos con Borges que "a mí, como siempre me va mal, cuando me va bien me da miendo". Necesitamos que nos vaya bien. Y hay caminos para lograrlo. Hay al menos cinco o seis motivos, nada anecdóticos, para ser moderadamente optimistas in ser necesariamente imbéciles.

El Varómetro.- José Ignacio Wert baja, o sube, no se sabe. Ese es su mérito. Jorge Fernández Díaz desciende un punto en la valoración popular con cada pote que se toma el etarra Bolinaga brindado por el PP. Ana Pastor tropieza por tierra y aire: con los concesionarios de autopistas y con Iberia. El hit de la semana, para Santiago Abascal: la España de todos.


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