A contratiempo

El programa de Rajoy: canas y trienios

La experiencia cotiza a la baja y la veteranía ya no es un grado. Es un fardo. Bobbio retrató a la perfección nuestros tiempos, en los que "el viejo se convierte en quien no sabe y el joven en el que sabe". Era grande ser joven. Ahora, más. En especial, si te dedicas a la política. Albert Rivera, quintaesencia de la 'nueva política', ya espetó que'la regeneración sólo pueden encabezarla en España personas que hayan nacido en democracia, porque no tienen 'mochilas' del pasado". Mochilas, o sea, fardos. La mitad de su partido, ya se dijo entonces, tendría que irse a casa. Gente mayor, prescindible, desechable.

Dicen que Rajoy, ha desdeñado sumarse al juego electoral de los debates televisivos por miedo a la 'brecha generacional'. El viejo y los niños, parecería ante las cámaras. El veterano presidente, maduro y casi antañón, frente a los jóvenes Iglesias, Rivera y Sánchez. Tío Gilito y sus tres sobrinos. Un inconveniente. Las cámaras son descaradas e impertinentes. No ocultan nada. Como Juan, su hijo menor,tan extremadamente sincero en su debut radiofónico al tachar de 'basura' los comentarios de un periodista. Le costó una colleja de antología. Rajoy tiene 60 años y su hijo 10. "Los chicos son máquinas de producir molestias. Los perros son mejores. Por de pronto, son adultos, decía Borges.

El derecho de mandar, apuntaba Aristóteles, corresponde a los jóvenes y hermosos. Basta con mirar las estatuas de los dioses. Rajoy, ni joven ni ostensiblemente hermoso, envía al plató a su vicepresidenta, que está en edad

Una distancia abismal

En estas generales se produce un hecho singular. Hay 20 años de diferencia entre quien ostenta el título y los tres aspirantes. Una incomodidad, de acuerdo con las normas del marketing. El derecho de mandar, apuntaba Aristóteles, corresponde a los jóvenes y hermosos. Basta con mirar las estatuas de los dioses. En esas estamos. Rajoy, ni joven ni ostensiblemente hermoso, envía al plató a su vicepresidenta, que está en edad.

El candidato del PP, que combate cada mañana la oxidación de sus bisagras con una hora de cinta y de elíptica (el rey de la elipsis) ha optado por sacar partido de esa desventaja y la ha convertido en baza electoral. Ha puesto en su afiche electoral sus canas, algo camufladas en la cabellera pero radiantes en la barba, y sus trienios. Es decir, el conocimiento frente a la bisoñez.

El programa electoral de su partido se asienta en tres puntales: la unidad de España, la recuperación económica y la defensa de los símbolos nacionales. Pero sus mensajes van a centrarse en su principal activo: la experiencia. Siempre resulta más útil lo que se ha vivido que lo que te han contado.

No cierra un sólo mitin sin antes recordar, calmadamente, el amateurismo de sus rivales, líderes de tertulia, improvisados, gente amateur, sin trayectoria, que no han manejado un presupuesto ni han sido concejales. Tras sacarse las oposiciones de registrador, empeño peliagudo, Rajoy empezó en política como diputado autonómico y fue luego concejal. Tenía 26 años. Desde entonces, ni un sólo día ha pasado sin coche oficial, despacho con mando, secretaria y cargo público. 

Esos valores en la tele apenas se aprecian. El ruido de la juventud resulta ensordecedor frente a cualquier argumento. Nada de debates, pues, salvo el institucional frente a Pedro Sánchez. Uno contra uno y basta. Pero es que la democracia es el intercambio de posturas, el cruce de argumentos, denuncian los apóstoles del show. Nada. En esos tres en raya, el campeón tiene mucho que perder; y los aspirantes, demasiado que ganar.

Las canas de la barba de Rajoy son un valor positivo para gran parte de la población española, de un envejecimiento pasmoso e irrefrenable. Ya andamos por los 42 años de media. En Turquía, por ejemplo no superan los 29. Rajoy da por perdidos a los votantes con menos de 40 años, pero quiere atar su nicho tradicional, mayor de 50 años, conservador, que valora una trayectoria y que huye de las sorpresas, que estima un buen currículum, respeta a Kant, desprecia la improvisación y le producen flato los eslóganes. Y que, al cabo, dice con Woody Allen: "¿Mi juventud? Puedes quedarte con ella".

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EL VARÓMETRO. Alsina ganó por goleada al 'Follonero' en el segundo debate Iglesias-Rivera. // Después de poner a caldo a Rajoy, el tertuliano calificó a Urkullu de 'gran hombre de Estado'. // El alcalde Ribó se cansó de pedalear. Viva el coche oficial. // A ese ejercicio periodístico habría que llamarlo 'maLipulación' // Se fue la Kirschner, que llegue pronto Tintori, gran dama. // Cruel venganza del independentismo catalán. Nos manda a Quicu al Congreso. Ensañamiento y sadismo.


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